Nos hicimos chiquitos, luego grandes, tomamos el camino derecho y luego el inverso, subimos la montaña y luego la bajamos, tomamos el sendero más corto para hacer luego el más largo, tropezamos y nos levantamos para continuar, nos quedamos a descansar otras veces pero en todas las ocasiones fuimos tras la luz que nos marcó la dirección a seguir.
Pero al acercarnos al remanso no vimos nada, y lo que de lejos parecía una manifestación de Dios resultó ser sólo espejismos que nuestros ojos vieron .
Agotados de andar dejamos toda carga que nos implicase mayor fuerza para hacer y livianos de equipaje buscamos tomar del agua de la vida que nos purifique pero, al llegar , lo que parecía manantial de frescura , sólo fue otro espejismo que engañó nuestra visión.
Renunciamos a todo por amor, confiamos en el llamado de la pasión que nos vibró cuerpo, mente y alma, y cuando creímos tocar el objeto amado nos dimos cuenta que fue sólo un espejismo, y que la imagen reflejada no contenía materialidad.
Buscamos traer el Cielo a la Tierra, llenar de flores el universo de Dios , el arriba plasmarlo en el abajo, el interior en el exterior y cuando quisimos tocar el Cielo con las manos nos dimos cuenta que era sólo un espejismo y que no pudimos manifestar nuestros deseos más fervientes sobre la faz de la tierra.
Desanimados, con lágrimas esencialmente humanas miramos para atrás y no vimos nada, no había indicios que nos indique que algo pasó por allí y que captara nuestra atención como para volver y nos encontramos en el punto medio de no ver el pasado y entender que el futuro son sólo espejismos.
Y en el ahora que existe, donde el cuerpo , mente y alma plasman el momento nos encontramos nuevamente nosotros con nosotros mismos, sin pasado ni futuro, sin nada por sanar ni nada por proyectar.
Y aunque las emociones nos marquen tristeza, agobio y penas, somos ésto, y no hay lugar donde llegar más que a la aceptación de uno mismo en todas sus variantes mentales y espirituales. Riendo, llorando, cayendo, levantándonos, con las sombras momentáneas y los futuros inciertos, somos una estrella en el firmamento de Dios que nunca se corrió de lugar a pesar del largo camino recorrido.
Con poco o mucho brillo estamos, existimos, ocupamos un lugar en el universo y, junto a nosotros, hay muchas estrellas más que aún están viendo hacia donde ir cuando la única misión que tenemos es la de SER para iluminarnos a nosotros mismos y a todos los que deseen encontrar la luz de Dios que le indique la vuelta a Casa de la sabiduría y amor que nunca salió de su origen...
