Cuando podemos ubicarnos firmemente ante las circunstancias con un cierto equilibrio donde el pensar y el sentir mantienen una igualdad en el todo, el estado que adquirimos es sumamente distendido , con mucha comprensión sobre las circunstancias y toda una gama de colores que engalanan nuestro ser con mucha paz.
Sin embargo..existen los "sin embargos" y hasta que nos podamos convivir con ellos la estabilidad será discontinua y nuevamente los cuestionamientos o preguntas de esas sutilezas que aún no comprendemos, se harán presentes nuevamente al interior sin previo aviso .
El respeto entre la mente y el alma, el pensar con el intuir armonizado, es el pilar fundamental que hará que el equilibrio mayor esté sustentado con buenos cimientos, no obstante, que se respetan no siempre significa entender qué está pasando en la otra parte. Si nos atenemos a niveles de nuestra vida donde las relaciones humanas nos impulsan a poner permanentemente todo de nosotros para una convivencia basada en la consideración, no es muy extraño creer que también tengamos que aplicarlo a las facetas de nuestro ser que al saber que pertenecen a distintas vibraciones y sintonías las diferencias pueden llegar a ser notorias. Si no trabajamos todos los días lo que nos desorienta por no encontrar la concordancia plena entre el arriba y el abajo, aún cuando no imponemos ninguna condición para su concreción, lograremos que todo esfuerzo de superación quede solamente suspendido en la incertidumbre.
La mente no puede dejar de analizar, necesita respuestas y se niega a aceptar lo que no creó como una idea que adquirió en su formación. No es fácil para la razón conformarse con las sutilezas que vienen desde otro plano, porque el "papel" que le toca vivir es la hacer, determinar, elegir, optar. Al estar en relación permanente con los distintos pensamientos que los seres humanos podemos ser capaces de crear y el atropello de la vida cotidiana, necesita soluciones inmediatas que respondan a los requerimientos que exige el dinamismo de las prontas respuestas del ahora condicional.
Si logra, al estar en plena fusión con el alma, que la percepción la ilumine, se eleva y está amorosamente en paz y nada puede alterar lo que siente con tanta paz. No obstante, defender al alma en este plano no es sencillo. Los argumentos con los cuáles estamos acostumbrados a manejarnos tiene un lenguaje que distan mucho de lo espiritual y etérico que el ser nos quiere hace ver , y como si fuera poco nos pide que defendamos y fortalezcamos lo que no vimos con nuestros ojos, ni tocamos con nuestro tacto, ni escuchamos con nuestros oídos.
Quizás ello es lo que lleve a comprender la inestabilidad y el tiempo que necesitamos para reforzar lo que empezamos a sentir y de esa forma asentar la nueva conciencia.
No creo que haya sido fácil para Jesús comprender todo el tiempo de que se trataba, y no en vano vivió experiencia difíciles en el desierto o en el monte de los Olivos pero, más allá de la creencia que tengamos o no de Cristo como el Mesías, indudablemente sus encuentros con El mismo han sido humanamente los mismos que hoy padecemos nosotros ahora. Si seguimos insistiendo en encuadrarlo en una religión que lo ve desde su divinidad y no su esencia humana, es probable que cuando ya no necesitemos modelos perfectos a seguir, nos olvidemos del valor real de su venida.
A los que tenemos una espiritualidad muy marcada tampoco nos resulta fácil el peregrinar entre dos mundos , físico y etéreo, y fundirlo haciendo sólo Uno como lo que ES.
De lo que viene de nuestras dos facetas aceptemos ambas e intentemos que los pensamientos no nos desmoralice ante el encuentro del ahora real y el que vive el alma paralelamente.
Entendamos que nuestra faceta corporal y mental necesita de sus tiempos para acomodarse y poder resguardar al alma siendo la voz que la lleva por donde desea ir. Comprendamos también que las densidades en las cuáles vive, no se condicen mucho con esas esferas eternas de la libertad absoluta que vive el ser y que, aunque seamos quizás un poco tercos, ya llegará la definición total de la manifestación de la esencia.
