Multiplicación de panes y peces


Durante mucho tiempo, los que estuvimos transitando un camino espiritual en búsqueda de la Paz y Trascendencia, nos encontramos con muchas posibilidades que creímos reales al momento de plasmar el adentro con el afuera y  la esencia divina del alma con el devenir de horas, días y años.

Sin embargo, aprendimos a dejar de creer en una fuerza externa que nos liberase, pusimos nuestros mayores empeños y energías en el interior, y no pudimos ver reflejado lo que sentimos poseer como innato, el amor de Dios en nuestros corazones.

Observamos también que, en el teatro de la vida, no vale inmiscuir al otro dentro de nuestras expectativas, y menos aún hacerlo partícipe de alguna acción que nos trajera liberación a nuestro propio camino de aprendizaje.

Centramos todo en la sustancia , miramos de reojo al amado y seguimos mirando el interior pero, no obstante , no llevó a la libertad desapegada de poder ver reflejado y fusionado el adentro y el afuera.

Desanimados, ya sin mucho más para seguir experimentando, seguimos preguntando como en todo lo relacionado a esta dimensión, qué fue lo que hicimos mal y el velo del olvido , intentando abrirse, sigue insistiendo en querer dar una nueva visión que desestructure el pensamiento lineal y compulsivo de los deseos apegados terrenales.

Reclamamos nuestro derecho humano, gritamos al cielo  que tenemos un cuerpo con deseos y sentimientos, con emociones que nos hacen flotar o caer bruscamente,  pero advertimos que sólo en la calma, el interior puede dar su sabiduría previo vaciamiento de todos los pensamientos obsesivos, finitos, acotados y limitados. 

Nuestra naturaleza humana no tiene por que ser negada sino orientada y cobijada en un manto de comprensión que no la aniquile ni juzgue, sino que la ame para que pueda dejar sus fuerzas inútiles de resistencia  y poder ver el brillo propio de sanación.

Así como aprendimos a través de la repetición para formarnos en el yo, así es como aprenderemos a ver lo perdurable y eterno que creímos que no existía. 
No es con eventos concretos donde encontraremos el "milagro" sino con la constancia de ver siempre lo mismo, escuchar siempre lo mismo, sentir siempre lo mismo, amar siempre lo mismo.

Entonces es donde comprendemos que no tenemos nada de que liberarnos porque lo que pensamos que pertenecia a nuestras propias sombras , es el brillo que poseemos y que pensamos que obsesivamente nos oscurecía la vida.

La persistencia en el tiempo es lo que nuestros sentidos humanos necesita para poder comprender y confiar, y cuando observemos que es lo que se mantuvo y mantiene inmutable sin correrse de lugar es cuando podremos relajarnos para darnos cuenta del valor divino que posee.

El más de lo mismo es la certeza de que existe, que es real, que lo que confundía eran nuestros razonamientos y no lo que estaba enfrente de nuestras mirada. La luna es siempre la misma pero dependerá la cara que miremos que apreciaremos su luz o sombra momentánea. 

 Todo lo que fluyó con constancia, sin miramientos, desde el  alma y con todo nuestro amor es lo que tiene su valor real dentro del universo, lo que nos pertenece por esencia. 

Quienes aprendimos a creer en un Dios externo nos preguntamos por qué sucede lo "malo" y nos resignamos sin cuestionar más , para concluir que no hay nada por discriminar porque dependerá de la óptica con la cuál estemos orientando nuestra visión que veremos de una manera u otra.

 Creer en el DIOS de los Milagros es saber que nada está fuera del lugar al que le pertenece y que el velo del desconocimiento se va a ir corriendo a medida que el AMOR más lugar ocupe en nuestras vidas.

Y es así como podremos con nuestros sentidos humanos observar lo que perdura en el tiempo, lo que no deja de estar aún en las mayores tempestades y que significó para nosotros el fluir calmo de  las caricias de Dios.

En esa paz es donde podremos ver manifestado nuestro interior en el afuera y en esa correspondencia es donde se verá plasmado el AMOR DE DIOS y la confianza de saber que lo que vemos es el fiel reflejo de nuestra Esencia del Alma.