"Jesús calma la tempestad. ¿Acaso no tienen fe todavía?"

Aceptar todas las variantes, las distintas opiniones, no descartar ninguna, no caratular de inapropiados las situaciones o pensamientos,  nos ubica en una libertad que no nos apega a creencias , dualidades ni sentencias pero,sin embargo, tampoco el sentimiento  viene siempre acompañado de la compleción de nuestras facetas de cuerpo, mente y espíritu.

Cuando Jesús encarnó, su condición humana le recordó en muchas ocasiones que las emociones le pertenecían, y llegar al estado total de desprendimiento implicó un largo camino hacia la cruz.

Se ofreció como referente y para ello, experimentó todas las situaciones de amor y dolor en carne propia, comprendiendo el significado de ser un alma pura en un cuerpo humano y haciendo pleno el acompañamiento  del amor del alma que conocía,  con el cuerpo y la mente que llegó a conocer y padecer hasta comprender.

Mirando Su Presencia, quizás podamos entender que la reiteración de episodios de amor es la esencia innata reflejada en el afuera, y la repetición del dolor es la sanación de lo vivido para llegar a la real  comprensión de las emociones y sensaciones de quienes tienen también la misma naturaleza humana que nosotros.

La empatía puede transitarse desde la piedad, desde el espíritu calmo ,  pero si se añade junto a las vivencias propias, la interpretación será el claro reflejo de los ojos de Dios a través de un cuerpo humano.

Y así como el dolor enseña, sana, aporta sabiduría para la mirada propia y ajena, así es también como se manifiesta la relevancia de vivir en el afuera  Su Amor Infinito  que pertenece a nuestro corazón.

Desaprendiendo y desaprehendiendo lo que nos marcó un apego innecesario de desconocimiento, el deseo vuelve a surgir sin las sombras efimeras que buscaban la posesión  y reclamo de pertenencia ficticia.

El amor no se amarra, se siente, fluye, libera, nos hace inmensamente libres, y estando encarnados, el anhelo se centra en la manifestación de Dios a través de un igual que nos refleje en todas las esferas. Es el encuentro con uno mismo y el amor de El  mediante el espejo del alma que no tiene nombre, carátula, ni premisas obligadas.

Pero para ello es necesario dejar el mundo de la forma como lo hizo Jesús desde su mente y alma , desapegarse de toda creencia limitada, y expandir Su Luz en la misma condición que El lo hizo. 

Para que las almas puedan ser reflejadas no hay nada que podamos percibir más que el amor innato que nos cubre desde el principio que es lo que nos viste, nos da el alimento, nos nutre y nos hace plenos.

Quizás comprendiendo las Palabras de Jesús desde la desaprensión podamos vernos reflejados en un mismo espíritu con El y con quien tiene nuestra misma esencia , pero con otro cuerpo humano.

El no sentirse de este mundo material y dimensional más denso no significa no encajar, sino tener la enorme Misión de traer el Cielo a la Tierra para fusionar el Amor de Dios de este plano a través de un cuerpo humano...es tomar todas la verdades y a su vez ninguna.., es sentir tener los pies en este mundo y el corazón junto a Dios, es encontrar  SU AMOR en cada parte del universo , es unir los latidos de cada corazón para formar Uno, es EL, sos vos, soy yo...SOMOS TODOS ...