"Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos”


Quizás el haber tenido que acudir a nuestro interior fue producto de la necesidad de no poder cambiar lo externo pero, como haya sido la vuelta que debimos dar para llegar a lo mismo, el indicativo fundamental como factor común fue la búsqueda en sí misma de la propia superación y realización personal.

Más allá de las premisas que pudieron darnos ciertas corrientes, no hay redención si no hay previamente un análisis profundo consciente o inconsciente de nuestra realidad humana que nos ahoga entre tantas emociones y búsquedas de ayudas al bienestar.
Fue necesario mirar todo alrededor para ver la devaluación del entorno inmediato que no pudo darnos respuestas valederas en el tiempo y hasta no agotar hasta el último soplo de vida, nada tuvo su movimiento deseado. El hastío fue  recurrente y las lágrimas como anuncio de nuestra sensibilidad,  fueron  las que nos reportaron en que sitio estábamos ubicados de la recta final hacia la iluminación del propio ser.

En la historia hubieron  muchos referentes, maestros, líderes, mártires y cada uno de ellos nos legó la búsqueda incansable de lo trascendental pero el propio camino individual es único y se ve reflejado en alguno más que en otros al sentir perceptivamente el camino recorrido con nuestra propia senda de libertad.

No hay nada por cambiar del afuera, hay que modificar las visiones internas que nos tuvieron atados al mundo limitado de la forma para dar paso a la nueva visión que nos haga libres y plenos dentro del mundo en que vivimos.

Si cada uno de nosotros pudésemos hacernos responsables de nuestro propio cambio dejaríamos de reclamarle a lo externo  que haga su intromisión. Nada está fuera de su lugar más que los pensamientos que gestaron un mundo limitado de odio y resentimientos, poderío y penas, incomprensión y olvido. 

Si no aprendemos a re-mirar el mundo como premisa a su revaluación dudo que podamos reacomodar lo que tanto venimos buscando para encontrar la paz.
Las reglas morales fueron impuestas por el mismo hombre cuando vio que se fueron de cauce los principios y  valores sin darse cuenta que en esa misma reglamentación encontraría su propia trampa a la transgresión.

Si no partimos por entendernos en nuestra naturaleza y comportamiento seguiremos haciendo reajustes temporarios que, a la corta o a la larga nos tentará nuevamente al juzgamiento y discriminación de lo que vemos.

Los seres humanos tenemos una esencia libre de prejuicios y quizás por ello la necesidad imperiosa de no dejar de mirarnos para entendernos en las acciones y sentimientos. 
Si todos los habitantes del planeta pudiésemos observarnos, animarnos a ir a lo profundidad de nuestra psiquis y corazón no tendríamos posiblemente el apuro y urgencia de querer cambiar lo que no nos agrada porque reluciríamos todos en el amor puro que se manifiesta desde nuestros orígenes.

La impotencia de ese afuera que nos presiona en ser como deberíamos ser, deberíamos sentir y deberíamos actuar, nos somete a una voluntad acorde a la forma particular e  imperante del momento con el poder  ficticio de la forma. No hay acometedor  si no existe el sometido , ni fuerza que pueda doblegar lo que el ser tiene por esencia pero si no llegamos a conocer el valor del fruto de años de lucha posiblemente nos sigamos perdiendo sin mirarnos siquiera o creyendo que existe un ser superior humano que puede dirigirnos la vida.
El mirarse a uno mismo va más allá de una creencia , saberes, moda o perspicacia , es el motor con el cuál contamos para entender el mundo y sus revestimientos , lo interno con lo externo y la fusión de  nuestra naturaleza humana y espiritual.

Es la esencia que no impone condiciones y que siempre está, la que no necesita del afuera para brillar y que permanece inalterable en el tiempo ..es el AMOR con el cuál Dios nos muestra quienes somos pudiendo reconocernos y reconocer a quien en su larga batalla de ideales va por  el mismo camino. Es comprender que como unidad que somos  requerimos de experimentar esa sublimidad desde nuestra naturaleza humana también...es esperar que no pase nada..y a su vez...que pase TODO.