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"Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos pretenderán entrar, y no podrán."

Cuando vamos observándonos en el largo recorrido que hicimos, podemos detenernos para observar que los sueños, los deseos, y las expectativas, van lentamente cayendo poco a poco y que, el Dios de la forma que aprendimos a amar y que nos enseñaron a crear con la mente para merecer el Cielo Eterno va esfumándose junto con los dolores más profundos.

Sin embargo, ni el purgatorio nos atrapó, ni podemos culpar a una fuerza siniestra de nuestras penas, ni a una luz blanca que albergue nuestras alegrías y,  a solas, con imágenes endebles que caen nos vamos encontrando nuevamente  con nosotros mismos.

Nos preguntamos a quién tenemos que reclamarle nuestra desdicha y sin mucho más para ver, nos damos cuenta que nuestro Dios de la mente no puede responder por nuestras penas porque fue armado desde la racionalidad acotada y no desde el corazón.

Y es así como los ídolos de barro van perdiendo su fuerza, miramos por las dudas alrededor para notar si baja el rayo que parta la tierra en dos o el espíritu que descienda y llene amorosamente de amor nuestra vida pero,  desconcertados, seguimos viendo que no pasa nada de lo que creíamos que sucedería si actuábamos de una forma u otra.

Fruncimos el entrecejo, miramos agudamente la vida y sin demasiadas fuerzas para seguir analizando nos encontramos sólo nosotros con nosotros mismos y lo que fuimos transitando en cada etapa de nuestras vidas.

Sabemos y vamos aceptando que quizás fuera no encontremos el armado que la  mente  hizo de un Ser superior y que ninguno de los atributos que le dimos sean auténticos,  pero llegamos a conocernos, reconocernos y no tenemos duda de quiénes somos nosotros con  la capacidad enorme de dar, de amar, de entrega total hacia una meta e ideal de vida.

Lo externo comienza a perder valor y nos apiadamos de lo que hicimos, de lo que sentimos, de nuestros sacrificios y la entereza que tuvimos en todas las tempestades que nos encontró sin resguardo.

Y lo que antes veíamos como sagrado pierde su valor porque no se sustenta con la mente y todo lo relacionado acotado carece de un base firme que nos oriente nuevamente para ese lado.

En consecuencia, sentimos que lo que nos une al universo y a Dios es el lazo de nuestro propio amor sublime que aunque no pueda apoyarse en ideas sólidas lo conocemos y sabemos de su existencia.

De esta manera no sabemos que piensa quien está la lado pero sabemos qué pensamos nosotros, no sabemos cómo sienten quienes están alrededor pero sabemos de nuestra capacidad inmensa de amar, no sabemos de que es capaz quien tenemos enfrente pero sabemos de la audacia y valientía que adquirimos para encontrar la verdad interior sabia que proviene del Cielo Trascendental.

No pudimos ver con nuestros ojos, pero  aprendimos a mirar con el corazón, no pudimos cambiar lo que no nos gusta  pero podemos cambiar nosotros, no pudimos reunir a todos pero podemos acercarnos para ser más, no pudimos traer el Cielo a la Tierra pero podemos crearlo en nuestro interior y remontar vuelo para llevarlo a todas partes, no pudimos creer en un Dios limitado que acota la forma de amarlo pero podemos sentir que abarca nuestro corazón y que paradójicamente puede tomar la forma que desee para ser visto.

Y así, podemos , si queremos, dejar de creer en lo que vemos pero no podemos negar y esconder la mirada que adquirimos cuando nos impregnamos del amor del Dios que armamos con nuestra mente. 

Podemos apagarnos si eso es lo que sentimos pero nada ni nadie puede hacer que deje de brillar el alma de todos los que conformamos el universo, atrapados o libres, decepcionamos o alegres y que escuchemos el latido de quien nos dio la vida y nos observa hasta que soltemos lo que debería hacer para pasar al  debería SER. 

Miremos , mientras  pierde sustento la vida misma , como una fuerza poderosa de amor nos eleva a la inmensidad...pongámosle el nombre que queramos, adornemoslo con lo que más nos gusta pero, por sobre todo miremos su interior porque tiene la misma sabiduría innata que permanece en nuestros corazones..

