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LAS SIETE PALABRAS - Séptima Palabra

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»



Soñamos, imaginamos, fuimos tras la búsqueda de un mundo mejor, amamos, entregamos, confiamos y aunque aún no veamos el Cielo plasmado en el Tierra , seguimos a la espera de la manifestación divina que no llegamos a vislumbrar en plenitud.

Hicimos un camino muy largo, con muchos escollos en el trayecto, supimos que teníamos que dejar la vida y soltarnos al vacío para saber que había detrás de tanto aprendizaje,  y aunque la luz sólo aparece intermitente ya ni siquiera  podemos pensar la posibilidad de volver atrás.

Reconocemos como funcionan las emociones y cómo los temperamentos nos marcan un carácter determinado y aún sabiendo que desde la óptica humana la clasificación encuadra con la terquedad y obstinación, seguimos queriendo dejar la vida a permitir que los pensamientos impongan a través de lo que sólo la razón puede ver.

Entregar la vida por amor es darnos cuenta que estamos muriendo y no obstante esperar que llegue el último suspiro de vida que haga desaparecer la inmensidad en la cuál creímos que estábamos insertos y seguir insistiendo que los únicos ojos que podemos utilizar son los del alma.

Nuestro aspecto humano pondrá en juego todas las emociones , nos marcará un declive que nos recordará que ya lo vivimos, pero el alma vuelve a entregar su sabiduría dentro de la densidad de lo que no es.

Cae la ilusión, cae el deseo y haciendo analogías nos transportamos al mundo de Jesús encarnado y su momento de cruxifixión.
Revivimos el instante donde le preguntan por la aparición Dios, Su Padre y la imposibilidad de Jesús de hacer una intervención que cambie el rumbo de los acontecimientos. 
Aún así, colgado de la cruz y con miedo se mantiene fiel a su alma, a su amor, a su entrega plena a lo desconocido.

Lo que sucedió después cada uno de nosotros tendrá su visión pero más allá de toda conjetura y análisis,   la redención es individual e intransferible por lo que podemos ayudar pero no vivir en el lugar del otro...

La libre elección nos pondrá ante el mundo en postura de juicios y cuestionamientos pero cada uno de nosotros sabemos, a través de la sabiduría del alma, por donde seguir el sendero aunque lo que hayamos visto hasta ahora parecieran que fueron sólo espejismos.

La propia verdad se forja desde el corazón , y equivocada o no, nos pertence y eso es más que suficiente para que tenga un valor real dentro del universo de Dios..

LAS SIETE PALABRAS - Sexta Palabra

«Todo está consumado»


Abrirse al mundo es tener una amplitud que genere la posibilidad de recibir desde diferentes aperturas de entendimiento lo que nos acerque más a nuestra propia verdad de paz y estabilidad.


Seguir experimentando sensaciones de frustración en cuanto a lo que suceda fuera de nosotros, nos ubica en tener que replantearnos cuál es el camino que nos llevará a fundir el arriba con el abajo,  intercambiando sutilezas con evidencias, lo material con lo etéreo,  y lo concreto y acotado con lo infinito del ser. 


Quizás haya que empezar por comprender que todo cambio auténtico no se genera de afuera hacia adentro, sino desde lo interno que, posteriormente y en algún momento,  se manifestará y materializará en lo externo, con el plus hermoso de sentir no sólo con nuestra alma, sino también con todos los sentidos humanos  que poseemos.


Esperar que las renovaciones vengan desde afuera, para intentar después que se vaya incorporando al interior,  es como dibujar la copa de los árboles sin un tronco firme que la sostenga. Tal vez habría que pensar que esos cambios que deseamos, no se están dando porque aún no podemos reflejar el adentro que necesita un poco más de firmeza y cimentación.


Aprendamos a mirar primero con el alma para luego mirar con los ojos, dejemos que el amor etéreo roce nuestro corazón y cada partícula de nuestro ser, para permitir que se instale firmemente sin  distinguir hacia quién va dirigido;  vibremos con el cuerpo de amor por  la presencia de Dios y todo lo que nos rodea para experimentar, cuando llegue el momento adecuado, cómo se siente ese amor eterno con otra vibración igual a nuestro cuerpo humano.


