Encontrarnos con que el esfuerzo como lo mejor que estamos dando, intentar ser preacavidos en cuestiones que sabemos que nos desbordan y darle el tiempo a que los acontecimientos decanten, son las premisas fundamentales para encarar con un poco más de estabilidad lo que la vida sigue mostrándonos, pero tener que también afrontar los estímulos externos más los propios internos que escapan a nuestra grilla de aportes, es una condición a la cuál tenemos que seguir pasando todos en cada momento aunque no nos agrade.
Vivimos en un mundo de relaciones constantes, donde interactuamos no sólo con el otro desde lo laboral, social o afectivo sino también desde nuestro movimiento interno en relación a las motivaciones que nos llegan y que interpretaremos desde lo emocional con sentimientos y sensaciones determinadas.
De esta manera se genera en la integridad del ser impactos con muchas presencias de estímulos que al ser variados y de diferentes formas, sólo la propia sabiduría podrá encontrar el punto justo para dilucidar y posicionarse ante la vida para no permitir que los desbarajustes vuelven una y otra vez suscitando catarsis indeseables.
Indudablemente si optamos por una vida tranquila con las condiciones necesarias para su realización, con un entorno pacífico de tranquilidad , cuidándonos del entorno , los vaivenes serán dados por nuestras actitudes internas y los pensamientos que se gesten desde el conciente pero estar conviviendo con seres adorable que tienen tanto amor pero que se empeñan en ocultar, nos pondrá en el límite de nuestra estabilidad y mayor desafío de templanza.
Los estímulos, cuando se convierten en ruidos , dan lugar a una sensación emocional de inestabilidad, irritabilidad , confusión, sobre todo si consideramos como ruido todo lo que venga del exterior que no condice con nuestro interior y que nos pondrá al tope de nuestra coherencia central tanto para mostrar reacciones afortunadas externas como una auténtica y apacible postura interna.
En muchas ocasiones creemos estar encontrando la estabilidad que tanto buscamos y que fuimos adquiriendo tomando como lecciones lo que la vida nos fue enseñando, pero no hay momento en que no cueste nuevamente el hacer perdurable en el tiempo esa paz cuando al esmero interno de superación le vienen fortuitamente del medio y contexto, con desbordes propios de la vida misma o ciertos comportamientos de quienes no están mirando la misma finalidad de vida que la que procuramos medir nosotros.
Sin embargo, los vaivenes son improntas naturales del fluir y si pudiéramos dejar de sentir que vamos fracasando reiterativamente porque algún estado emocional no nos da el equilibrio que deseamos tener , quizás sea oportuno pensar que no estamos solos en el mundo y que en la escuela de la vida estamos todos en la misma situación de aprendizaje de idas y vueltas, aunque algunos no estén ni enterados.
No hay éxitos no fracasos, hay predisposiciones, aperturas, intentos, momentos de hacer, momentos de estar quietos y, acorde a ese estado, estaremos implantados en el exterior que puede o no fluir naturalmente, sin sentir que tenemos que volver a vernos refelejados en las relaciones para aprender del otro.
Cuando pudimos tomar la distancia necesaria para al menos entender mínimanente el funcionamiento del ser humano, lo coyuntural sólo forma parte de las piezas del rompecabezas que simplemente están por acomodarse y que muchas veces requieren de fricciones e intentos para lograr amoldarse.
No hay nada perdido ni ganado, todo es parte del vivir en un mundo que aunque parezca que está desfasado va teniendo su lugar justo en el tiempo que tiene que ser. No se trata de optimismo ni pesimismo , se trata de la ceptación de que todos tenemos un lugar en el mundo con un rol y una misión y que el libre albedrío nos puede alejar o acercar pero como sea seremos llevados por la brisa sin imposiciones de un vivir mejor.
El ser humano por excelencia buscará lo mejor de sí, pero el tiempo que requiera no es algo que esté estipulado desde ninguna esfera. Algunos nos podremos acercar más a la paz deseada, otros nos quedaremos buscando que fue lo que nos sacó del lugar, otros ni siquiera sabremos que estamos viviendo en condiciones desfavorables pero, en algún momento de nuestras vidas, haremos el parate , sentiremos la necesidad de frenar el impulso atropellado de lo que creemos que somos y miraremos lo que tenemos dentro para preguntarnos quizás – y ahora que supuestamente tengo todo, qué?
Observar los logros que pudieron manifestarse en lo externo será el plus purificador de la superación del ser, pero si lo interno no se condice con lo externo, lo perdurable será solamente el tiempo en el cuál esa emoción tuvo cabida en nuestro interior.
Interactuar permanentemente sin denominar de éxito o fracaso lo que sentimos o vemos, es la sabiduría que nos dará el propio reconocimiento de lo que somos en esencia y como vamos adaptándonos a las distintas densidades por el cuál la unidad que somos debe permanecer.
Ninguna situación es mejor ni peor , sólo son , y el equilibrio estará dado por la constancia de no desbordarnos ni traicionarnos en nuestro sentimiento de aceptar la fortaleza combinada con la fragilidad emocional que nos caracteriza.
La verdad es única para cada uno, y cada cuál la vivirá como desee transitarla, pero si dejamos de mirarnos en el intercambio con el afuera, esa propia realidad interior puede afectar perjudicialmente la verdad de quien está al lado y que necesita hacer su propio camino.
Sólo uniendo certezas similares y afinidades podremos fluir y fusinarnos con quien llegó a una misma mirada de apreciación de lo vivido, para comenzar a unirnos desde todos los aspectos. Aunque por el momento el espacio pueda ser reducido, se convertirá en el remanso para quien desee escuchar variantes que se puede lograr la paz sin necesidad de arremeter con lo que existe alrededor y sin dejar de aceptar que porque somos personas emocionalemne sensibles y vulnerables a los estímulos externos, no podemos vivir el cielo en la tierra , el arriba en el abajo y el amor pleno en cada uno de nosotros para dar y recibir sin miramientos hacia donde va dirigido.