"Dijo a Pedro: "¿no habéis podido, pues, velar conmigo una hora?"

El camino de la espiritualidad es un recorrido muy solitario, con muchas pruebas, con muchos pasos para adelante, y otros tantos importantes para atrás.

No podemos juzgar ni ser juzgados, y cada uno hará su trayecto de la manera que desee y pueda hacerlo.

Depositar las expectativas en una ayuda externa nos traerá, en algún momento, una desazón que complicará aún más nuestro estado de angustia, y la desesperación se apoderará de nosotros.

La complejidad desde lo humano, es la simpleza desde el Cielo y, aunque no queramos , tendremos que pisar cada huella que está signada para entrar por la puerta angosta,  sabiendo que corremos el riesgo de no encontrar la salida, o de no poder pasar por tan estrecho espacio.

Nadie más que uno mismo puede saber lo que está pasando en su agonía, y por ello también nosotros mismos seremos capaces de sanar el dolor que nos atormenta y no nos deja respirar.

La magnitud de semejante martirio, es lo que Jesús transitó siendo el referente de las emociones que permanentemente vienen y van en el ser más sensible.

La sanación será nuestra y no podremos ni siquiera señalar a quien no se quedó a nuestro lado porque está recorriendo su propio camino y no puede más que aproximarse  con el sentimiento   de empatía  a nuestras angustias,  sin por ello apropiarse de ellas.

La espera en el otro, es la liberación que tendríamos que dejar y soltar para centrarnos en nuestras vivencias y buscar los mecanismos que aprendimos a crear cuando ya no podemos mantenernos en pie.

Nadie dijo que fuera fácil, y no se saldrá victorioso hasta haber apaciguado todas las emociones y deseos apegados que nos mantuvieron atados al dolor.

El tiempo lineal será la ayuda que requeriremos para sentir que vamos adquiriendo cada día una bocanada de vida mientras va iluminando lo que tenemos que dejar en el camino.

Extrañaremos, gritaremos, lloraremos pero no podemos permanecer lo que resta del día y de la vida, penando por lo que no fue. Lo que no pudo manifestarse en el otro sí pudo expresarse en nosotros y aunque queramos compartirlo no podemos forzar y despertar a quien no quiere o no puede abrir los ojos del corazón a la apertura igualitaria de todos los que conformamos el universo de Dios.

Quizás haya un Dios que nos traiga el deseo, la paz, pero mientras no lo podamos ver , sólo contamos con nosotros mismos y nuestra ayuda incondicional.

Que el camino haya valido la pena, los otros no cambiaron pero nosotros sí, y nos merecemos estar en paz después de tanto esfuerzo...

Confiemos en el Dios de los milagros si queremos pero fundamentalmente confiemos en nosotros mismos...


Tengamos piedad hacia nuestra alma en agonía, y hacia todas las almas que buscan brillar y que al no poder manifestarse dejan en evidencia la crueldad de lo que le enseñaron.


Busquemos la paz entre tanta desazón y no caratulemos el bien del mal, el mundo material es perecedero y no podrá durar mucho el desagarro de la crixifixión.


Dejemos de autoconvencernos que actuamos por el bien común, permitamos que valga la pena que Jesús haya dejado Su Vida  y por sobre todo comprendamos con el alma y no con la mente lo que vino a decirnos..nunca Jesús vendría a dejarnos un mensaje donde tenemos que tomar bandos y aislar lo que no es de nuestro beneficio, abramos de una vez por todas nuestro corazón, aunque con ella dejemos nuestra propia vida...

"¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?"



Cuando vamos creciendo, junto con los afectos y los apegos característicos para sentirnos protegidos y cobijados,  vamos formando también una singular manera de ver la vida y que implica el creer que sin ésto o aquello no podemos vivir. 

Elegimos, tomamos decisiones, lo posicionamos como lo mejor que nos sucedió y de sólo pensar la carencia de ese objeto, persona, institución o situación, nuestro mundo ya no es el mismo y la tristeza nos cubre hasta el lugar más recóndito de nuestro ser.

Nos acostumbramos  a buscar los placeres fuera nuestro , creemos que son los únicos capaces de movilizarnos y  hasta le damos atributos de irreemplazable  tranformándose  así  todo lo que nos rodea  en el mayor deseo de posesión y pérdida  conjugada  con el miedo.

