“Perdonad y seréis perdonados”

Un acontecimiento que marque un antes y un después , ya sea social, cultural, religioso o personal es, más allá de toda creencia, un llamado de atención para hacer una revisión de nuestro paso por la vida.

Un Ser como Jesús que revoluciona en todas las esferas, indican tener que mirarnos una y otra vez para entender, no sólo donde estamos insertos como seres humanos, sino también hacia dónde estamos enfocando la mirada.

Toda palabra dicha desde lo profundo encierra un significado con connotaciones en todos los sentidos, y tal vez sólo los que pueden expandir su corazón podrán entender lo que Jesús vino a decirnos.

No nos acotemos a reglas de buena moral y condescendencia cuando hablaba del prójimo, y observemos al precursor de nuevos pensamientos y conciencia dónde está el centro de lo dicho antes , durante y después de su paso por la vida.

Más allá del caos que pudiera significar los tiempos presentes que Jesús vivía, había una visión proyectada al futuro también, que posteriormente se transmitiría de generación en generación, relacionada a lo que el ser humano es capaz de hacer ante el desconocimiento de su mundo interior. 

El ego no sólo ocupó un lugar imperante en sí mismo, sino también en las relaciones humanas que, hasta al más ferviente creyente, hizo poner en tela de juicio el propio comportamiento como Pedro o Judas.

No sólo afectó a los alejados de su espiritualidad, con posturas rebeldes e incrédulas ante los mensajes sino, asimismo,  a  aquellos que la duda de lo que estaban viendo los llevó a silenciar su amor crucificando, de esa manera también,  al Señor de los Milagros que, con su propia vida, vino a redimirnos de nuestra manera de vernos a nosotros mismos.

Era necesario generar el quiebre que pudiera rever las posturas personales  para entender que las palabras que pronunciaba,  estaban referidas a lo que posteriormente sería necesario para una sanación profunda.


El perdón , como potente variante de la armonía en  las relaciones humanas sería y es, la premisa fundamental para comenzar de nuevo no sólo con nosotros mismos,  sino con los demás.

Con una naturaleza humana emocional y distante de la luz , lo que se sucedería y seguirá sucediendo, requerirá el arrepentimiento como señal de una manera auténtica de reivindicación, sabiendo que el pasado ya no está y el futuro puede cimentarse a partir de perdonar setenta veces siete. 

No hay daño mayor que no pueda ser perdonado y en consecuencia redimido.

No busquemos una redención de una mano del Dios de afuera porque todos tenemos el Don. y  el poder sanador del perdón, siendo representantes del Dios interior, exterior, el Dios del Universo que está en todos lados sin distinción de formas.

Todos representamos la fuerza Divina del amor capaz de sanar el Mundo entero con sólo desearlo de corazón, quitémosle exclusividades que lo único que hacen es dañarnos terriblemente.

Pero como el camino se hace al andar, y estamos en distintas etapas evolutivas, el perdón es quien nos llevará de la mano a otro escalón y quien sabe también quizás, de la mano de quien  tuvimos que perdonar y ser perdonado....