Dejémonos acariciar  dulcemente por la brisa de Dios , aceptemos Sus manifestaciones en todas las cosas para encontrar el valor sublime que significa tener a nuestro lado la persona que tanto deseamos y amamos.


Quizás no sea necesario tener que ver ángeles y guías dando vueltas alrededor nuestro para saber que están, abramos nuestros corazones y sintamos las esencias que conforman esos seres de amor que están para ayudarnos. 




Armemos primero nuestro mundo interior completo haciendo real cada anhelo que nos hace flotar, cada deseo que nuestro ser implora realización; sigamos amando como el primer día que es el pilar fundamental para nosotros mismos y nuestras relaciones. Dejemos de pensar que es utópico, fantasioso, aunque eso implique estar caratulado como soñador , permitamos que nuestra esencia pueda manifestarse como verdaderamente es y dejemos de ponerle trabas con  nuestra mente que condiciona y caratula como limitado lo que nos hace vibrar en la más alta sintonía de amor.




Y aunque quizás nunca lleguemos a  fundir el arriba y el abajo, lo interno con lo externo pongámosle flores a nuestra existencia , no vaya a ser que alguien, algún día , toque nuestra puerta y nos encuentre sin más sueños para compartir....

LAS SIETE PALABRAS - Quinta Palabra

«Tengo sed»



Adentrar en búsqueda de la trascendencia del ser humano como entidades únicas integrales que estamos conformados por cuerpo, mente y espíritu es aceptar la existencia de un Ser Superior llamado Dios, Inteligencia , Todo Universal  o como más se desee nominarlo para poder entender cada una de las facetas.




Podemos desde nuestra capacidad racional entender el funcionamiento del físico y nuestra naturaleza emocional y psicológica pero no podemos captar con total profundidad el aspecto espiritual del cuál hemos sido creados. 

Quien menos interrogantes en cuanto a nuestra  existencia tiene en la vida más simple es su tránsito por ella, con todos los sinsabores, dolores y alegrías comunes a todos pero sin ese plus complejo de la elevación a un Ser Creador.

Haber estado toda nuestra existencia por el sendero de lo racional y la formación necesaria para el crecimiento  con identidad nos enfrenta en algún momento de nuestras vidas con el tener que despojarnos de lo aprendido y adquirido, porque las herramientas que nos sirvieron para explicar muchos interrogantes comienzan a  carecer de eficiencia ante lo extremadamente espiritual.

Podemos desde nuestra mente tomar posturas, adquirir determinadas creencias y  elegir, pero el rol preponderante que tuvo siempre el análisis racional deja de tener su eficacia y se transforma en el  acompañante de nuestro sentir sutil que a menudo vamos perdiendo en nuestro trayecto de vida.

Cuando el canal a Dios está obstruido y esa luz infinita que sentimos traspasar amorosamente nuestra alma comienza a ser débil olvidamos quienes somos en realidad y dejamos de reconocernos. Así como estuvimos elevados así es como de pronto estamos descendiendo bruscamente quedando sólo resabios de lo hermosamente experimentado. 

Y ese amor que pareciera que va perdiendo su brillo va bajando su graduación y tinte hasta camuflarse de dolor  escondiendo nuevamente su esencia. Los extremos se hacen cada vez más notorios y desde esta dimensión comenzamos la distinción de dolor-amor como si 
fueran cosas diferentes.

Jesús siempre fue Amor, Su Calvario interpretado como dolor fue en realidad mayor o menor saturación del amor.Son las variantes del amor y todo lo que lo conforma .

Una vez hice referencia  a los colores y mencioné que todos ellos que conforman el espectro, aquellos que vemos y los que no,  forman en definitiva una sola cosa que es la luz blanca o sea que, si descomponemos la luz,  vamos a ver que se forman todos los colores del arco iris y gracias a esa  condición podemos apreciar cada uno de sus matices .
El color en realidad no existe,  es una ilusión óptica el poder verlo ya que por una disposición de los organos visuales y  propiedades físcicas de la luz podemos percibirlos  pero en realidad no existen como esencia.

