Haber recorrido tanto trayecto en la escuela de la vida nos lleva a percibir e intuir que, acorde al camino que transitemos , estaremos más o menos expuestos al dolor.
Lo comprobado como verdad palpable de respuesta a estímulos o acontecimientos, nos marca un conocimiento de nuestro interior que nos dará una señal de alerta o la fluidez libre de amenazas.
Sin embargo, ir por ese sendero del dolor nos genera el antagonismo entre la angustia de lo que probablemente sucederá, con el presente del acto que nos dice que no dejemos de pisar ese lugar aunque sepamos que es muy árido.
Jesús sabía que su comportamiento, su rebelión pacífica, sus acciones diversas y la congregación de multitudes, lo llevarían a un final que poco tendría que ver con la aceptación y la armonía de los que en ese entonces se dividían entre fariseos, sacerdotes y buen samaritanos.
No obstante, la creencia del alma le dio la fuerza y la Gracia de continuar entre la crueldad de los hombres, que aún no encontraron su propio camino y que reflejarían sus carencias en el mensajero.
Ante lo eventual, podríamos seguir mirándonos interiormente y observarnos en la aparente locura de buscar lo ruin ante el sublime susurro del alma que no quiere posicionarse ante la mente que dirige en esta faz la pujas de poderes que el hombre hace de su valor de vida.
Y la respuesta está en que EL AMOR no tiene direcciones, el amor fluye, el amor no condiciona ni los propios comportamientos, el AMOR DA LA VIDA.
Porque no hay látigo, ni palabras sentenciosas, ni burla, ni desprecio que pueda elevarse a la vibración del amor que no desea resignarse a dejar de ser porque tendría que recurrir al autoengaño que paradójicamente viven los que todavía no pueden acercarse al fluir amoroso sin miedo y prejuicios.
Vale más una vida corta CON AMOR, que peregrinar incansablemente sin rumbo y vacío..
Y la entrega de la vida , el absoluto rendimiento de la chispa de Dios Eterna que mora en nosotros es lo que nos dará la satisfacción de lealtad a quien nos creó y nos guió en todos estos años aunque no viéramos los frutos.
Somos luz y amor, y para reflejar esa luz es necesario mantenerse firme en lo que es innato y no requiere de arbitrariedades para distinguir el bien y el mal. La fidelidad se muestra en la encarnación, las pruebas serán superadas o no cuando estamos en un cuerpo humano con las emociones y sensaciones inherentes a la propia naturaleza, y aunque nuestro rostro se llene de lágrimas, miremos al Cielo, nos sintamos abandonados, existe una LUZ MAYOR que nos espera en este y el otro lado.,...es El , con Su paciencia, Su condescendencia, Su INAGOTABLE AMOR que nos recuerda quienes somos..
Porque cuando ya pudimos reconocernos no nos importa si ese camino implica la sentencia humana porque estaremos recorriendo la unidad que somos para volver a Casa o para quedarnos a ayudar el reconocimiento de los demás....
