"Fue crucificado entre dos ladrones."

Observar la vida tal cuál se nos presenta a los ojos humanos, es volver a preguntarnos si no será que nada está dentro de los bandos selectivos de buenos y malos, ni emblemático ni decadente sino que ante los ojos de un Ser Superior que nos dio la vida no podemos dejar de ser todos iguales.

Nos gustará o no, haremos acorde a nuestra formación y buena moral una discriminación de lo apropiado o no ,  pero no una descalificación que lleve a anular a quien puede estar perdido aún en el camino de la vida.

Lo que haremos con nuestras vida será responsabilidad exclusivamente nuestra  y si ser un descarriado del buen vivir nos lleva a lugares de dolor y angustia tendremos que reevaluar que estamos haciendo con lo que nos pertenece y a quien estamos dañando con nuestras acciones.

Porque no hay gozo del dolor en quien arrojó la primera piedra, hay desconocimiento y ceguera que no puede ser descubierta, pero al momento del cansancio agotador que lleva impreso el recorrido del Vía Crucis , todos somos  parte de la misma condición impuesta para la superación de nuestra naturaleza humana en pos de la apertura espiritual divina que poseemos.

Con nuestra condición humana todos reaccionamos ante el cansancio y la densidad, y según los mecanismos de defensa que tengamos haremos nuestra actuación.

Tanto quienes fuimos por caminos abiertos como por caminos cerrados nos encontraremos algún  día con nosotros mismos y con el agotamiento que implica ir hacia un peldaño más alto en la escala del aprendizaje y ese instante nos encontrará colgados en la cruz como los ladrones y  Jesús aunque nuestro paso por la vida haya sido por senderos de paz.

Nuestro mayor desafío no es superar al prójimo sino a nosotros mismos que venimos con una programación de fuertes cimientos que sólo puede ser reacomodada a través del dolor.

Y cuando estemos en la cruz sentiremos todas las emociones que nos dará una visión acotada de lo REAL  a los Ojos de Dios porque la sutileza de la visión amplia sólo puede darse después de vivir el propio Vía Crucis.

Desde pedir una redención externa a sentirnos abandonados no diferimos en la naturaleza divina  sino en los programas mentales que nos llevará a sentir distintas emociones ante lo que estamos vivenciando.

La luz es igual en todos, está en nosotros despejar las sombras que nosotros mismos nos hacemos pero, mientras tanto, hasta no comprender con la mente lo que el alma ya conoce seguiremos subiendo la montaña  , y en ese peregrinar tomaremos aire, descansaremos, subiremos más rápido o daremos sólo un paso por día pero la subida es siempre subida y si miramos para atrás el vértigo puede ser aún peor. 

Estarás conmigo en el paraíso...! fueron parte de la últimas palabras dichas por Jesús...
Dejemos de creer en un Infierno externo que nos  agobia y no perdamos la capacidad de mirarnos a nosotros mismos, ahí está la Verdad que aún no podemos ver..