Confusión, desconcierto, años de estudio, mucho empeño,
muchos deberes, mucha creencia firme y sin embargo, sentimos que no sabemos
nada.
Si comenzamos por entender que sólo con la luz de la
conciencia podremos unir lo humano con lo espiritual, entenderíamos por qué
estuvimos tanto tiempo detrás de una forma de vida que creímos que nos traería
la "felicidad" y no obstante no podemos hacerla permanente ni
duradera.
Cuando dejamos marchitar cada pétalo, cuando aceptamos la
devaluación de todo lo material, cuando rendidos con lágrimas suplicamos al
cielo la intervención de la divinidad que nos saque de los sombras que nosotros
mismos hicimos durante nuestra programación mental, hace su aparición el alma,
la chispa Divina que Dios que nos acurrucará y consolará para darnos la
explicación que tanto buscamos y no pudimos encontrar entre lo mundano y
espiritual acotado.
No hay ilusiones, ni falsas sensaciones de delirios, hay una
esencia que tiene toda la sabiduría y que podrá transmitir al cuerpo y mente
humana cómo es la Paz
y la morada de Dios para luego expandirla en este plano físico.
Y lo que parecía que se trataba de una acción despiadada,
cruel y sin piedad, sólo se trató de dejar que todo lo establecido que nos
presionaba puede ir sanando y abriendo nuevos caminos de libertad y amor
incondicional donde el ser feliz pasa del poseer a un total desprendimiento de
juicios propios y ajenos.
La liberación no es una mano milagrosa que nos traiga lo
deseado, sino la comprensión de que lo que nos ata no es nuestra condición
humana sino lo que hagamos con ella.
Elegir todas las formas y a su a su vez no tomar ninguna es
dejar de sectorizar ni sentirnos en el deber de elección que llevará
indefectiblemente a la negación de su opuesto. Y así es como podemos ser libres
de posesión y comenzar a percibir de qué hablaba Jesús cuando se refería a los
lirios del campo y las aves.
La educación de nuestra faceta humana no es la misma que
adquirimos cuando comenzamos nuestra venida a este mundo, y aunque resulte paradójico
, la manera en el cuál podamos tener aquello que más deseamos es agotando y
viviendo las mayores frustraciones para comenzar a desandar el camino obligado
que tuvimos que hacer para formarnos en el yo individual.
Si quisiéramos encontrar en los grandes referentes lo que
estamos viviendo desde nuestra esfera encarnada, podríamos, tal vez, analizar
lo que Jesús decía de sí mismo, intentar encuadrarlo en la forma y veríamos que
nada ató al Rey de los Milagros porque no adquirió institución ni siguió dogmas
más que el que venía de su propio corazón.
La luz siempre está, el alma no brilla fluctuante
acorde a la ocasión , sino que los pensamientos finitos conductuales son los
que taparán y nos alejarán de lo que nos pertenece por esencia y permanece invariable
desde siempre.
No necesitamos elevarnos para vivir el Cielo en la Tierra , requerimos
comprender que ya estamos vivenciando el amor de Dios en esta dimensión, pero
que todavía no lo sabemos por atarnos a acontecimientos, personas o creencias
que se transforman en los deseos-apegos que nos llevarán al sufrimiento.
No hay nada por negar sino por iluminar. Las mismas
creencias si es necesario, la misma vida se se opta por volver a
eligirla, pero desde la óptica de la desaprensión que nos permita también
abarcar todas las creencias para poder hacer el rol adecuado a la Misión que Dios nos ha dado
como canales plenos de Su Manifestación.
Con condescendencia hacia nosotros mismos y hacia los demás,
comprendiendo que la finalidad es la misma para todos , captando que
tenemos nuestros propios tiempos de crecimiento y que el acontecimiento
justo será en el momento adecuado con los tiempos de Dios, es como
podremos alivianar lo que para nuestros ojos humanos se transforma en la
imposibilidad, debilidad y fragilidad que creemos tener.
No tenemos por qué dejar de sentir ni abolir los deseos,
sólo soltémoslos y sigamos mirando nuestro interior que nos dará la sabiduría
de la amplitud que los sentidos humanos no pueden captar todavía, que
cuando ese conocimiento pueda plasmarse en nuestra faceta humana en su
totalidad estaremos viviendo el Cielo en la Tierra y seremos los emisarios de tanta
grandiosidad.
En el final del camino está Dios, y detrás de El,
y para nuestros sentidos humanos la añadidura prometida...
