Cuando no logramos captar con calma y naturalidad las
diferencias que existen en este plano, las fricciones que se generan dentro
nuestro son tan dolorosas, que requiere de toda nuestra capacidad para
comprender y captar qué es lo que está sucediendo.
Si bien en esencia somos todos los iguales porque tenemos una sustancia en
común que compartimos desde el alma ya que fuimos creados por un Ser Superior
que todo lo abarca y todo lo Es, el aspecto humano atraviesa muchas
pruebas que irá superando o no para acercarse cada vez más a su origen.
Cuando nacemos tenemos una formación que discrimina, caratula permanentemente y
cuando lo que deseamos no podemos tener en nuestras manos, las
alternativas de respuestas se limitan a una serie de conjeturas categóricas que
lo único que hace es dañarnos más ya que no podemos dejar de echar culpas a los
demás o más cruelmente a nosotros mismos por creer que no somos merecedores a
lo mejores anhelos personales.
O somos buenos o somos malos, o brillamos o somos la peores, o nos aman o nos
odian , o somos indiferentes y pasamos de largo ante eso que tanto
nos moviliza a nosotros pero pareciera que al otro no le genera ni una mínima
vibración.
Si partimos por entender que la vida es como una escuela, nos aliviaría saber
que los niveles de aprendizajes no son los mismos para todos porque cada uno
está ubicado donde corresponde acorde a la madurez mental que tenga. Un pequeño
de 7 años no podría estar nunca cómodo y con todos los saberes aprendidos en
donde está el de 13 porque el desarrollo particular acorde a la edad y el
recorrido no es el mismo.
La adquisición de experiencias nos da un paso más adelante en esta escuela de
vida donde aprobamos, desaprobamos, nos portamos bien y desastrosamente mal
porque hacemos lo que podemos, otras nos ponemos rebeldes y otras no queremos
ni escuchar.
Comprender que estas incapacidades no nos corresponden si es el otro quien aún
no puede ver , nos da el aliciente para seguir y no quedarnos estancados en que
no somos amados o que no merecemos lo que tanto deseamos y amamos. Lo que sea
que haga , piense o sienta otra persona, no depende de nosotros. El camino es
individual y aunque queramos dar todo sólo podemos dar una pequeña ayuda
incondicional ya que cada cuál debe atender su propio sendero de
redención para afianzarse como unidad en el Universo.
Si como seres humanos nos enseñaron que existen leyes que rigen el mundo
y porque tienen comprobación no podemos siquiera dudar un momento, por qué se
nos hace tan difícil creer en esas otras leyes que como son sutiles y sin
demostración desde nuestros sentidos le quitamos el valor que pueden llegar a
tener?
Aunque nos cueste, intentemos ver que la diversidad forma parte de la vida
misma porque no todos estamos transitando las mismas inquietudes. Que no
pensemos igual no significa que no seamos importantes y merecedores sino que
las pequeñas separaciones mentales hacen que no podamos estar en armonía y, por
lo tanto, de una forma u otra, lo que no puede ser, irá cayendo
naturalmente dando lugar a la proximidad con lo que se asemeja más a nuestros
pensamientos y sentimientos.
Quizás en algún momento de nuestras vidas , o quizás en todos, necesitamos la
fuerza para pelear por los ideales que nos lleve a las más altas esferas de
satisfacción pero tal vez , ya llegó el momento de parar, mirar para atrás y
reflexionar sobre lo que implica esta dura pelea por mantenerse firme y que aún
así no resulte. Planteemos el interrogante, aunque no nos guste, de
preguntarnos si estaremos yendo para el lado correcto.
La sabiduría y poder de discernimiento lo da el alma, la esencia divina de
nuestro interior y analizarnos en el ser y hacer es un buen punto de partida.
Si el buscar nos implica dejar la vida atropellando a los demás y a nuestro
sentir, habría que replantearse donde está la calma que requerimos para poder
ver mejor, escuchar mejor y tocar con nuestros sentidos sensibles y despojados
de miedos y limitaciones.
Dejemos por algún momento nuestros deseos más profundos y captemos lo que nos
quiere decir nuestro interior. Desprovisto de emociones , sin calificativos ni
temores está siempre ahí como luz brillante e intensa que sólo puede verse
cuando la niebla y nubes dejen de ponerse adelante dando lugar a su brillo
propio.
