"Y entró Jesús en el Templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el Templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas"


Aceptar que poseemos un aspecto emocional intenso humano que no tenemos que cambiar sino comprender, es la premisa fundamental para no quedarnos melancólicos a la espera de la iluminación que nos eleve sin sentimientos contradictorios en nuestra forma de percibir la vida.

Observar que somos temperamentales, confusos por momentos y que traemos un bagaje de conocimientos adquiridos desde la niñez, nos denota que podemos ser elevadamente sensibles y a su vez, mantener una cuota de indiferencia y cansancio de nosotros mismos cuando sentimos que no podemos trascender lo humano acotado en sensaciones de agotamiento y fastidios.

Quizás el ser maravillosamente complejos es la manera en que tenemos que pasar el tránsito por esta vida para dejar de distinguir lo bueno de lo malo, haciendo distinciones y comparaciones inútiles.

Tenemos un temperamento que no nos hace ni mejor ni peor, ni agradables ni desagradables , sino que nos advierte que si bien no somos eso en esencia, tampoco  podemos negar que nos pertenece.

Y aceptarlo es reconciliarnos con nosotros mismos para mejorar lo que no nos gusta y para aprovechar esa fuerza enérgica temperamental y apasionada para el logro del deseo personal o impersonal.

Si aún estamos en la búsqueda de la propia satisfacción en el mundo de la forma el ímpetu que da el enojo es el mismo que da el coraje como fuerza en sí misma y si logramos descifrar ese movimiento sin ponerle nombre categóricamente e intentando cambiar el orden,  es probable que podamos encauzar adecuadamente la vibración sin quedarnos penando por el arrepentimiento de nuestros actos.

Si nos sentimos canales de Dios no hace falta el castigo cuando las emociones nos descolocan del eje sino la sabiduría de reconocernos como seres humanos en busca de la transparencia para ser la voz del universo. 

Aprendamos a dejar de distinguir haciendo desigual los aspectos inherentes al ser, comprendamos que sólo pertenecen a distintas esferas vibracionales y por lo tanto cada una se mueve dentro del entorno que le corresponde. A mayor densidad , la confusión arremete y nos descoloca por momentos , no peleemos para eliminarlo sino para dejar que sólo ocupe el lugar transitorio que le pertenece en el campo emocional.

En esencia no somos nuestros desbordes ni sensaciones ambiguas, y si dejamos que pasen sin escandalizarnos es probable que aprendamos a convivir con ellas sin sentirlas como enemigas.

Si logramos mirarnos y entender que rodea el existencialismo estaremos un paso adelante en la comprensión de quien está al lado al observarlo en las acciones que no indican su sustancia interior. 

Todos somos seres plenamentes divinos y formamos parte del Universo de Dios, y si la mente puede acompañar viendo  sigilosamente cómo actúan las emociones y las ubica en el lugar que le corresponde, es probable que dejemos de sentirnos disgregados y bipolares cuando el amor calmo y puro se encuentra con el imperativo accionar de las sensaciones frenéticas.

Busquemos la fusión del aparente antagonismo que es probable que cuando queramos unirlo nos demos cuenta que no hay nada por integrar ,ya que formamos una sola unidad completa en sí misma que no distingue sus aspectos sino que los complementa. 

Dejemos de sentirnos indignos por no elevarnos permanentemente, busquemos comprendernos y comprender, y encontremos más las analogías entre nosotros y no tanto las diferencias. 

Así es como Dios nos ve, el Dios de la forma, de la no forma, tu Dios interior, el Dios de Todos...

así es como nos ama por igual, así es como quizás quiere que lo comprendamos....
Dejemos de sentenciar lo que no nos gusta y amemos hasta el más mínimo detalle ..amándolo es como puede ser no sólo sanado sino redimido....