"Hace oír a los sordos, y hablar a los mudos"

Como todo lo que vamos observando en la vida ,  los opuestos se convierten también en vivencias personales que, cuando podemos trascenderlos se transforman en el equilibrio justo que tanto deseamos y que, sin embargo, aún nos cuesta alcanzar.

Es indudable que si somos excesivamente expresivos y manifestamos con ímpetu el caudal enorme de amor pasional que tenemos dentro, nos encontramos con que, en algún momento,  la inexactitud del adentro y el afuera que se confrontan en tantas ocasiones junto a la desincronización de los tiempos de cada uno, vuelve a dejarnos tendidos en el camino, exhaustos y con una nube grande de amargura. Partimos de vernos a nosotros mismos y no comprendemos  por qué no existe la manifestación en todos que nos una en abrazos fraternales de armonía constante, en vez de no entender en profundidad cuáles son los obstáculos que nos vuelven destruyendo la expansión natural del ser.

Ahora, si intentamos mirar con nuestra mayor entereza y amplitud lo que puede estar sucediéndole a la otra persona por el cuál no puede expresarse con su consecuente  sufrimiento que tal vez ello le confiere, es posible que dejemos de preguntarnos tanto y adquiramos la mayor de las piedades para darle nuestro amor y luz aunque no más sea desde el silencio. 

Si hacemos la retrospectiva necesaria para aceptar que lo que nos enseñaron o simplemente adquirimos como correcto puede distar mucho de una plenitud como seres humanos , podríamos darnos cuenta que no todos estamos en  momentos simultáneos de aprendizajes y que lo que puede se muy sencillo para nosotros puede costarle enormemente al otro y viceversa.

Si tuvimos que aprender, acorde la elección que hicimos en cuanto a nuestra labor en el mundo, por no mirarnos y reprimir todo lo que sutilmente viniera como una dulce caricia del amor personal , sin dudas , aunque queramos , el tiempo que nos llevará el poder hacer expresivo lo que nos sucede al parar la inercia de una creencia, no puede ser acotado en término de días, meses o años sino en aquellos que dan libremente desde la condescendencia, libertad y amor incondicional. 

Aceptar no siempre viene liberado del dolor que acarrea el no poder ver plasmado lo que sentimos desde otras esferas en este mundo terrenal y aunque el cansancio nos agobie muchas veces el amor y la comprensión dará el respiro necesario para aminorar la marcha de los deseos. 

Cuando no podemos encontrar los referentes externos que nos ayuden porque necesitamos centrarnos en nuestro interior, pero aún así la sabiduría del ser se encuentra con poco brillo, podemos remontarnos a nuestra niñez, a nuestros primeros años de vida donde todavía no teníamos tantos saberes incorporados y adquiridos para interiorizarnos con las vivencias que sentimos cuando no pudimos pronunciar palabra o salimos corriendo por temor a ser dañados. Quizás sólo mirando nuestra propia historia podamos terminar por entender que no hay nada que no esté en su lugar ni nada que conspire en nuestra contra sino que estamos dejando que el fluir de la vida sea quien nos acomode en el espacio que deseamos estar. 

Aprendamos una vez más a comprender de que trata los desbordes emocionales cuando no podemos parar el sentimiento fervoroso de amor puro en un cuerpo humano y la anulación de nuestras acciones cuando no dejamos salir ese sentimiento sublime que nos completa el ser pero  tememos manifestar.

Quietud mental, amor, descanso, confianza y entre todos un Dios interno y externo que está a la espera de las manifestaciones y no manifestaciones para fusionarse en un sólo Dios que abarque a la humanidad.