Así me parece que es nuestra vida, podemos ver dolor, alegría, tristeza, entusiasmo, desgano pero en realidad no es más que una ilusión necesaria para aprender y vernos a nosotros mismos en nuestra real magnitud. Porque así como el aprendizaje  nos lleva por caminos densos fluctuantes así es la necesidad de saltar la Gran Ultima  Prueba que Dios nos da donde los caminos conducen a un único sentido: LA CONFIANZA HACIA EL.
Soltar de las manos lo que aún no pudimos es el obstáculo que nos pondrá al límite de nuestras capacidades y emociones humanas.
La confianza en Dios no creo que sea suficiente con sólo  decirlo o autoconvencerse que creemos en un Dios que todo lo puede si no dejamos la última gota de entrega soportando las persistentes sensaciones de fracaso que no entendemos. 

Confiar es quedarse expuesto y desprovistos de los escudos y defensas que nos cobijó en muchas ocasiones de nuestras vidas junto con el no saber qué vamos a encontrar cuando soltemos lo fuertemente amarrado. No todos estamos dispuestos a la entrega total pero creo que estar definitivamente en El no es la renuncia de lo que amamos o deseamos sino de esa ilusión óptica que hace que veamos colores cuando en realidad la vida está conformada por UNA LUZ BLANCA BRILLANTE GRANDIOSA DE DIOS CAPAZ DE DESCOMPONERSE Y CREAR LA ILUSIÓN PARA  QUE PODAMOS EXPERIMENTAR Y APRENDER A TRAVÉS DE SUS COLORES. 

LAS SIETE PALABRAS - Cuarta Palabra

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»



Experimentamos que se siente vibrar con un Ser Superior que todo lo puede, estremecernos de amor y armonía con nuestro ser y con los demás, tener la mirada piadosa de Dios que puede mirar el Universo pleno sin abrir juicios y aunque pareciera que la paz colme nuestra unidad caemos en una meseta que nos indica un alto en el camino para rever.

Y sin quererlo ni desearlo miramos alrededor , entramos en nuestra intimidad del alma y lo que sentimos dista mucho de lo que hasta hace pocos momentos colmaba de felicidad todos los sentidos.

Comenzamos a transitar una vida sin Dios ni ilusiones que llene nuestra vida de flores aromáticas y,  perdidos, con angustia y desazón,  nos preguntamos que nos pasó, que provocó el derrumbe de lo que estaba en nuestra esencia.

Formamos parte del mundo, del tumultuoso vivir cotidiano y no podemos dejar de cuestionarnos donde está la divergencia entre lo que sentimos, vemos, actuamos y dejamos ser. Observamos a quien está al lado y se nos abre el interrogante de como haremos para vivir como ellos, de donde encontraremos la satisfacción en este plano que carece de la espiritualidad que  existe pero que no puede ser plasmada.

Y ahí nos damos cuenta que somos uno más y que la diferencia radica en los vaivenes de la mente que seguirán un modo de vida acorde a las necesidades o desconocimientos.
Aferrados a creencias, siendo interlocutores, en un campo, en la gran ciudad, en el templo todos siguen el rebaño que es guiado por lo que a su mismo líder le enseñaron. Perdemos la capacidad de pensar y nos transformamos en el personaje del ventrílocuo donde hablan por nosotros y nos indican el rol a cumplir.

Estamos tan convencidos que somos lo que nos dijeron que toda luz diferente nos aterroriza al punto de descartar una nueva vida que nos colme de la paz y amor que en el interior anhelamos tan fervientemente .

Sin embargo, podemos estar en la transición de no creer lo que antes pensábamos, de cuestionar nuestros propias creencias pero que no implican escuchar las voces de quien solo tiene que hacer su propio camino y dejar de sentirse que es la voz de Dios para los demás.

Con crisis, con tristezas, con desencantos o desilusiones, la espiritualidad es propia y nada más que nuestro corazón puede indicar por donde seguir el camino que  llevará a la paz buscada a través de los medios obsoletos que indican una sumatoria de pensamientos forzados y no de corazones aunados.

