.." y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es"

Cuando los seres humanos dejamos este mundo, más allá de como haya sido nuestra vida en lo personal, comenzamos a ocupara un lugar simbólico, lleno de misterios y compañía amorosa de Dios,  que nos alberga en Su Morada sin la negación de entrada al paraíso aunque nuestras faltas hayan adornado la mayor parte de nuestras vidas.

Podemos, si queremos,  ayornar la bienvenida con el juicio final o  hacer un  cara a cara con Dios donde no quedamos librados de ningún error que pudimos cometer. Sin embargo, el respeto por quien ya no está en este mundo es tan grande,  que nuestras almas empiezan a vislumbrar la tan esperada y difícil piedad hacia el prójimo que no solemos tener mientras tuvo una vida humana.

Podemos apreciar lo lindo que hizo, olvidamos lo desagradable,  justificamos los actos , tratamos con amor el deceso del cuerpo y pedimos que Dios lo tenga en la gloria.

Tal vez el gran interrogante sea preguntarnos por que motivo tenemos que "enterrar a los muertos" para reconocer una divinidad que subyace en quien partió hacia un rumbo desconocido pero donde, sin lugar a dudas, iremos todos.

Todos tenemos una misma fuente en común, una misma naturaleza innata y no obstante, cuando encarnamos,  pareciera que buscamos las diferencias que de una forma u otra, nos lleva a dejar o que nos dejen a un lado a quien piensa o siente diferente. 

Luchamos por tener la razón, permitimos sentirnos inofensivos y vamos tras la aprobación de quien creemos que le debemos nuestra existencia, Comenzamos a endiosar personas, instituciones, formas de vidas que sólo hacen al entorno de la forma,  pero no a la esencia de lo que somos. 

Dejamos que la mente ocupe un lugar más importante que el corazón y con banderas de conquista vamos pregonando ser los líderes de las masas que nos enseñaron a reunir y nos hacen creer una pseudounión en Dios cuando  ante la primera diferencia dejamos a un lado a un ser que tan sólo está también como nosotros en la búsqueda de Dios y fue tocando todas las puertas para encontrarlo. 

Ante lo que nos enseñaron, sumado a los miedos y sensibilidad de nuestra alma escondida nos manejamos con la razón que dictamina el lugar donde todos tenemos que estar cuando cada uno, a su modo puede elegir otro sitio sin por ello descalificarlo por no perseguir nuestros ideales.

Así es como nos vamos alejando cada vez más y desde la unión espiritual sólo existe un hilo de luz que nos enlaza a todos, pero que nos pone una barrera desde lo humano viendo separaciones donde no las hay.

El Todo que conformamos empieza a perder sustento cuando no podemos vernos reflejados en los demás porque nos remitimos  a buscar afinidades de gustos y deseos de posesión del ego que no quiere ceder posición , y sólo encuentra derrota cuando comienza a valorar lo que tiene después que lo perdió.

Ahora es el momento de reconocernos desde el alma aunque las diferencias en lo personal aún sean notorias. No olvidemos que estamos aprendiendo y no todos tenemos los mismos tiempos de asimilación pero, como sea , estamos en la escuela de la vida con un Ser Supremo que nos guía en cada etapa de aprendizaje. 

Dejemos de excusarnos , reconozcamos que todo lo que se ve distinto es porque se mira desde la razón y no desde el alma...

No queramos acotar y entender con la mente el mundo de Dios, sintamos sólo  la trascendencia y hagamos nuestra parte liberando, que del resto se encarga El...