Haber recorrido un camino espiritual con nuestra naturaleza humana como parte relevante de la unidad, nos encuentra frente al aliciente necesario que la Vida utiliza como estímulo para que aprendamos.
El impulso que Dios elige para nuestra enseñanza no tiene el valor dentro del intercambio de relaciones como entidad única condicionante, sino como parte del todo que fue seleccionado por El, para estar cerca nuestro profundizando en pensamientos y sentimientos.
El impulso que Dios elige para nuestra enseñanza no tiene el valor dentro del intercambio de relaciones como entidad única condicionante, sino como parte del todo que fue seleccionado por El, para estar cerca nuestro profundizando en pensamientos y sentimientos.
No sabemos con certera su origen, ni de donde mágicamente apareció, pero sí sabemos que nos provovó tantas emociones juntas que no pudimos desprendernos fácilmente de la sensaciones vertiginosas de movimiento constante.
Si partimos por premisas donde las pérdidas , al ser generalmente las que más nos enseñan para crecer en lo trascendental , se convierten en la privación del deseo de lo irrealizable e inalcanzable , entenderíamos por qué al no concretarse se transforman en la carga más dolorosa jamás sentida permaneciendo en nuestra frecuencia, hasta poder superar el espejismo e ilusión que nos movió el ser en cada partícula.
Nos dañó tanto, nos ignoró de tal forma que perdimos la perspectiva de por qué le dimos dones con magnitudes tan inigualables que nos desorientó y desconcertó sin dar respiro alguno.
Elevarnos por sobre nuestra limitación es poder trascender también las actitudes egoístas y paradójicamente sublimes, de quien tuvo la misión de ayudarnos a crecer pero, si atribuimos exclusivamente a la persona que nos afectó la desdicha de lo sufrido, perdemos la capacidad de seguir dándonos cuenta que sólo intercedió para que podamos vernos . Sin embargo ahí estuvo, en el dolor de lo imposible , el estremecimiento del cuerpo y del alma , en el despertar de lo escondido por años. Nos mostró que hay una manera de superarnos , que no tenemos límites más que los impuestos por la propia mente...fue la controversial sonrisa disfrazada de lágrima que despertó lo mejor de nosotros mismos.
Pero al ser tan motivador y exclusivo no supimos como acomodarlo, ya que sólo aprendimos a amarlo dentro del proceso de deshoje de los pétalos marchitos.
Los extremos del dolor y el amor, de la alegría y la tristeza, de lo mundano y terrenal.
Y como sentimos que no podemos seguir dejando en nuestra esencia lo que aún no nos permite volar que, ante la premura del bienestar propio, tenemos que definitivamente dejarlo libre para que siga su propio camino de aprendizaje. Pero para ello hay una condición humana que requiere del mayor despliegue de nuestras virtudes para poder sanar definitivamente el niño interior que clama la paz constante: EL PERDÓN.
Con mucho amor en nuestro corazón, con lágrimas escurriéndose en el rostro y luz iluminándonos desde lo más recóndito del ser perdonamos todo el daño que nos ha hecho.
Damos las gracias por ayudarnos a crecer y lo liberamos para dejar de seguir creciendo desde el dolor . No hay impedimentos entre nosotros para poder mirarnos y entregar el perdón por habernos dañado tan desmesuradamente.
Somos libres, ya no tenemos más para aprender porque entendimos que la luz interior es la que alumbrará el nuevo camino personal a seguir. No busquemos seguir viéndonos reflejados uno en el otro, porque el brillo tiene su propia fuente de iluminación que esparcirá sobre la tierra los dones del amor eterno.
Ya no podemos ayudarnos más, porque lo que quede de camino será recorrido con la mirada del propio Dios del AMOR interno que nos dará las respuestas que tanto buscamos. Y si algún día nos encontramos vibrando en la misma sintonía, quizás podamos compartir una manera de sentir uniendo el Dios de cada uno para formar una tríada inseparable del amor más puro.
Mientras tanto el perdón deja una huella en el camino que cada uno elegirá o no como señal indicativa para retornar definitivamente al Hogar. Somos libres...ya nada nos ata ni acota...aprendimos , y porque lo hicimos que entendimos que el amor incondicional es aquel que no impone el camino de regreso sino que sugiere con su amor inagotable un nuevo camino de partida.
