"”Los que no Me amen, no oirán Mis palabras; y las palabras que oís no son Mis palabras, sino las palabras de Mi Padre, que Me ha enviado."

El encuentro pleno con Jesús, más allá de la creencia si fue o no el Mesías, se da a través de lo que mayormente vino a mostrarnos: EL AMOR. 

Sus Palabras no trajeron el libro del buen vivir , de modales y reglas explícitas de como comportarse, sino el camino del propio recorrido interior para descubrirlo a El en la esencia del alma y de ese modo descubrirnos a nosotros mismos.

Si no hay una verdadera manifestación del amor en todas sus variantes formales , dudo que podramos sentir lo que vino a decirnos porque lo que encerramos en un personaje emblemático no puede ser vivenciando si no lo hacemos extensivo a los demás.

De nada nos sirve seguir sectorizando hasta los sentimientos, dando mayor divinidad a alguien y menor aprecio a otro si no partimos por el entendimiento de saber que todos tenemos la misma sustancia divina en Dios.

No aceptar a quien no nos guste no hace una plena fusión del amor incondicional que Jesús vino a enseñarnos y nuestra vida seguirá los recorridos de grupos aislados  que no aceptan a todos por igual.

Dejemos el ego de lado y bajemos la bandera que creímos tener de poderes exclusivos sanadores donde hasta nos dijeron a quien teníamos que sanar. 

El camino de la propia santidad lo recorre uno mismo, no se defiende ni se hace con sólo dejar la vida a una institución, se siente, se palpa, se entrega por el amor más grande hacia el más cruel y el más benevolente.

Dios está en todos lados, no en la rígida forma de continuar con dogmas arbitrarios que pasan de generación en generación y que nos aleja de quienes somos en esencia por tener que servir más al hombre que a Dios mismo.

No somos salvadores de nadie, dejemos de jugar a los grandes héroes que sacrifican su vida por un pseudo bien mayor , cuando en el interior sabemos que lo único que estamos haciendo es escaparnos de nosotros mismos.

No continuemos con el encuadre de los fariseos y grandes sacerdotes y permitamos que haya valido la pena la crucifixión de Jesús, la entrega de su propia vida para que podamos entender.

El amor no discrimina ni se arma a partir de un libro , se siente, se vibra en todas dimensiones y abarca todas las religiones y creencias que partan del amor como la piedra fundamental de la vida del hombre.

Escuchar las palabras de Jesús es tener la apertura de reconocer que pudimos equivocarnos todos estos años pero que si liberamos la forma acotada dejaremos los nudos que nos atan a no comprender plenamente lo que tanto predicó y que cada uno armó a su modo.

Tenemos el denominador comun que es el amor, destrabemos las rigideces que nos arma la mente de como tenemos que amar a Dios, y ese día, es probable que no sólo escuchemos Sus Palabras sino todas las palabras del mundo que, aunque no contengan el fundamento que nos gusta, están cargadas del amor innato de quien pudo reconocerse en su propia esencia interior de Dios en él mismo y en toda la humanidad.