Pudimos recorrer mucho camino, adoptar creencias, reverlas y cambiarlas, modificarlas, anularlas ,o hacer propia una forma de pensar pero, como sea , la esperitualidad no puede quedar en esferas de lo sublime sin ser manifestada en este mundo.
Tenemos una naturaleza humana que no debe ser negada , pero para que pueda superarse en sí misma, requiere de la elevación expresada en el medio en el cuál vivimos.
Y así es como podemos refugiarnos o ser libre de toda doctrina, que nada descalificará la propia vibración interior que acompaña la mente que se funde entre el ego y el cede de poder al alma que quieta, espera la unidad de todas sus facetas.
Para ello Jesús fue el representante de Dios en la Tierra, y el Cielo pudo ser bajado e interactuar con su opuesto, la densidad de lo estrictamente formal y limitado.
Sin embargo, que podamos ver un Ser que dejó Su Vida para que alcancemos a ver, no nos hace felices ni adquirimos la paz que deseamos, porque si bien estamos todos unidos formando una sola Morada, los pies habitan este planeta y las experiencias no dejan de ser individuales.
No podemos hacer que el otro piense como nosotros ni que vibre en la misma sintonía de amor que nos enaltece el alma, pero sí podemos rescatar de todo lo vivido, más allá de fantasías o utopías, la capacidad enorme de amar que tenemos, que puede manifestarse plenamente en la Tierra aunque el exterior no pueda ser apreciado.
Elijamos el templo, las sinagogas, la cruz de Cristo , las formas sectarias, creer que no somos de este planeta, volar con una nave espacial , rezar 10 Aves Marías o rezarle a un zapato pero no perdamos el poder enorme de elevarnos al amor más Intenso y grandioso de Dios y el Universo entero.
Quizás no podamos fusionar las leyes del hombre con el arriba y las leyes de Dios en este plano, pero podemos amar y seguir amando para no dejar de sentir que podemos estar en Casa aunque las lágrimas y la angustia enmarquen un corazón afligido.
Miremos con los ojos del alma, los Ojos de Dios como nos apenamos, mimemos al niño interior que no `puede tener su juguete preferido entre sus manos, pero por más cruel y feo que se vea el presente emocional, la fuerza del amor nos rescatará en una nave espacial, en un santo, en un peregrinaje o en un zapato.
Jesús nos vino a traer la enseñanza del amor, vino a decirnos que sólo la ejecitemos porque ya la tenemos incorporada , vino a decirnos que aunque el cuerpo perezca, el alma sigue brillando por la eternidad.
Nadie acudió ni hizo nada para evitar morir, pero en los brazos de Dios emprenderemos el regreso del Camino a Casa, en Su Paz...en Su Amor...por siempre y para siempre...
