Dios jugó a las escondidas. Se escondió en el interior de
cada uno y tuvimos que adivinar qué estaba pasando. Las señales fueron los
sufrimientos, los desconocimientos, los agobios constantes y desgarradores que
nos puso a prueba constantemente. Pero como la visión de cada uno era
diferente las interpretaciones también lo fueron.
Algunos pudimos ver después de una larga lucha donde se fue deshojando cada pétalo con tirantez y crudeza, y sólo comprender que era
El escondido en la esencia de él sólo cuando ya hubiera perdido la vida.
Se sintió como una trampa, que no fue justo, porque cuando lo descubrimos escondido apareció el humano con todas sus emociones y lo que en un momento no se pudo ver desde la naturaleza terrenal se
apareció repentinamente cuando comprendimos que era Dios en cada una
de sus partes. No hubo opción, no hubo camino despejado , la condición era a
través de su esencia no importase el comportamiento.
No pudimos desviar la mirada ni un momento, la vibración fue
permanente y entremezclándose un aspecto con otro no pudimos distinguir cada pieza
del rompecabezas y vimos la unidad.
A otros nos pasó distinto. Ni siquiera pudimos ver que era Dios
quien hablaba a través de El. Prejuzgamos tanto, condenamos tanto que ni siquiera nos detuvimos a pensar de donde venían todas esas palabras llenas de amor y encanto.
No pudimos entender que Dios habita en todos sin distinción y pasamos de largo
ignorando a través de quién nos estábamos reflejando.
Y eso es lo que nos pasa a todos, algunos endiosamos a
humanos y otros ni siquiera nos percatamos que detrás de cada persona hay una
divinidad. Y así estamos insertos en el mundo sin saber para donde ir ni como
dar explicaciones a nuestros interrogantes y sufrimientos. Y las decisiones que
tomamos en base a nuestra visión acotada es lo que nos llevará por los caminos
más densos del dolor entendiendo lamentablemente que quizás, la
liberación viene luego de la muerte física.
Es indudable que el velo del olvido nos tapa tanto que no
llegamos a recordar ni quienes somos en esencia. Cada trayecto es un recorrido
personal y particular y que nos podamos encontrar al final del camino es algo
que aún no se puede comprender en profundidad
El juego de las escondidas terminó, la obra está culminando
y ya no hay roles que cumplir. Es momento de mostrar la esencia que tenemos y
tuvimos siempre desde el comienzo. Cuando no hay más personajes que actuar no
tenemos ya más donde escudarnos para seguir sintiendo que no recordamos nada.
Es momento de brillar por lo que somos y no por lo que
hacemos…..
Sólo SER..como El, sólo SER..
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