A menudo nos sucede que vamos tras una meta , un logro que pueda darnos la estabilidad que necesitamos pero, para poder encauzarlo de la manera en que creemos como más satisfactorio tenemos que ir saltando escollos que aparecerán una y otra vez en el camino como pruebas de obstáculos a nuestro recorrido.
La lucha y garra por salir airoso de la defensa que hacemos para resguardar el tesoro impecable que pensamos tener y se encuentra más arraigado en la mente que en el corazón, nos obnibula tanto que nos hace perder el aspecto objetivo de vernos arremetiendo sin importar lo que afectamos y que toca consciente o inconscientemente a quien está la lado.
Nos creemos con el derecho de afianzarnos en nuestro proyecto de vida y no interesa que le suceda a quien no le gusta o se siente dañado por nuestras acciones arbitrarias y categóricamente cerradas que van en pos del bienestar propio.
Si partimos por entender que no podemos ni debemos hacernos responsables de lo que al otro puede no agradarle, es factible que nuestro rumbo tenga que seguir sin condescendencias ni miramientos al sufrimiento ajena , ahora, si tenemos una mínima empatía de sentir lo que puede la otra persona estar experimentando por nuestras actitudes frías y egoístas tomadas en base a un irrisorio sistema de creencias limitadas de un grupo que dice tener la razón , es indudable que estamos más ante una clara incapacidad de poder observar el mundo al pertenecemos como sumatorias de un Todo y no como decisiones aisladas que ignoran el entorno y las personas diferentes a nuestra visión de vida.
Venimos a hacer nuestro camino individual pero no venimos a vivir para seleccionar y armar bandos de buenos ni malos, apropiados e inapropiados porque sin duda, si no alcanzamos a mirar más allá lo que dijeron los grandes maestros que decimos tener como referentes nos quedaremos enfrascados en palabras escritas formalmente sobre un libro sin observar que pasa detrás de la rigidez y soberana manera de captar la vida.
No venimos agradar a todos, pero sí quizás estamos para lograr armonías, y buen entendimiento de diálogos y respetuosas formas de decir lo que pensamos y sentimos. El sistema en el cuál estamos insertos necesita también del cuidado y protección de lo que decimos y hacemos porque quebrar un sólo integrante de lo que conforma nuestra morada hará el desequilibrio más notorio aún y comenzará a generar el efecto dominó del cuál lamentablemente estamos acostumbrados cotidianamente.
Sigamos buscando la sabiduría y la sanación de lo que no ocupa terrenalmente lugar propicio y si bien la premisa fundamental es el miramiento hacia nuestro interior, no perdamos la perspectiva de que estamos interactuando con un medio donde nuestros accionares modificarán de una forma determinada el entorno global circundante.
Quizás llegó el momento de bajar sólo por un momento esos ideales que tanto perseguimos y nos pongamos en tesituras más humanas básicas de respeto y condescendencia hacia quien no tuvo intención de daño aunque podamos haberlo sentido así. Ampliemos la mirada y observemos más rigurosamente porque todo sentimiento que emerja de nuestro interior hacia ese estímulo por más que esté dirigido hacia afuera nos pertenece y si comprendemos que no hace falta ser egoísta para afianzarnos en nuestro ser, también vamos a poder vislumbrar lo que Jesús una vez dijo que le haríamos con sólo tener una actitud diferente hacia alguno de quienes estuviesen alrededor.
La sabiduría es propia cuando podemos menciontar el equilibrio interno entre el hacer y sentir pero la sabiduría universal está en esa estabilidad de la esencia interactuando en el medio al cuál pertenecemos como seres humanos.
Si alguna vez llega el momento en poder tener la capacidad de albergar no solo nuestra divinidad sino también la de todos , es probable que ya no tengamos que utilizar la razón para comprender como funciona el mundo sino que será natural, propio e innato mirarnos puramente sin sentir que la vida nos está reclamando algo o que le estamos debiendo lo que dejamos de hacer .
Ida y vuelta, interior- exterior, arriba- abajo , no estamos solos en el mundo y aunque decidamos hacer de nuestra vida una santuario sagrado de devoción, el ser selectivo en cuanto a quien entrará o no, generará un desequilibrio y desarmonía que puede no importarnos pero que inevitablemente incidirá sobre el mundo de Dios que decimos venir a unir con igualdad.
Sigamos aprendiendo y mirando lo que nos hace sentir seguros pero mientras insistamos en justificar los medios tomados para llegar a un fin que sólo redunda en beneficio propio y a un selectivo grupo de personas seguiremos acotando un mundo enorme en las paredes que nosotros mismos forjamos para fortalecernos.
De igual modo, es probable que la vida misma nos haga notar en algún momento que nada era tan categórico como creíamos pero, al advertirlo,es posible también que miremos para atrás y no sólo observemos nuestra limitación, sino también el haber dejado afectado lo que arrasamos sin condescendencia cuando orgullosos llevamos la bandera de colonización del universo humano de las distinciones y diferencias.
Si es tarde o no sólo lo determinará Dios con su inagotable paciencia de vernos y esperarnos a que de una vez por todas podamos despertar del sueño de lo que pensamos que somos para comenzar a brillar por lo que tenemos innato que no necesita demostraciones propias ni ajenas para llegar a ser ni sentirse verdaderamente por lo que es y no por lo que hace..
