
Conflictos y dudas, equivocaciones que sentimos tener, impulsos de creer saber por donde va el camino, desilusiones de no encontrar la luz que no deje de alumbrarnos y dentro de todos los vaivenes , el ser en cuerpo, mente y alma que vibra al unísono de lo trascendental y el universo entero con su amor y brillo que irradia hasta las penas más profundas.
Llorar de tristeza, llorar de emoción de la capacidad enorme que tenemos de amar, de dejar la vida misma por ese amor que nos embriaga, nos sana, nos mueve las fibras íntimas y nos eleva a los lugares más fantásticos.
Estar enamorado permanentemente a pesar de las lágrimas y las adversidades, sentir en todo momento la química en el cuerpo, la razón que deja de arbitrar y cede el poder al alma que fue mostrando el verdadero amor en cada una de las células, de los pensamientos , de los hechos adversos y de la ley del hombre.
Un amor que trascendió raza, edad, sexo, credo, un amor que unifica el ser con todos los que lo rodean, que alumbra las sombras que nos opacaron, que trasciende la propia naturaleza humana.
Una caricia al amado, un susurro a su corazón y las penas que se transforman en el manto del amor con el cuál Dios nos cobijó hasta que podamos vernos, conocernos, entendernos y ya sin miedos emprender el camino de regreso a Casa.
Un alma que late en la misma frecuencia que quien peleó hasta morir para defender su palabra , su arbitraria manera de ver la vida, su nuevo sentido que aparece entre las sombras débiles del muro de contención acotado y formal de los hombres.
Y los ojos humanos aún no ven pero los ojos de Dios ya están en la morada del ser que no distingue la naturaleza humana con la espiritual y se eleva con los miramientos más sublimes para cobijar las almas en busca del amor perdido de su corazón.
El mundo ideal que soñamos se evaporó, se perdió entre razonamientos y quimeras pero quedó el brillo del amor sublime , puro, e innato que guarda todo lo que fue y transforma en caricias lo que tanto dolor nos provocó.
Ya no hay nada por buscar sino vivir, dejar que el corazón siga latiendo hasta que la propia sabiduría del amor una lo que Dios entrelazó desde un principio y que no puede ser separado por el mundo de los hombres que generan las desuniones al proteger con normas estrictas lo que pertenece al mundo libre de Dios.
El amor es uno sólo, dejemos de querer distinguir formas que hacen a lo humano...
Tenemos la misma esencia en Dios, y al dañar o dañarnos estamos afectando el universo entero...
Dejemos por un momento de pensar y sintamos el latido de nuestro propio corazón que tiene toda la sabiduría y el AMOR sanador que tanto necesitamos...
Escuchemos el ritmo del amor que trae el Cielo a Tierra, sintamos la luz que nos ilumina estando en estas esferas humanas, miremos a quien está lado y descubramos la Cara de Dios en cada uno de ellos..
Amemos, sólo amemos...