Luchamos incansablemente para elevarnos, para entender de qué se trataba tener un espíritu encarnado en un cuerpo humano, dejamos muchas limitaciones y encaramos una nueva mirada de amplitud pero, sin embargo no pudimos "deshacernos" del envoltorio que nos recordó siempre que no puede haber separaración entre cuerpo-mente y espíritu.
Por más dolor acotado que nos traiga vivenciar esta tercera dimensión no podemos elevarnos tan significativa como para permanecer en una órbita que haga que la materia no la sintamos.
Si volvemos a comprender que nada está bien o mal, tal vez tendríamos que acaparar el concepto que nos indique que no hay nada desfavorable en el mundo material que no pueda ser vivido con el alma en otras esferas pero sintiendo en la piel todas las sensaciones y emociones inherentes al ser humano.
Vivir una vida sin fluctuaciones ni vaivenes emocionales es la meta que nos imponemos pero es tanta la desesperación por conseguirla que nos tensamos de sólo pensarlo, desearlo y terminamos desanimados y agotados por tener que recibir a las emociones que nos dicen una vez más que tenemos un aspecto más denso por vivir.
Si buscamos los grandes referentes de la historia vamos a advertir que hasta hubo pasos sobre las aguas y más allá de toda metáfora que pueda o no existir también encontramos los dos aspectos , material y espiritual que coexistieron en aquellas personas que vivían su espiritualidad desde el cuerpo humano y sintieron el dolor emocional junto al amor eterno del Padre.
Si seguimos con las distinciones de lo espiritual con la negación de lo personal humano es indudable que continuaremos con las dualidades que nos siguen separando no solo a uno de otros sino también el ser en nosotros mismos.
Enfocar un aspecto espiritual con una perspectiva que no involucre nuestros mayores enemigos como la mente y las emociones, es seguir produciendo los quiebres constantes que no llegan a desaparecer por más esmero que pongamos.
Si aún tenemos sombras, amemos nuestras sombras para que puedan ser disipadas e iluminadas pero no como señal de lucha sino como aspectos que no tienen que ser eliminados sino comprendidos para aprender a convivir con ellos.
Esto significaría que lo que tenemos para ofrecer es un todo con lados iluminados y otros oscuros pero que, al no buscar escondernos en la oscuridad, por progresión natural ese lado ira tomando otros matices que no será descalificado por pertenecer a lo que menos nos gusta..
La sabiduría radica entonces en la comprensión de hasta donde podemos cambiar lo que vemos y cuando aceptar porque ya no hay nada por modificar.
Creemos que la iluminación sólo se puede dar si estamos verdaderamente preparados y libres de los miedos y angustia y no llegamos a preguntarnos si éste no será el punto exacto de la ascensión porque nos reconocemos como un espíritu residiendo en un cuerpo humano que puede ofrecerse liviano de prejuicios al no determinar cómo debe ser la elevación del ser.
Quizás llegó el momento de tomarnos de la mano de nuestro compañero del alma y compartir la experiencia de estar encarnados...quizás llegó el momento de volver a Casa...Juntos....