Qué es lo que en verdad tememos perder? El objeto, la persona, la institución , la situación o 
el sentimiento que nos genera ese objeto , persona, institución o situación?

Tememos no poseer lo que deseamos o tememos perder la paz, regocijo, calma que está vibrando al unísono con nuestra esencia y voz interior?

Si partimos de observar que somos capaces de tener dentro , en lo más profundo, todas las condiciones para albergar las mejores sensaciones de bienestar y amor, por qué tenemos que darle el mérito a lo externo cuyo único rol es estimular aún más nuestro ser interior? 

En realidad, ese aliciente, lo que nos muestra, es el reflejo de lo que ya tenemos dentro, por lo que no importa si estamos en el norte, sur, este u oeste porque la  fortaleza y esencia del alma va siempre con nosotros y lo que nos rodea se convierten en los dulces acompañamientos de nuestra vibración. Es entendible entonces que,  si un día deja de estar a nuestro lado o dejamos de estar insertos en esa paz que nos regalan de afuera , el templo sagrado que siempre encontramos alrededor nuestro  podamos encontrarlo en nuestro  interior sin necesidad de creer que  por eso  perdimos lo que ya no podemos o queremos vivenciar. 

Nada se pierde, se reacomoda, nada se extraña, sólo se ve con una nueva visión lo que  pensamos que era único y  para siempre.

Y creo que ésto es lo que vivenció Jesús en su trayecto de vida humana. Los desapegos como sinónimos de superación y trascendencia.

Amó a Dios con todo su Ser, su Sagrado Corazón pero no necesitó ir al templo externo para amarlo aún más. 

Centrado, en paz y con un Amor que abarcó toda la inmensidad creó su propio templo interior capaz de mover hasta lo más denso. Nos mostró una manera diferente de percibir la vida dejando de lado confrontaciones innecesarias e inútiles que lo único que hacen es separarnos aún más.

No existe nada externo por maravilloso que fuera que no sea el reflejo de lo que tenemos dentro. Y como imán positivo y negativo buscan la unión completa para llegar a ser Uno, Uno entre los dos y Uno con Dios mismo...

"El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido."


Como primer paso, e intentando con humildad ver de qué trata la confusión, me parece que tendríamos que entender que es un estado donde los  pensamientos llegaron a un punto de tal dinamismo, con tantas variables , con tantos tenores que  están agolpados en nuestra mente  de una  manera que pareciera que si nos los dejamos salir hacen explosión en cualquier momento.

Los deberes, las normas , disposiciones que nos inculcaron de chicos comienzan a reaccionar ante cualquier evento, sensación o pensamiento que no vaya acorde a la naturaleza conocida rígida del ES ASI ...pero....es así....no discutas.....es así.....sin explicaciones ...

En nuestra  generación  no había posibilidad de queja, ni algo diferente que cuestione , y bastaba sólo la presencia o  mirada de una persona o institución para acatar sin preguntar lo que debía ser de una determinada forma.

Aprendimos a ser más que sentir, a creer que era de esa cualidad y no de otra, pero cuando fuimos creciendo y la vida nos fue brindando los hermosos regalitos de aprendizajes, la cajita sorpresa de encontrarnos todos los días con algo diferente y novedoso , no nos quedó que sacar el desconocimiento de lo no aprendido y hacerle frente.

Tímidamente nos permitimos pensar algo que no estaba dentro de nuestras creencias y, con culpa de por medio llevamos a cuestas la vieja mirada y la tenue luz de lo nuevo.

Un día estábamos almidonados y no permitimos ni por casualidad que se entrevea lo reciente. Nos repetimos muchas veces eso de "más vale viejo conocido que nuevo por conocer" y llevamos el lema en la frente de "no innovar".

Pero otro día tuvimos que descansar y cuando  permitimos relajarnos apareció eso que estaba escondido y nos generó confusión.

Si aún permanecemos con fuerzas y voluntad no le permitimos ni que asome pero si estamos exhaustos y no podemos frenarlo sentimos que la vida se está yendo y caemos.

Un pensamiento y otro, y luego otro , hasta que el grado de confusión es tal que ya no sabemos ni para donde vamos.....

