Quizás aún no podemos vivenciar plenamente el Cielo en nuestro corazón , la estabilidad que indique que podemos ser parte del mundo sin por ello sentirnos involucrados en el rol que vinimos a ejercer, pero aún en la no constancia de nuestras emociones sabemos que nuestro Templo Interior tiene la cimentación necesaria para dejar de sentir que le debemos algo a alguien o que defraudamos a alguien.
Somos seres completos, que no necesitamos reclamar nada ni pedir anexos que nos complementen porque tenemos todo lo que forjamos desde el nacimiento y que, a fuerza de mucho esmero y dolor, pudimos recuperar.
Sentir los vaivenes emocionales no implican volver hacia atrás, sino la aceptación de que tenemos una naturaleza humana que respetar y escuchar pero que no será perdurable en el tiempo como para dejar de sentir quienes somos en esencia.
Los quiebres desaparecieron y las lágrimas quedan en este plano de sensaciones ambiguas mientras , la sabiduría del alma nos toma en sus brazos para consolarnos y recordarnos el camino que transitamos.
No hay fuerza externa que pueda hacer desaparecer o mitigar el recorrido que se afianzó en el amor más pleno y sublime que Dios nos depositó en el interior y que, hasta el fin de los tiempos permanecerá inmutable aunque las tempestades insistan en derrocar el esfuerzo pasado.
Tenemos las herramientas acordes a cada situación, podremos mezclarnos en el cotidiano vivir , pero los recursos adquiridos nos rescatará de nosotros mismos cuando nuestra voz no pueda ni quiera ser escuchada y sintamos, quizás algún desconcierto anímico.
Vivimos muchas diversidades y eso indica que podremos o no entrar al corazón de quien necesite ayuda , no obstante, con el denominador común del AMOR podremos no llegar quizás a la mente pero sí al alma que busca salir entre las penumbras del desconocimiento, formación y reglas rígidas que se impusieron durante años.
No hay nada por fuera que cambie una esencia divina que nos pertenece. Podremos estar insertos en variables de pensamientos y acciones, pero no podremos jamás modificar el amor innato que permanece por siempre en nuestro interior y que es el tesoro del cuál Jesús habló y esperamos encontrar en algún acontecimiento externo
Lo demás? Viene por añadidura.....
