"Muchos son los llamados y pocos los escogidos"


Es probable que luego de mirarnos, observarnos, detectar lo que nos empujó hacia lo mejor de nosotros, recapitular en cuanto a lo que tendríamos que rever , necesitemos volver a mirar hacia el afuera que tuvo en su momento una resignificación para poder comprender lo que estaba pasando y que hoy requiere una nueva mirada pero incorporando las   purificaciones  ya realizadas. 

En muchas ocasiones buscamos plasmar el arriba con el abajo, lo externo con lo interno y cuando no pudimos verlo manifestado la desazón y el sentir que somos la consecuencia de un mal procedimiento nos llevó por caminos de revisar  en qué estábamos fallando o qué sucedió con el Dios Grandioso que no viene a rescatarnos. 

Miramos tanto para adentro, nos hicimos cargo de todo lo que sucedió dentro y fuera  desligando de ese modo responsabilidades a lo que se manifiestó en el entorno que no nos pertenece. Nos exigimos hasta extremos desbordantes al extremo de perder la perspectiva de lo que depende de nuestra actuación y lo que no.

Nosotros creamos el mundo, no hay rumbo determinado que nos imponga la vida para ser de una manera u otra y el libre albedrío nos ubica en un lugar determinado.

Si partimos que vivimos interrelacionados en intercambios cotidianos de sensaciones, formalidades, emociones y sentimientos no podemos responzabilizarnos por lo que la otra persona decide para su vida y que por los lazos relacionales nos llega de la manera en que fue estipulado acorde a su voluntad . 

Quizás por eso es que no podemos crear un mundo ideal cuando nuestro sentimiento no es el único que está presente para conformarlo. Si estamos insertos en sociedades, grupos o simplemente relacionándonos con personas que no saben o no desean saber lo que significa la empatía es indudable que por más esmero y amor que pongamos no vamos a poder armonizar las relaciones cuando cada uno mira solamente el beneficio propio.

No podemos ayudar a quien no quiere ser ayudado y no podemos generar una apertura de consciencia cuando no hay un deseo auténtico de cambio. Nuestro mayor tesoro es nuestro interior que sí podemos llenarlo de flores coloridas y dones de amor y es por ello que no podemos dejar de mirarnos para entender que creamos nuestro propio interior florido que no tiene que depender del afuera. 

No venimos a cambiar el mundo, venimos a cambiarnos nosotros para llegar a la plenitud que podemos lograr si dejamos de querer continuar ayudando a quien no vibra en otra sintonía que no sea su propio ego.

El camino de redención es individual y acorde a las afinidades seremos reunidos por Dios y la vida para compartir el mundo de amor que no existe afuera pero sí adentro de nuestra esencia del alma. 

Y es por eso que será necesario para nuestra integridad que dejemos de pensar que no somos merecedores o que la vida se opone a nuestra paz sino que simplemente nuestra situación actual no tiene al momento similitudes o vibraciones que nos fusionen con las situaciones o las personas adecuadas.

Dios tiene la sabiduría de hacerse ver con  sutilezas y mensajes y  lo que nosotros traducimos como decepción al no poder introducirnos en aquellos lugares que creemos tener que estar, son en realidad los beneficios posteriores que nos llevará a la plenitud deseada aunque al momento no lo veamos. 

Confiar en ese fluir de no imposiciones es despertar la conciencia de entender que aunque el mundo sea un caos nosotros no tenemos por qué serlo. Nada está fallando , valoremos lo hecho hasta ahora y descansemos para que Dios nos atraiga dulcemente hacia su morada . Quizás allí sí encontremos nuestro par en alma, corazón, sentimiento y amor y dejemos de sentirnos tan solos y frustrados esperando tan sólo retornar al Hogar.