Si partimos de algunas ideas que se formaron al transitar el camino del aprendizaje, podríamos afirmar que si estuvimos dispuestos a recorrer trayectos que nos podían dar muchas satisfacciones, pero también muchas desazones, es porque creimos en una energía sutil proveniente del interior que nos señaló el sendero.
Tuvimos que hacer muchas revisiones, dejar lo que no deseamos, resignificar lo doloroso y, aunque pudimos darnos cuenta que las idas y vueltas sumaron y restaron en todo momento haciendo dinámico el andar, la elección de escuchar los sentimientos por sobre las razones sin argumentos nos presentó un panorama que dista mucha de pensar como posible una vuelta hacia atrás que nos permita volver al mismo punto de partida.
La vida nos va mostrando a través de situaciones y emociones lo que tenemos como deuda con nosotros mismos y si no podemos trascender, superar o resolver nos seguirá mostrando las mismas circunstancias para salir airosos de las limitaciones. Porque en realidad todo lo que creemos que se lo hacemos al otro más allá del daño que podemos provocarle, implica una falsa creencia de que vuelve porque en realidad siempre permaneció adentro de nuestro ser sólo que si insistimos en no querer reconocer y hacernos cargo de lo sucedido, la vida misma se encarga de volver a recordarnos lo que nos quedó pendiente para que intentemos una vez más.
Nadie está en contra nuestro por naturaleza sino por rebote ya que lo que toma impulso hacia afuera va tocando diferentes andares y vuelve al mismo punto donde se inició pero no perdiendo nunca el origen del haz de luz de originado en un lugar particular.
Así como todo fue teniendo sus apreciaciones tanto positivas como negativas quedando el amor inmutable de toda motivación externa , así es como la opción de tomar los sentimientos como el valor más importante nos sitúa a no encontrar aunque quisiéramos, un retorno que nos desligue de lo que somos como esencia. Ante lo que evidentemente se nos presenta, si no podemos regresar pero tampoco logramos la redención definitiva no quedará más alternativa que apelar a la resistencia de nuestro mismo ser para que nos de el empuje final.
Si mirar alrededor nos implica ver el derrumbe de lo que creímos que formaba parte de lo auténtico de la vida y no hay sustento para pisar por el momento en ningún lado, esperemos y confiemos en la conciencia del ser que algún día nos dará las respuestas que dejarán de ser destellos para dar paso a una luz permanente sin parpadeos que abrazará la humanidad y a todos aquellos que no pueden reconocernos como parte del mundo de Dios del cuál formamos parte.
