Cuando el cansancio emerge y no logramos distendernos lo suficiente para renovarnos , se acumula cada vez más hasta que aparece el hastío, mezcla de agotamiento, fastidio y hartazgo.
Las situaciones vuelven a repetirse y es como sentir infinidad de dejas vus que insistentemente nos quieren mostar algo que, indudablemente no llegamos a ver.
Si nos animamos a observar, el sentirnos fatigados es un indicio de que tenemos amarrado a nuestro ser un apego que aún no podemos soltar. Nos resistimos y , aunque muchas veces no nos demos cuenta , estamos peleando inconcientemente para no perder lo que tenemos.
A lo largo de nuestras vidas nos formamos con un sentido de posesión que si dejamos que se escape , sentimos que se nos derrumba nuestro yo y la propia identidad.
Casa propia, mi auto, mi ropa, mi trabajo, mi todo, ..
Es sabido que si cuando crecemos no adquirimos lo que es nuestro, pudiendo discernir lo que nos pertenece de lo que no, no podríamos tener la individualidad que nos caracteriza para formarnos como seres libres .
Así es como en la escuela nos enseñan a ser parte de algo, ya sea barrio, educación, círculo social, o económicoo y es totalmente válido para sentirnos que somos unidades completas en sí mismas y que estamos insertos en determinado ámbito al cuál pertenecemos y de esa forma aprender a respetarnos.
Sin embargo, cuando ya aprendimos lo suficiente y podamos trascender ese concepto, nos cuesta mucho deshacernos del sentido de posesión y nos quedamos estancados en lo que nos dijeron y estamos acostumbrados a hacer.
Está tan incorporado en nosotros que hasta las personas formamos parte de otra y nos escuchamos decir frecuentemente: sos mío, yo te adquirí...
Surge entonces la formación de una red de toma de dominios donde existe el dueño y el empleado, el superior y el inferior, los terratenientes, los burgueses y proletarios.
Nos dividimos cada vez más porque somos perfectamente distinguibles unos con otro acorde al nivel , profesión, oficio o actividad y perdemos la capacidad de darnos cuenta por donde tendríamos que ser medidos.
Si no podemos sacarnos ese rango, o situación vivencial es entendible llegar al hastío y preguntarnos una y otra vez cuando acabará.
No queremos soltar, ni dejar ser , porque no nos sentimos los suficientemente seguros y firmes para ser reconocido por lo que sentimos y somos en esencia y no por lo que poseemos.
Y claro, si no tengo mi propiedad y mis cosas , cómo podría ser yo , cómo sobreviría y con quién me identificaría?
Tenemos que identificarnos con algo o alguien? somos capaces de dejar todo y saber qué sucede después? Tenemos la grandeza de espíritu para no preocuparnos como los lirios del campo que sólo crecen y el resto lo tienen sin saber cómo?
Si nuestra decisión es no dejar ni perder nada ,entonces es probable que volvamos a sentir hastío y cansancio porque dependemos del afuera que nos subordina y con esa impronta no nos quedaría otra que rogar que aquello que queremos se cumpla..
De lo contrario no hay experiencia ni palabras que puedan transmitir qué se siente estar despojado de todo y sin embargo tenerlo todo....
Es un camino individual y, por consiguiente, sólo uno mismo puede tomar la determinación de querer saber que se encuentra del otro lado....
Un parte nuestra ya se encuentra ahí, la otra sólo puede llegar si le damos la mano, de ser necesario, para que no tema , pero confiados en que lo que veremos es una parte de Dios, Su Amor y Misericordia...
Sin embargo....
"Me cansé de pelear, estoy muy cansado, no quiero continuar más, será así aunque no quiera y no me guste...."
No creo que alguien, en algún momento de su vida, haya dejado de decir alguna de estas palabras. Ya sea porque es correcto o no, pareciera que no tenemos nunca todo lo deseamos y tenemos que negociar con Dios y la vida para ver qué resignamos y qué no estamos dispuestos a ceder.
Algunas veces es cuestión de decidirnos a elegir lo que deseamos para que ese objeto de deseo sea lo más inalcanzable, difícil, complicado y nos deshoje hasta dejarnos sin nada.
Nos preguntamos frecuentemente si optamos mal, si habrá algo misterioso por lo cuál lo más enmarañado nos toca a nosotros y sin embargo, cuando nos hastiamos de las dificultades y queremos deshacernos, nos damos cuenta que no encontramos un igual y eso nos genera más bronca.
Encima eso!!! Aparte de tortuoso , único?
Miremos bien , no perdamos de vista la objetividad. Quizás estemos idealizando y en verdad no sea tan grandioso pero de igual modo.......... no queremos resignarnos!!!!
No, no quiere aquel, quiero éste!!!!
Como sea, idealización, lo que queremos , equivoquemos la mirada o como más guste, NO ESTA, no puede ser , no se da y seguimos viéndolo como cada vez se aleja más..
Opciones....o seguimos insistiendo y dejamos la vida si dependemos de ello porque si nunca sucede quedamos pendiendo de un hilo...
o...con piedad hacia nosotros mismos nos damos cuenta que no tiene sentido seguir intentando lo que no está en nuestras manos y menos aún si con ello perdemos alegría por el camino.
Si la resignación es una manera de entender que es importante que podamos salir adelante es favorable pero si lo resumimos en una obediencia obligada creyendo que la vida o Dios confabula en contra nuestro, es probable que nos lleguemos a sentir no merecedores y dignos y que por eso se nos negó.
Si partimos de la base que Dios nos regaló el libre albedrío es importante no involucrarlo en una acción despiadada donde no desea que seamos felices.
Todos tenemos dentro una divinidad que, acorde como podamos enfrentar los obstáculos y predisposición que tengamos de ver nuestro interior , podrá vislumbrar más o menos rayos de su grandiosidad. Nadie puede ni debe forzar a nadie a que aprenda lo que no puede aún y si no respetamos esa condición individual en cada uno, nos empezamos a pisotear mal.
Quizás la resignación sea el punto de partida de un respeto y aceptación del otro que está haciendo a su modo y como puede su camino y no una resignación cargada de resentimientos.
No hay nada que tengamos que obedecer más que a nuestra naturaleza dada por Dios que nos mostrará el camino a seguir.
Comenzando con sanar lo que nos daña y continuando con el conocimiento de que no hay reglas a cumplir fuera de las impuestas por la propia mente , entenderíamos que no hay nada que no se desee que no se pueda tener porque el interior es sabio y por lo tanto , recorre el camino que le fue signado por Dios.
Es probable que, en algún momento, queramos comprobarlo y no está incorrecto, como humanos que somos nos basamos en lo que vemos y nos urge experimentar pero, si reflexionamos en qué quiso decirnos Jesús con eso de la añadidura , tal vez algún día no tengamos más el deseo de experimentar porque vamos a poder juntarnos sin que nos falte nada y sin tener la necesidad de resignarnos...
.jpg)