Podemos dejar de creer en un Ser Superior si es lo que deseamos, podemos sentirnos lejos de esa vibración que nos dio tanto pero que se evaporó al compás de las emociones, pero no podemos negarnos a nosotros mismos en la condición humana y espiritual que tenemos desde el nacimiento.

Y aunque no entendamos lo que nos sucede , no busquemos respuestas afuera porque si no son desde lo más recóndito desaparecerán tan fugazmente como aparecieron porque carecen de la consistencia de lo plasmado del Cielo a la Tierra por ser armado desde el ego de los hombres.

Dejemos de reclamarle a un Dios de afuera, a una institución o persona , busquemos encontranos nuevamente con nosotros mismos y con la mayor piedad preguntémonos que nos causa la tristeza y desolación que emerge desde lo que tenía todo el brillo propio.

Tengámonos paciencia, miremos como lloramos , amemos lo que nos duele, acariciemos los pensamientos que no paran de ir para todos lados, comprendamos nuestra naturaleza humana..

..si no existe un "Dios" que nos cubra con su amor , cubrámonos nosotros mismos de ese amor que ya conocemos y que nos elevó a lo más trascendental de nuestras vidas..

..quizás., cuando podamos amarnos como merecemos, haga su intervención "ese Dios" que jugó a las escondidas a la espera de que terminemos nuestros aprendizaje y podamos  , con todo el brillo que nos recubre, volver a Casa..




LAS SIETE PALABRAS - Tercera Palabra

«Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Juan, ahí tienes a tu madre» 



Cuando vamos transitando la vida adquiriendo conocimientos e incorporando lo que nos enseñan para asimilarlo,  nos encontramos que, en algún momento , nuestro ser ya no puede tomar como real, autoritario y excluyente lo que se presenta fortuitamente y en ese encuentro de lo externo con lo interno es donde se genera el movimiento solicitado por nuestra esencia para hacer un  alto y observar . 

Cuando somos niños existe una condición necesaria donde  la información que nos llega tiene que incorporarse a nuestra identidad para  formarnos como personas moralmente estables y apropiadas a un sociedad  , sin embargo , una vez recorrido el camino básico es fundamental terminar de realizar el resto del tramo con nuestra propia percepción de la realidad que armamos sin restricciones  en cuanto a los ideales apropiados.

Si dentro de nuestras inquietudes, ansias y agitación se va forjando un sendero espiritual que tomó en su principio una formación religiosa o creencia determinada cabría preguntarse como se condice ahora, ante la unidad que sabemos que somos y su auténtica sabiduría interior, con los referentes divinos que tanta conmoción nos generó al contemplar y vivenciar sus vidas.

Poder reubicar y resignificar la celebridad llamado maestro, gurú, avatar dentro de nuestra creencias es poder amplificar el campo de lo finito y la forma que nos condicionó a una visión quizás cierta pero incompleta de la esencia de esas personas que han dado tanto para nuestro aprendizaje y crecimiento interior.

Si partimos por entender que la naturaleza de esos grandes maestros fue tan humana como la nuestra es indudable que podríamos comenzar por dejar de darle el dote de divinidad como algo personal y exclusivo al cuál nosotros no podremos llegar nunca. No olvidemos que lo que la historia nos cuenta es la transcripción e interpretación de hechos narrados en los cuáles pudo haber cierta objetividad o subjetividad al momento de plasmarlo y que,  en definitiva puede llevar que la esencia se pierde a medida que va siendo cada vez más manipulado.

 Cuando la emisión sufre por el camino descargas quizás muy emocionales que son tomadas desde ciertos ángulos correspondiente a distintos grupos formados que hacen de la divinidad su propia interpretación ,  el optar por esa creencia no marca más que una mayor representación de nuestro interior que se refleja en esa certidumbre pero que no hace arbitraria su lectura y análisis.

