"La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre, que me ha enviado."

Cuando comenzamos la escuela de la vida podemos, si es necesario,  faltar, sólo ser oyentes o postergarlo pero, si no continuamos con la tarea de aprendizaje nos vamos a quedar en la mitad del camino porque lo hecho hasta acá, aunque no se vea o no lo queramos ver , está en algún lugar  de nosotros.

Equilibrio, templanza, imparcialidad, reconocimiento, libertad, amor incondicional, sabiduría, paz, forman parte de algunos de los objetivos.

Si ayer morimos una vez más, hoy tenemos que retomar porque El nos espera.

Muchas veces creemos que ya estamos en Su Paz y no nos damos cuenta que en realidad estamos a medias , con una parte nuestra, porque la otra está perdida tratando de encontrar aún el camino.

Esa faceta que trae tristeza, tensión, dudas es la que aún no pudo fundirse con el alma en plenitud y si no está iluminada nos supera y olvidamos quienes somos en realidad.

Entrando en tema hoy nos vamos a referir al disfraz que nos ponemos para andar por la vida para que no nos reconozcan.

Estamos acostumbrados , por falta de mecanismos propios eficaces , de ocultar nuestra verdadera identidad por temor a que nos dañen, no nos acepten o nos juzguen.

En realidad ya de niños tenemos que armarnos de algún camuflaje para poder sobrevivir al medio porque las reglas impuestas nos indican el modelo  a seguir y los cánones de belleza física y mental que debemos perseguir para llegar a la meta.

Así es como nos fuimos perdiendo de grandes, al no haber liberado a tiempo esas estructuras.

Lógicamente que el disfraz que nos pongamos tendrá que ver con lo que nos impusimos como propio que responda a ese ideal ya sea nuestro o ajeno. Una vez que nos ponemos esa vestidura no queremos sacarla bajo ningún punto de vista porque estamos cómodos, nos gusta, nos hace sentir bien, está viejita, gastada pero la amamos. Es algo así como estar de “entre casa” , distendidos, donde nadie nos ve.

Como la vida requiere de muchas facetas nuestras al interactuar con el mundo, nos sacamos ese disfraz y nos ponemos el de trabajador, competente, capaz, llevamos el arma que nos defienda , acompañe, vamos al rodeo  y al terminar el día llegamos a casa , nos desinflamos, y volvemos a nuestro querido disfraz de comodidad.

Otras veces nos ponemos la vestimenta correspondiente a ser buen novio, nos vestimos con lo mejor, nos ponemos perfume , nos peluqueamos bien , llevamos el escudo  y a la aventura del amor. No olvidamos repasar como tenemos que ser para agradar e intentamos que nada escape a nosotros, que no perdamos el control de ninguna situación porque nos desestabiliza mal.

Es de entender que cuando llegamos a nuestra ropita viejita ya estamos exhaustos y ponernos las chancletas nos reconforta como si hubiéramos ganado un gran premio.

Ahora, es necesario cambiar de disfraz todo el tiempo?

- Y claro, cómo no, vivimos en una “jungla” y si no nos vestimos adecuadamente nos pasan por encima.

- Qué pasaría si sólo me pongo la ropa que me va a caracterizar como buen trabajador, buen novio, buen estudiante pero dentro conservo la misma esencia?

 -Pero eso significaría mostrarme como soy y quedo vulnerable.

- Si? Si tengo que ponerme el disfraz del mejor empleado, el buen esposo, el fiel servidor no va a importar, si con ello , no queda mi esencia perdida en el camino. Si sacarme un traje y ponerme otro me tensa es porque no estoy siendo yo en realidad y las fluctuaciones de tener que esmerarme para que nada se salga de control me debilitan y corro el riesgo de querer estar de entre casa siempre y ya no salir más .

Somos los actores de la escuela de la vida que con cada disfraz podemos hacer algo diferente, enriquecernos, sin por ello creer que somos eso que representamos.

Soy profesional, carpintero, modista, empresario? Claro que sí, pero no me condiciona para ser lo que verdaderamente soy , porque no me encuentra teniendo que estar alerta todo el tiempo por si algo se escapa de mi control. Mi intelecto puede dedicarse al trabajo, a la labor que tengo que realizar pero no quedo aprisionada en mi rol y no condiciona mi libertad en lo que me pertenece por esencia de Dios.

No me turbo, no me tenso, no escapo y no me juzgo y si en algún momento requerí de ese difraz para acompañar la vida , puedo intentar ver si algún otro me entra porque no me voy a perder en la forma del afuera mientras mi vida interior esté con El por siempre...