"La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno."

Distender, aplacar los pensamientos, suspirar aires de renovación y sentir latir el corazón que abarca toda la humanidad, es la calma que encontraremos para dejar que las enseñanzas pueden fluir desde afuera hacia adentro y viceversa.

 El intercambio de lo interno y externo da la sabiduría de encontrar en cada alma la manifestación que pueda entregar a cada uno en particular acorde al camino recorrido.

La Gracia, la luz que vimos reflejada en Jesús fue el espejo que nos marcó un antes y un después del reconocimiento de quienes somos en esencia.

Jesús no vino para que lo endiosemos, vino a traernos el regalo de la resurrección que todos podemos tener y que parte por comprendernos a nosotros mismos para luego comprender a los demás. 

Si alguien bajase del Cielo y nos dijera que Jesús no es el Mesías, ni fue el Hijo enviado por Dios..cambiaría en algo? 

Lo que Cristo vino a instaurar es la fortaleza en nuestros corazones y el mensaje de que no tenemos que seguir buscándolo fuera porque siempre estuvo en nuestro interior y que el personaje que vimos representó un rol para que pudiésemos vernos reflejados. 

Para una humanidad dormida y llena de desconocimiento era necesario la revolución que trajera el despertar de la conciencia dejando de lado las discriminaciones y separaciones fortuitas que nos tensa y aleja de nuestra esencia interior divina.

Los rótulos sólo nos sirve para organizar el mundo que nos pertenece y como respuesta a una naturalea humana que requiere de un yo para fortalecerse pero una vez recorrido el camino de las comparaciones , el trayecto de vuelta tiene que  encontrarnos sin cargas por llevar ni distinciones por portar.

Cada uno en el lugar al cuál ha llegado , en el escalón justo de su evolución con quizás aún la necesidad de seguir viéndose reflejado en el afuera para conocer su interior pero llegar a la luz plena de la cuál fuimos creados desde nacimiento es encontrar una misma sintonía que resonará igual  en todos los niveles, y no cambiando aunque le pongamos o quitemos rótulos o condiciones; el AMOR PLENO DE NUESTRA ESENCIA.

El amor es incondicional, y aunque nos digan que ese afuera no nos pertenece ni es acorde a nuestra visión, no puede transformarse en menor valor porque con la mente lo acotemos a las esferas de las separaciones.

El amor se siente, no se piensa, el amor hace vibrar, no le interponemos voluntad para que sea , el amor fluye, sin títulos, ni nombres, ni espacios acotados...

El amor soy yo, sos vos y somos todos por igual, partúculas de Dios dispersas a la espera de ser nuevamente unidas...