Sin embargo, elevarnos por sobre el mundo de la forma nos da la posibilidad de poder ver todo y a su vez no ver nada pero no como actitud escéptica sino como la nueva visión de nuestro interior que no necesita de intermediarios para hacer conexión directa con la fuente.
Aún así, si  seguimos viendo que la vida es una escuela de aprendizajes entenderíamos por que existen tantas religiones sumamente hermosas y profundas que nos dan lo que al momento necesitamos. Quizás por eso no cabría descalificar alguna  sólo porque no coincide con nuestra visión porque cada una tiene su propia sabiduría adecuada a quien desea incorporarla a su vida para enriquecerse. No obstante si no mantenemos la cordura y equilibrio de lo que vemos y sentimos es probable que nos agarre un "surmenage" místico que nos decoloque y nos sintamos indignos de parecernos a la deidad o nos armemos un rol con superpoderes donde manejamos como dioses humanos todos los aspectos inherentes a esa creencia para el bien propio egocéntrico.

Todos estamos aprendiendo, todos cursamos niveles en la escuela de vida que nos marcará una forma diferente de ver la realidad en la cuál estamos insertos y dejar que cada uno siga su propio ritmo y tiempos es la sabiduría que no la enseña nadie sino que viene dentro nuestro como tesoro de Dios.

El amor es el denominador comun entre todos, algunos en forma consciente, otro inconsciente pero lo que nos une inexorablemente desde la aceptación y la incondicionalidad.

 El mito de los grandes maestros es real y no porque nuestras ideas mundanas interviniesen sino porque podemos experimentarlo con una conexión directa con ellos si dejamos de lado lo que nos limita y aleja a unos de otros. Porque paradójicamente esa quimera tomó cuerpo cuando pudimos verlo y sentirlo con su condición humana y su lucha de búsqueda de su propia realidad interior. 

Esos referentes hermosos tienen un nombre en el mundo de la forma pero ninguno en la morada de Dios, están para que los veamos porque se expresaron desde lo físico pero si no trascendemos el rótulo que el mismo hombre le asignó es probable que sigamos cuestionando y discutiendo en que lugar deberían estar.

Dejemos que la manifestación llegue a nuestro corazón y que pueda resignificarse de adentro para afuera dejando todo prejuicio e imposiciones de lado y sintiendo que brillan por lo que ES y no por lo que hicieron.

Dijo Dios YO SOY EL QUE SOY , interpretemos esas palabras con la amplitud mental primero para posteriormente dejar fluir ese amor en nuestro corazones que no juzgan ni dictaminan la forma en que cada uno se acerca a su propia redención.

LAS SIETE PALABRAS - Segunda Palabra

«De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso»



Cuando todavía seguimos sin entender con mucha claridad los vaivenes emocionales, las penas que aparecen nuevamente cuando creíamos tenerlas superadas y el aliento sin parar continúa siendo el esfuerzo más grande para comprender , es probable que necesitemos  remitimos al principio y volver a hacer otro raconto para preguntarnos qué parte aún no entendimos de la escuela de la vida.

Nuestras acotaciones humanas, sumadas a las sensaciones propias del ser humano y las fluctuaciones inherentes a los estados emocionales nos recuerdan siempre que quizás no haya un lugar a donde llegar pero sí , quizás encontrar el remanso necesario para quedarse descansando más tiempo del que solemos estar.

Mirar el propio camino es la sabiduría de no hacerse cargo de lo que hace quien esté al lado y respetar su propia voluntad de hacer o no hacer para su vida, es lo que no podemos perder como perspectiva importante para entender que si bien somos parte del universo de Dios no dejamos de conformar unidades integrales que tenemos que brillar por propia certeza y saberes para  juntos crear la gran Iluminación del Reino del Cielo en la Tierra.

Cuando vamos aprendiendo vamos acorde a la apertura que la conciencia va  adquiriendo y al acercamos a nuestra propia verdad, aunque sea diferente a la de los demás tiene , al igual que todas , tiene su valor en el mundo de Dios.

Por mucho, por poco, por conocimiento o desconocimiento formamos una visión que es tan íntima como fuerte si surge del corazón y aunque sintamos estar aún deslizándonos perdidamente en conceptos abstractos que aún no entendemos,  la medida del  Dios individual de cada uno en quizás leve concordancia con el otro, será lo que fugazmente nos una desde esta dimensión aún endeble y carente de firmeza íntegra.