Primer punto....reconocemos que estamos plenamente confundidos y le damos la bienvenida. Entendemos que forma parte de nuestros pensamientos, por lo tanto generados en la mente y sólo la mente.

Producto de lo que vimos, aprendimos o simplemente pudimos percibir, ampliamos el panorama de darnos cuenta que lo que está en puja son las reglas de la mente con el saber del corazón.

Si elegimos que la mente sea la que dirija la  vida tenemos que atenerme a saber que podemos estar un tiempo tranquilo pero que, posteriormente, de alguna forma los sentimientos van a emerger , algunas veces suavemente , otras con ganas de gritar y otras con el dolor más grande porque estuvo escondido mucho tiempo.

Si elegimos que sea  el corazón el que dictamine,  es probable que sintamos que todo es más incierto, porque no sabemos para donde nos llevará  y eso nos produce mucho miedo.

 Entendemos que elegirlo es enfrentarme probablemente con el mayor desafío: el que dirán , las críticas , los juicios pero también podemos percibir que el hacerlo nos va a descomprimir la tensión, la confusión, el  malestar  y evaluamos lo peor que nos puede pasar. Pensamos  si en verdad es tan importante lo que opinen los demás y nos miramos....

Cómo somos, quiénes somos, hacia dónde vamos, a quien le tenemos que dar explicaciones?
Nos observamos nuevamente y nos damos cuenta que el enredo de la confusión se produjo en nuestra mente y no en el  corazón. Tensión o paz? Deber o amor? Finito o infinito?
Acto seguido nos miramos al espejo y vemos reflejada la esencia divina de Dios..no somos la confusión, ni el desconcierto, ni la duda....somos parte de El y como tal lo que dicte el alma es lo que nos  va a llevar hacia la verdadera Paz..

Ahora...
Cuando comenzamos a sentir dentro nuestro que el corazón se nos escapa y permanece como atento, observador , buscando algo,  es porque nuestra amiga la inquietud está mirándonos y acompañándonos .

La pregunta sería que necesita saber, que produce ese desconcierto que no nos permite estar relajados y si bien la mente puede responder, sería conveniente dejar pasar los pensamientos como por un filtro para que lleguen lo más claros posibles a nuestra inquietud.

En realidad cuando tenemos la necesidad de aquietar ya sea sensaciones , formas de pensar o emociones es porque  están desbordadas y no tienen por donde canalizarse.

 Nuestro cuerpo y  mente captó el mensaje pero verdaderamente no sabemos cómo hacer para dejar que fluyan sin darle una mayor importancia que la que tiene.

Primer punto, nos preguntamos a qué le tememos para que nos genere ese malestar, qué sentimos que estamos a punto de perder y sin obstáculos ni mentiras mentales accedemos a conocer lo que aturde y retumba en nuestro ser.

Alternativas posibles: eso que me inquieta ,  si le doy cauce, me generaría un caos  porque cambiaría radicalmente mi vida . No quiero, bajo ningún punto de vista , verme involucrado en movimientos que llamen la atención y menos aún que me enjuicien.

Hago todo lo posible para que pase pero la calma no dura demasiado tiempo porque  no quiero que se altere mi cotidianeidad. Encima tampoco sabría como seguiría si lo permito y el desconcierto me amarra a la ansiedad.

Medito, rezo, hago yoga, miro el cielo, le hablo al zapato y me siento en paz pero cuando vuelvo a la rutina otra vez esa sensación de descontrol que me inquieta pero, si estoy en la rutina y logro distraerme ,cuando me calmo otra vez está ahí y me cansa....

Ya agotado la tomo en mis manos y le digo- Dulzura, decime que te sucede y por qué te ponés así.

Si me dice que se siente mal porque no puede cambiar el mundo , porque no logra que todo sea armonía y que no puede hacer nada para evitar el sufrimiento le digo suavemente que el mundo no se cambia de afuera para adentro sino de adentro para afuera. Si no existe una transformación que parta de cada uno, de nada valdría llegar con una varita mágica y generar un cambio externo que no va perdurar mucho en el tiempo.

