El exhaustivo camino recorrido tuvo muchas variantes, resignificaciones, revisiones , marchas para atrás , juicios e incondicionalidad, y mientras todos tuvieron su lugar adecuado en un momento determinado, el tiempo se mostró alterable, corriendo velozmente con sus horas, días , meses y años.
Junto al andar de la rutina, los cambios osados y la calma inerte, nuestro cuerpo finito encontró su espacio, pero entendiendo que no podrá extenderse más allá del tiempo lineal como su alma. El limitado presente y el eterno ahora etéreo de la no forma, no pudieron coincidir en realizaciones y superaciones y cuando la redención sublime está por llegar, el cuerpo dice o le dicen basta.
Qué interrogante más perspicaz implicó la muerte de Jesús cuando, junto con su enaltecido corazón lleno de amor y entrega absoluta a Su Dios ,se elevó en cuerpo y alma hacia el lugar percibido y anhelado.
No pudo vivir la redención en este mundo material y tuvo que transportar su amor entre los sollozos de quienes lo querían y la burla de los que no entendieron . Qué hubiera entregado por ver con sus ojos, sentir con su piel y escuchar con sus oídos lo que vino a decir en forma pacífica , que existe una sutil manera de mirarse y entender que no son eso que muestran , que ni sus lágrimas ni su desprecio implican su verdadero ser, que la forma los atrapó sin darles la oportunidad de brillar entre los deberes, normas y estatutos!!
-No tenemos que cumplirle a Dios con reglas, sólo nos tenemos que dejar de defraudar imponiéndonos verdades ficticios que nos separen entre todos.
Las palabras de Jesús fueron las dulces estrofas del amor que salió de la esencia del alma de Dios, pero al no comprender el mensaje, su cuerpo fue lastimado, azotado, despreciado, robado. Y entre sus prédicas sintió que el final se estaba avecinando mientras inexorablemente observaba que la conciencia masiva seguía en la ignorancia del juzgamiento, críticas innecesarias y puja de poderes..
Cada paso hacia su crucifixión implicó la pérdida de la esperanza que se esfumaba entre el peso de su propia cruz y el desaliento que no le permitía ver. Su cuerpo cansado, abatido y doblado cayó y ya no pudo seguir su camino de espinas portando el desconocimiento de todos los que veían su peregrinar y no hacían nada por revertirlo. Los devoró la forma por sobre el amor y el miedo por sobre la piedad.
Con sus últimos suspiros su cuerpo pereció y su corazón dejó de latir con el mayor de los sufrimientos , no haber visto el cambio que esperaba y ansiaba, traer el cielo a la tierra y fusionar el arriba y el abajo . Sin embargo nos dejó el legado de sus mensajes y su muerte significó lo que sus ojos no pudieron ver, la conversión de aquellos que temieron, negaron y enjuiciaron.
A partir de ese acontecimiento cada uno siente el valor y el recorrido de Jesús como su alma vibre al unísono de ese amor. Muchos dicen que Jesús resucitó entre los muertos, otros que nunca murió, y otros que su cuerpo fue robado pero, como sea, en la nueva encrucijada de imponer la verdad del destino del Salvador nos encontramos en el presente repitiendo la misma historia de desconocimientos y olvidos.
El tiempo lineal tiene un fin y la propia experiencia de vida marcará el rumbo a las respuestas de qué fue lo que pasó después de su muerte física. La resurreción es personal y única para cada uno, y sólo conoceremos nuestra propia verdad y sabiduría, cuando sintamos que la vida corpórea comienza a derrumbarse sin poder hacer nada ni por los demás ni por nosotros mismos, mientras elevamos nuestra mirada al cielo y expiramos el último suspiro de redención.
Y ese día las verdaderas internas se convertirán en verdades Universales y podremos compartir definitivamente un sólo Dios Unico y un sólo AMOR pleno , puro, entre todos formando la morada eterna de Dios y entendiendo que el amor no se transfiere,sino que se vive, que el alma no muere , sino que renace cada día con nuestros dolores más intensos y que el Ser no se apaga , sino que siempre brilla aunque esa luz ya sólo forme parte de la estrellas del cielo que alumbra el camino ya recorrido de quien lo vivenció.