Pretender unir las creencias es una tarea que es probable que nos deje con cierta sensación de impotencia porque no podemos aunar pensamientos y acciones entre todos los seres humanos que eligen recorrer su propio camino de formas variadas  y mientras tengamos libre albedrío cada uno hará su propio Ser Superior basado en formas, sentimientos, saberes, imaginaciones, suposiciones  o lo que el ser sienta incorporar a su unidad.

Ahora, si Dios se manifiesta de todas las maneras posibles,  podamos afirmar cuál fue la expresión que tuvo hacia nosotros porque lo lo vibramos desde la esencia del alma pero sin embargo , tendriamos que observar que pensamiento se escapa y subyace de lo que pareciera ser una voluntad divina.

Cabría preguntarse que sucede con los altibajos, con la cansadora resignación que pareciera q siempre tenemos que tener, con la aceptación cruel de que la vida es tan sólo un camino de espinas, y volver a analizar, ya como unidad que somos, qué percepción estamos teniendo de lo que vivir y si no estaremos equivocando el camino haciendo categórico lo que no lo es.

Hay quienes nos adaptamos a un Dios en particular, otros  creemos lo que suponen los demás, otros  sentimos tanta espiritualidad que nos desaferramos a ponerle nombre y otros que sentimos y amamos tanto que  no podemos entender que este Dios que habita en nosotros sea el que nos dio la vida desde los orígenes y no nos ayude a hacer fluir el adentro con el afuera  con la Gracia como portadora de algo más que pequeños  momentos.

Y nuevamente el desconocimiento es lo que trae el dolor de no entender, de no saber en que Dios creemos.

Si tenemos que armonizar cuerpo, mente y alma no podemos quedarnos solo en las esferas de lo etereo creyendo en lo magnífico  que no puede plasmarse en esta faceta y si nos seguimos mirando interiormente vemos todo lo que aún queda por aprender y no sabemos como congeniar ese arriba y abajo.

No obstante, y a pesar de todo el camino recorrido existe un Dios Unico para todos que podemos compartir, soñar, amar: el Dios de la Paz, el que nos moviliza internamente a pesar de las emociones fluctuantes, el que no juzga ni genera expectativas, el que no espera  milagros sin hacer nada ni haciendo todo, el que siente la tranquilidad interna aunque los mares muevan todo lo que está alrededor, el que entiende que no tenemos por que ser infelices pero que tampoco podemos manejar por experiencia y sacrificio la propia felicidad.

No tiene nombre, no es de aquí ni de allá, se lo siente en todos lados y en ningún lugar a la vez, pero sabemos que permanece VIVO en nosotros porque podemos ir en PAZ aunque todo esté descalibrado externamente.

El amor y la paz no traen dolor y si todavía aparece es porque estamos tras el Dios que seguimos armando con la mente. Si no tenemos deuda con nadie, si tampoco nos deben rendir cuentas es porque ya somos LIBRES y puede hacer Su Aparición el Dios Unico que todos tenemos que está traducido en  LIBERTAD , AMOR y  PAZ  que reina en el corazón de todos los hombres sin distinciones.

No confundamos los estados emocionales con lo que somos. La alegría es un emoción hermosa que tiene una vibración tan elevada que no podemos mantenerla demasiado tiempo en una misma frecuencia pero al transformarla en calma y quietud comienza a conformar el  remanso de estar en el lugar correcto sin expectativas sobre lo que hacemos o tenemos que dejar de hacer.

No nos engañemos con rótulos de sociables, felices, decepcionables, huraño, esas son características que acorde a la mente , el entorno y la característica a cumplir será adaptada o no a las circunstancias sin saber con certeza si  quien esté al lado con determinadas características , sea un ser que verdaderamente encontró a Dios porque solo en su interior, en su privacidad de pensamientos, acciones y sentimientos sabrá hasta donde la apariencia juega un rol fundamental y la esencia un rol secundario.

