"¿Porqué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo?"

No tener la certeza de hacia dónde vamos es consecuencia de soltar y dejar que se manifieste esa faceta divina que todos tenemos dentro y ,que en algún momento, nos dará quizás, las respuestas que aún no podemos encontrar. 



Sin embargo, no saber que se encuentra delante ,no es indicativo de no saber lo que no queremos repetir, ni cuestionar ni entrar a debatir . Entrar al juego del ego que busca ser advertido, imponiendo su ideas y atropellando a quien se cruce por su camino, es lo que ya no forma parte de nuestras vidas porque logramos desprendernos de todo lo que nos condicionó y que no estamos dispuestos a perder por las miradas ajenas o las imposiciones de la sociedad.




Quizás alejarse de las actitudes egoicas sea distanciarse también del ser humano en general, pero no creo tampoco que sea sencillo que podamos ir encontrándonos tan asiduamente con las personas que no tengamos  una cierta similitud en  pensamientos y sentimientos.




El juego de hacerse daño, cuando se pudo ver con diferentes matices las experiencias adquiridas , es una opción , y cada uno elegirá si desea participar de la estrechez de mente que no quiere ceder ni darle una revisión a su propia vida. Cuando ya no tenemos mucho más para ayudar, aunque la voluntad y el deseo se centre en el amor incondicional, deberán adquirir el poder de discernimiento que nos indicará un sendero u otro, ni bueno ni malo, sino las alternativas que tomaremos dentro de la variedad del gran mundo de Dios.




Nadie puede salvar al otro si no empieza por salvarse a sí mismo y no plantea la posibilidad de entender que no somos Mesías sino seres que han batallado mucho, sufrido mucho y que sólo la luz que emanamos, por más pequeña que sea, será la que ayudará al otro a que puede verse, reconocerse e iniciar el camino de su propia redención.




No hay nada por imponer, ni nada que tengamos que hacer categórico,  y ser humildes es la capacidad del ser humano de hacer su propio trayecto y dejar que el otro haga el suyo sin descalificarlo por ser distinto.




El juego de los egos termina cuando uno decide que así sea, y con mirada noble puede apreciar desde el más inteligente al más ignorante, al rico, al pobre, al lindo y al feo.




No hay ordenes de rangos por ser de una forma u otra , sólo hubo oportunidades que la vida nos dio con mayores amplitudes o menos recursos pero que no nos descalifica prejuiciosamente acorde a lo que nos tocó vivir.




Que  no participemos de la distracción del ego significa que seguiremos insertos en la gran obra de teatro pero sabiendo que ya no somos  protagonistas sino espectadores de los que están haciendo su rol sin saber ni quienes son en realidad. Ante esta impronta, es posible que nuestra vida permanezca en la meseta de lo no pasional, aburrido o desanimado, pero si entendemos que la búsqueda de la paz no requiere de estímulos para poder manifestarse, encontraremos que, junto al amor y Dios forman la tríada que elevará definitivamente al SER que viene buscando desde el principio su propia trascendecia y realización dentro de las esferas de lo divino.