"La negación de Pedro - ¡No conozco a ese hombre de quien habláis!"

MIEDO


Cuando nos sentimos con miedo estamos  incapacitados y aunque se nos generan mucha ansiedad, angustia, en realidad  donde más fuertemente se manifiesta es en el terror que produce el desconocimiento de no saber con que nos vamos a encontrar.

Pensemos que de niños, naturalmente y paralelo a nuestra formación , fuimos adquiriendo muchos temores que, acorde a la edad,  tenían mayor o menor intensidad en el cuerpo y mente porque  según  como se nos presentaban,  nuestra psiquis estaba o no preparada para tal desajuste.
 Animarse a caminar, a quedarnos solos, el primer día de jardín, el primer examen, nuestro primer amor con el miedo a no ser correspondido, nuestro cambio de etapas, la adolescencia y sus modificaciones emocionales....y así muchas más...

Hoy nos vemos de grandes y pensamos que cuando somos adultos nuestro deber como tal es que, si tenemos terror, debemos camuflarlo, poner nuestra mejor cara de
 -acá no pasa nada, y darle para adelante.

Incomoda sobremanera estar  temerosos porque cansa, aflige y nos desestabiliza y, aunque  muchas veces creemos que los miedos se pueden clasificar en fundados e infundados, observemos que, en realidad todos tienen su valor cierto y real en cuanto a cómo los sentimos acorde a como asimilamos lo aprendido.

Lo que para una persona no implica ningún movimiento negativo, para la otra puede que sí y no por eso  puede ser descalificada la emoción con su correspondiente sensación de ahogo.

Analizándonos y remontándonos a la  niñez  nos  animaríamos a ampliar los primeros conceptos y  perjuicios.

Si no vamos a buscar la pelota a un lugar oscuro somos unos miedosos, si no somos desenvueltos y nos genera timidez el estar en evidencia somos muy aprehensivos o débiles , si no nos animamos a hablar con quien nos gusta somos unos cobardes...
Ahora somos grandes y, aunque nos cueste , tenemos que reconocer  que nos vemos reflejados en el espejo de cuando éramos niños. 

Nos miramos y nos preguntamos…todavía seguimos con miedos? Y sí, porque los miedos del adulto tienen que ver más con las apariencias, con el temor a la crítica, a fallar, a no ser lo suficientemente fuerte para mantener una decisión en el tiempo.

Creemos que nos mirarán mal, que hablarán sin piedad, que nos sentiremos muy vulnerables y sufriremos mucho, como si nuestra vida dependiese del afuera, y esas personas que nos pueden juzgar fuesen ángeles de Dios enviados por El.

Pero en verdad, lo que llegamos a darmos cuenta es que  el mayor sufrimiento es el miedo mismo, no el origen ni la consecuencia,sino lo que aprendimos de lo que significa por sí mismo y esa sensación de que estamos en la mira.

Si partimos de la premisa que todo temor es válido,  no se sustenta mucho el peso que tiene en sí mismo la causa porque , en varias ocasiones, perdemos de vista lo que gestó ese miedo y sólo  le tenemos terror a sentir miedo.

La sensación está tan pegoteada que perdemos de vista el motivo  pero recordamos que, ante eso nos sentimos así y , por lo tanto debemos volver a tener miedo.

Esta emoción que nos desgasta no es más que la percepción exagerada de una situación extrema que creemos que nos devastará.

Si me enseñan a temer ésto o aquello es comprensible que, ante el primer indicio de alguno de esos factores, huya sin saber a donde para defenderme.

Con esta emoción a cuestas es natural sentir que vamos perdiendo  de vista el objetivo , no saber donde estamos insertos y menos para donde vamos y la confusión es tan grande que no comprendemos nada.

 Nuestra mente está tan en actividad, con tantas situaciones donde tiene que sobrevivir, que esa intensidad de pensamientos que tenemos que adaptar a cada aspecto de nuestro vivir,  muchas veces toman direcciones inciertas y nos confunden hacia donde van  y hacia donde deberían ir.

Esto para ésto, aquello para ésto y aquello, ésto para mi, ésto para no considerarlo, ésto dentro de aquel concepto y así infinidad de veces que  nos enredamos  frecuentemente en el hacer, ser, y sentir.


Y si queremos unir el miedo con la confusión nos animaríamos  a decir  que  tenemos un camino recorrido y como tal podemos intentar revertir lo que nos pasa porque tenemos también una vida  donde ejercitamos mucho la mente y así como ella fue la que recibió las ordenes de a qué temerle ella también puede revertirlo dándole una  resignificación.

No creo que tengamos que sentarnos y resignarnos a que simplemente somos así porque estamos un poco confundidos.

Notemos  que nos sucede... ya desde chiquitos pareciera que  la comida en la casa del vecino es más rica y sin esfuerzos y, sin embargo,  es la misma que la que está en mi casa.

Creer que el otro es o está mejor es el reflejo de la catástrofe que es nuestra vida en ese momento. Huimos de lo que nos pasa y viajamos, cambiamos de casa, de pareja, de carrera, como si cambiar lo externo fuese a revertir lo que está sucediendo adentro.

Cuando la mente no está en afinidad plena con el corazón es probable que la confusión aparezca muy seguido. Si nos tironean para un lado y otro y no sabemos cuál de los dos es el certero es imposible mantener un orden que nos clarifique nuestro vivir.

Sin embargo, podemos decir que todas las sensaciones, experiencias, sentimientos, son válidos y por eso estar aturdido no  siempre es sinónimo de estar perdido.

Ahí  surge el interrogante de por qué están ya que...Si no tenemos todas las alternativas presentes donde podamos verlas, compararlas , sentirlas, cómo podríamos saber cuál deseamos elegir?

Si la mente colabora en cambiar el concepto que se le inculcó en la formación o sólo reconocer que no tiene razón de ser, Dios y el alma va a encontrar el lugarcito necesario para traer la calma y la sabiduría de enseñar que podemos tener terror de tirarnos a lo desconocido pero que si no lo hacemos no tiene como tomarnos en sus brazos para empezar a hacerlo conocido.

En definitiva ,  la confusión es el paso previo a la sabiduría porque no hay que eliminar ni negar los pensamientos, sólo reorientarlos y darles el tiempo necesario para que puedan generar una reformulación de lo aprendido.

De esta manera las dudas, los miedos y la consternación se irá esfumando de a poco para dar paso a la manifestación más pura y franca del ser humano ...la que silenciosamente quiere salir y muchas veces no la dejamos..

No existe nada a lo cuál la parte de Dios que todos tenemos dentro le tenga temor ni permanezca confundida. En ella no hay alteración que tenga que ver con sensaciones ni juicios, pero si no analizamos la función que tiene cada una de las emociones en nosotros  vamos a seguir repitiendo sólo oraciones de liberación al limitarlo con nuestros pensamientos..

Ayudemos a Dios con la comprensión,  y para ello y por la naturaleza humana que tenemos necesitamos utilizar la mente, el raciocinio, porque si en algún momento de nuestra vida la orientamos hacia un lado, ahora tendríamos que  enseñarle también a que puede ir hacia  otra dirección sin  sentir por ello que perdió algo en el camino.