Quizás por eso que la libertad de poder decir no tengo formas ni maneras en particular,  es la que nos alejará una vez más de la rejas de los calificativos y arbitrariedades que nos traicionaron tanto tiempo a lo largo de nuestras vidas.

Dios no es ni bueno ni malo, ni alegre ni triste , ni sol ni oscuridad , Dios ES , y es la paz que reina en los corazones cuando no tenemos que cumplir ya con ningún mandato social, cultural o religioso.

Ese Dios es Único  para todos y si algún día nos podemos mirar sin disfraces ni máscaras que nos armen la sonrisa o el llanto, es probable que ahí sí podamos unirmos para Vislumbrar en una sola Unidad El Amor de Dios en cada uno de nosotros para fusionarnos en el Todo que dio origen a nuestra existencia.

LAS SIETE PALABRAS - Primera Palabra

«Padre, Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»


En nuestro camino de vuelta de resignificaciones aprendimos a no juzgar, a comprender que nadie lleva impreso el código de maldad sino el del desconocimiento pero sin embargo, lo que nos llega como accionar externo fortuito o premeditado no puede ser justificado por más condescendencia que intentamos poseer hacia el otro.

Si partimos por aceptar que cada uno en particular somos los responsables exclusivos de nuestros actos también cabría observar que la incomprensión no mitiga el dolor  cuando sin piedad se va por la vida sin una empatía que  modifique mínimamente lo que no alcanzamos a ver en su totalidad. 

Podemos desear ir ayudando a quienes  no lo pidan pero como seres  en crecimiento que somos podemos requerir asimismo una mirada piadosa que no nos haga sentir tan solos humanamente pudiendo compartir al menos instantes de nuestro peregrinar. 

Si observamos en la historia los referentes que permanecieron en la búsqueda de la trascendencia, nos encontramos con alguien como Jesús que, en su condición humana mantuvo un espíritu libre y desapegado a lo material y  sin embargo pidió a sus discípulos que velen con El mientras oraba en el monte. Cuando sus más fieles servidores no pudieron acompañarlo ni siquiera por unas horas,  el desconcierto humano lo llevó a tener que adquirir la templanza de lo inevitable , su propia muerte sin que nadie se haya movido o reaccionado  para impedirlo.

Si hacemos una analogía con nuestras vidas tendríamos que preguntarnos quiénes nos crucificaron  ni tuvieron piedad ante la entrega de amor y padecimiento del sufrimiento pero no para arremeter   con venganza o rencor sino para terminar de comprender que no venimos a salvarnos sino a amarnos.

Intentar salvar al otro de la propia desdicha , sobre todo cuando ni siquiera se percató de su condición,  es pretender que alguien guíe nuestros pasos cuando el único caminante somos nosotros mismos. No obstante, necesitar que nos tengan piedad no significa que hagamos de ese acto la redención de nuestra propia alma sino entender que, como seres sociables que vivimos relacionándonos permanentemente, solicitamos sólo un poco del amor que manifestamos para poder hacer recíproco lo que sale del interior de nuestra esencia. 

Quizás comprender que cada uno necesita transitar su propio camino sea la liberación que algunas veces requerimos los que sentimos que tenemos que salvar el mundo. Captando e interpretando los mensajes y hechos sucedidos a lo largo de la historia, tal vez podamos ubicarnos ante las premisas que nos hacen ver que la ayuda sólo viene después de la muerte como le sucedió a Jesús. 

Las propias muertes simbólicas denotan un sendero particular y exclusivo en cada uno, y pretender imponer nuestros saberes personales en un recorrido que no tenga un momento adecuado para poder implementar,  es movilizar un propio dolor interno de impotencia y desaires.

No venimos a salvar el mundo sino a amarlo y lo mejor que podemos hacer mientras transitamos la vida es amarnos mutuamente. El amor auténtico, genuino, que no discrimina ni tiene forma  puede mucho más que todas las palabras del mundo  y la caricia de piedad hacia el otro es el que nos mantendrá vivos aunque veamos que todos los camino están bifurcados y no podamos encontrarnos.