Soñamos, imaginamos, fuimos tras la búsqueda de un mundo mejor, amamos, entregamos, confiamos y aunque aún no veamos el Cielo plasmado en el Tierra , seguimos a la espera de la manifestación divina que no llegamos a vislumbrar en plenitud.
Hicimos un camino muy largo, con muchos escollos en el trayecto, supimos que teníamos que dejar la vida y soltarnos al vacío para saber que había detrás de tanto aprendizaje, y aunque la luz sólo aparece intermitente ya ni siquiera podemos pensar la posibilidad de volver atrás.
Reconocemos como funcionan las emociones y cómo los temperamentos nos marcan un carácter determinado y aún sabiendo que desde la óptica humana la clasificación encuadra con la terquedad y obstinación, seguimos queriendo dejar la vida a permitir que los pensamientos impongan a través de lo que sólo la razón puede ver.
Entregar la vida por amor es darnos cuenta que estamos muriendo y no obstante esperar que llegue el último suspiro de vida que haga desaparecer la inmensidad en la cuál creímos que estábamos insertos y seguir insistiendo que los únicos ojos que podemos utilizar son los del alma.
Nuestro aspecto humano pondrá en juego todas las emociones , nos marcará un declive que nos recordará que ya lo vivimos, pero el alma vuelve a entregar su sabiduría dentro de la densidad de lo que no es.
Cae la ilusión, cae el deseo y haciendo analogías nos transportamos al mundo de Jesús encarnado y su momento de cruxifixión.
Revivimos el instante donde le preguntan por la aparición Dios, Su Padre y la imposibilidad de Jesús de hacer una intervención que cambie el rumbo de los acontecimientos.
Aún así, colgado de la cruz y con miedo se mantiene fiel a su alma, a su amor, a su entrega plena a lo desconocido.
Lo que sucedió después cada uno de nosotros tendrá su visión pero más allá de toda conjetura y análisis, la redención es individual e intransferible por lo que podemos ayudar pero no vivir en el lugar del otro...
La libre elección nos pondrá ante el mundo en postura de juicios y cuestionamientos pero cada uno de nosotros sabemos, a través de la sabiduría del alma, por donde seguir el sendero aunque lo que hayamos visto hasta ahora parecieran que fueron sólo espejismos.
La propia verdad se forja desde el corazón , y equivocada o no, nos pertence y eso es más que suficiente para que tenga un valor real dentro del universo de Dios..
