"Apariciones de Jesús. ¿Cuánto tiempo dudaréis de mis palabras y os negaréis a creer en mis promesas?"

 Seguir creyendo que vamos a poder armar el Reino de los Cielos en el exterior, cambiando lo que no nos gusta o invirtiendo el orden de los acontecimientos es continuar mirando desde una visión limitada humana que lo único que nos traerá , de una forma u otra , más dolor. 

Es fundamental estar siempre en el eje de la propia vida, el centro de nuestro propio aprendizaje, porque si dejamos que la mirada se disperse en el afuera,  llegará un momento donde haremos, consciente o inconscientemente el ojo por ojo y diente por diente pero con un significado diferente al que le dio Jesús.


Si podemos recorrer el trayecto que no requiera tener que prestar atención a lo que hacen los demás habremos creado el propio Cielo en la Tierra, en nuestro propio corazón que podrá ser posteriormente expresado en el afuera sin requerimientos ni condiciones para que se cumpla el tan  ansiado vivenciar del arriba en el abajo.

Si observamos a Jesús dentro de su peregrinar nos percataremos que, a pesar de los estímulos externos que llegaban de las personas, nunca perdió su perspectiva de no dejar de mirarse y combinar Su Misión de ser Luz en el Mundo con su faceta humana que en más de una ocasión desviaba su mirada con las emociones inherentes a cualquier alma encarnada en la Tierra.

Nada  se niega, sólo se abre la luz de la conciencia para comprender que no venimos a juzgar ni a ser juzgados sino a aprender quienes somos en realidad y que tan perdidos estuvimos al visionar desde este cuerpo humano acotado, por donde pasaba la propia liberación del ser humano.

Quien haya podido alcanzar el grado de desapego, de comprensión, de entrega y muertes podrá en algún momento ser el faro que guiará a quien desee cambiar su aspecto limitado del vivir para expandirse a la eternidad de Dios.

Y ese día el cuerpo ya no pesará, la mente estará subordinada a la sabiduría del alma que podrá hacer sus apariciones a quien pueda VER no sólo con los ojos humanos.

La sutileza del saber mirar está dentro de la apertura del corazón que ama todo, que es condescendiente , que tiene paciencia , que no discrimina y acepta todas las variantes sin descartar la que no es de su agrado.

Mientras tanto, podremos ir fluctuando entre la paz y el dolor, entre la luz y la penumbra que nos quiere reiteradamente indicar que somos el rol que estamos cumpliendo pero llegará el instante mismo donde el Cielo se cubrirá de  oscuridad como cuando murió Jesús para que, al tercer día podamos hacer la aparición con un cuerpo, mente y alma renovado, purificado, trascendido y libre de dolor para ser uno más con la Misión de brillar y atraer a quienes todavía no encuentran el camino de regreso a Casa....