"«Maestro» Dícele Jesús: «Deja de tocarme, que todavía no he subido al Padre."


Vamos por la vida adquiriendo, cambiando, desechando o conservando lo que le damos un valor real o imaginario pero como sea, nos adaptamos a un vivir dinámico de fluctuaciones y movimientos a lo nuevo.

Lo que hoy puede ser apropiado no lo es el día de mañana, creemos que desfalleremos sin esa  situación o persona y sin embargo, una reemplazó a la otra y sólo quedó el recuerdo de lo que una vez significó una cierta inmortalidad.

Somos tan cambiantes y variables que hacemos categórico lo que no lo es,  ponemos límites en el lugar equivocado, caemos una y otra vez y aprendemos más a  través de esas caídas cuando las recordamos como una montaña de subas y bajas y no cuando pasó sin mucho movimiento.

Pero un día apareció lo que caratulamos de ilusorio y fantasioso y, a la espera de que desaparezca, nos damos cuenta que permanece inalterable aunque queramos hacerlo invisible a  los sentidos humanos.

Nos trasciende y por ello también nos confunde , nos hace sentir sensaciones nuevas y creemos delirar , buscamos explicaciones racionales y con lo único que nos encontramos es con nuevos conocimientos de nosotros mismos en todas las magnitudes y facetas.

Vibra a un ritmo tan elevado que nos descoloca y no podemos conciliar el cuerpo y mente con la sensación de divinidad del sentimiento que hizo su intromisión para ya no desaparecer más.

Como no comprendemos de que se trata le ponemos rótulos, lo acotamos desde la psicología, le damos aires filosóficos, y hasta imaginamos todas las  fantasías en las esferas más altas y, sin embargo,  no logramos que  baje esa frecuencia de amor inconmesurable que toca cada parte del ser pero tampoco logramos materializarlo.

Así se van tocando y deslizando asperamente ese sentir con el cuerpo y la mente que quieren resolver desde sus dimensiones  precisando carátulas y haciendo predecible lo que no puede ser abarcado con el raciocinio.

Las emociones están a flor de piel y acorde a su conocimiento se manifestará de una u otra manera, si siente la ausencia llorará , si no encuentra un acercamiento se pondrá triste y como personajes del teatro con roles determinados, veremos como real un estado de ánimo que creemos que marcan nuestra esencia.

Y a pesar del tiempo transcurrido y el cansancio,  no alcanzamos a  comprender que ese amor elevado perteneciente a otras esferas para que pueda fusionarse y bajar a esta dimensión terrenal tiene que poder adecuarse a un cuerpo humano que conoce sólo de realidades palpables  con sentidos estrictos de nominación.

Y así como educamos nuestro yo en la formación, asi tenemos que educar nuestros impulsos y juicios para poder ser vivido en plenitud el amor de almas que desconocemos hasta tanto no desaparezcan las sombras de nuestra propio personalidad.

Pasarán cansancios agotadores, pruebas donde creeremos estar siendo signados por el infortunio y nos quedará solamente el intento que no conduce a lo que esperabamos.

Las expectativas tienen que cesar y las angustias ceder para no caratular lo bueno de lo malo , ni aceptar una verdad absoluta que no puede ser compartida.

El camino como individual que es requiere de muchos aprendizajes con todas las variables que el mundo brinda y hasta que no podamos ser incondicionales en la captación que tenemos de lo que nos rodea, el amor sublime quedará en nuestras almas sin poder ser manifestado en su totalidad en esta dimensión.

Corramos si lo deseamos, gritemos o riamos pero todo el desplazamiento humano no significa el movimiento de lo que está dentro. El brillo no deja de ser mayor o menor porque vayamos en búsqueda de nuestra propia trascendencia ni porque nos quedemos quietos , porque las fuerzas necesitan ser equilibradas, y el ser y el hacer tienen que poder acoplarse para unirse y no  desmembrarnos en nuestra naturaleza humana-espiritual.

Nada está fuera del lugar donde le corresponde, son nuestras expectativas lineales las que enjuician si es correcto o no lo que observamos ...

Aprendamos a mirar con el alma mientras el cuerpo y la  mente se van acostumbrando a un ritmo vibratorio diferente y encontremos la calma en el remanso que apareció con una forma humana pero que representa el Mundo Maravilloso de Dios....