Como partes del todo que conformamos ya no podemos seguir
disgregados por miedo ante las apariencias que creemos que nos juzgarán
, sino que, para poder concordar nuestros estados armónicos requerimos de
acompañar la Unidad
que somos desde la integración de nuestro cuerpo , mente y espíritu en
conjunto.
Tuvimos mucho temor, necesitamos seguir camuflados hasta
sentirnos seguros y dar el gran paso que no determine una decisión aislada
marcando un cambio sino la expresión del Ser que nos llevará hacia su
manifestación en los más altos niveles de amor y realización.
Ya no necesitamos imágenes, bastones, libros ni que nos
digan que hacer porque aprendimos a deshacer los límites del sufrimiento
impuestos por la mente y escuchamos el palpitar del corazón al
unísono con la plenitud liberadora de Dios.
No hay temor por vencer, ni sentimientos de vergüenza que
tengamos que acarrear, sólo hay una amplitud que no diferencia a los seres
humanos ni al amor mismo. Ya no hay laberintos que recorrer, ni traición
ficticia inexistente que portar, no hay culpas por amar, ni arrepentimientos
por confesar.
El Ser se iluminó desde la Gracia de Dios y nos elevó trascendiendo la
opresión de las propias sombras creadas por momentos de nuestras vidas donde no
pudimos superarnos pero tomamos conocimiento para lo que en este momento
sentimos hacer.
Ya no hay desconfianza ni huidas de nosotros mismos, somos
seres completos que podemos mirar hacia lo alto que nuestra propia sombra no se
proyectará sobre ningún ser habitante del planeta.
Vibramos en la sintonía más elevada, crecimos, amamos,
reconocimos y podemos ubicarnos firme ante la vida para tomar la decisión que
no será condicionada esperando algo a cambio.
Nadie nos traicionó, sólo nos amaron a su manera y no
le debemos nada a quienes nos formaron con todo su amor porque sus enseñanzas
están dentro de la sabiduría que hoy nos lleva por caminos nuevos de
libertad. Nos dieron y dimos, nos amaron y amamos pero si nuestra
capacidad mental ya no condice con lo que tenemos alrededor las bifurcaciones
nos irán marcando nuevos senderos donde la esencia del alma se pueda
manifiestar plenamente.
Nuestro compromiso adquirido dejó de servir a los hombres
lineales y se expande por todo el mundo con las mismas palabras que una vez
proclamamos, sólo que ahora llevan la purificación necesaria para su
realización y liberación.
No le fallamos a quienes esperaban de nosotros porque
aprendimos que si no cimentamos nuestro propio camino primero para ofrecerlo
después, terminando cumpliendo para las expectativas ajenas impermeables
de ideas que el ego quiere imponer.
No nos vamos, estamos en el mismo lugar, pero nuestro
corazón se elevó aún más con Dios y nos miramos hacia el interior para poder
escucharnos desde nuestra existencia humana y espiritual.
Nuestra esencia es la misma y nuestra vocación también, sólo
sucedió que unimos las partes que estaban desunidas y esparcidas, pudiendo
reconocernos en una única entidad que no necesita negar sus naturalezas para
afianzarse en el amor.
Nuestro corazón sigue abierto a todos aquellos que deseen de
nuestro cariño y afecto, sólo cambiamos las vestiduras porque el resto
permanece intacto a la espera de ser la Nueva Luz que ilumine el camino hacia Dios.