Si no llegamos a reconocernos en lo que realmente somos y cómo es la esencia del que está al lado , el sufrimiento va a seguir existiendo. Cada uno es responsable de su vida, por lo tanto,  nadie más que la propia entidad puede generar el cambio necesario para una nueva visión de lo externo. No es importante que cambie el otro si no empezamos por nosotros  mismos......

Si me dice que se siente mal porque está yendo para el lado opuesto a lo que eligió para su vida la acaricio y le pregunto quien dijo que una decisión hecha por la mente no pueda revertirse.

Si mi hijo , en su aprendizaje de vida toma decisiones que probablemente no sean las más acertadas , lo voy a condenar para siempre o le voy a decir que sus "errores" forman parte de un crecimiento y que si no caemos una y otra vez no podríamos encontrar los opuestos para luego unirlos?

Nos enseñaron a ser incondicionales con todos, las pruebas más difíciles las tuvimos que pasar amando incondicionalmente al otro pero nos olvidamos de nosotros mismos.

No podemos ser ilimitados con nuestro sentir y pensar y pretendemos guardar como en una cajita lo que no va con la corriente para que no se escape.

Tememos tanto equivocarnos que preferimos dejar de hacer y sentir. No logramos confiar en nuestra sabiduría interior dada por Dios y soportamos la inquietud como sea.

Dejar ser es no saber hacia donde voy pero sí cómo voy, e ir con paz y confianza es dejar que Dios me guíe el camino sin imponerle condiciones de cómo debe ser.

Estamos esperando una fuerza externa que nos señale el recorrido y perdemos la capacidad de darnos cuenta que Dios nos habla al interior, que la verdad está en nuestro corazón y que nadie más que nosotros podemos saber hacia donde tenemos que dirigirnos. Si aún así siguen existiendo dudas comprendo que  cuanto más nos acerquemos a nuestro ser más profundo más rápido se disiparan hasta llegar la calma deseada donde está la respuesta... 

"¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos!, porque tendrán hambre."


Cuando el cansancio emerge y no logramos distendernos lo suficiente para renovarnos , se acumula cada vez más hasta que aparece el hastío, mezcla de agotamiento, fastidio y hartazgo.

Las situaciones vuelven a repetirse y es como sentir infinidad de dejas vus que insistentemente nos quieren mostar algo que, indudablemente no llegamos a ver.

Si nos animamos a observar, el sentirnos fatigados es un indicio de que tenemos amarrado a nuestro ser un apego que aún no podemos soltar. Nos resistimos y , aunque muchas veces no nos demos cuenta , estamos peleando inconcientemente para no perder lo que tenemos.

A lo largo de nuestras vidas nos formamos con un sentido de posesión que si dejamos que se escape , sentimos que se nos derrumba nuestro yo y la propia identidad.
Casa propia, mi auto, mi ropa, mi trabajo, mi todo, ..

Es sabido que si cuando crecemos no adquirimos lo que es nuestro, pudiendo discernir lo que nos pertenece de lo que no, no podríamos tener la individualidad que nos caracteriza para formarnos como seres libres .

Así es como en la escuela nos enseñan a ser parte de algo, ya sea barrio, educación, círculo social, o económicoo y es totalmente válido para sentirnos que somos unidades completas en sí mismas y que estamos insertos en determinado ámbito al cuál pertenecemos y de esa forma aprender a respetarnos.

Sin embargo, cuando ya aprendimos lo suficiente y podamos trascender ese concepto, nos cuesta mucho deshacernos del sentido de posesión y nos quedamos estancados en lo que nos dijeron y estamos acostumbrados a hacer.

Está tan incorporado en nosotros que hasta las personas formamos parte de otra y nos escuchamos decir frecuentemente: sos mío,  yo te adquirí...

Surge entonces la formación de una red de toma de dominios donde existe el dueño y el empleado, el superior y el inferior, los terratenientes, los burgueses y proletarios.

Nos dividimos cada vez más porque somos perfectamente distinguibles unos con otro acorde al nivel , profesión, oficio o actividad y perdemos la capacidad de darnos cuenta por donde tendríamos que ser medidos.

Si no podemos sacarnos ese rango, o situación vivencial es entendible llegar al hastío y preguntarnos una y otra vez cuando acabará.

No queremos soltar, ni dejar ser , porque no nos sentimos los suficientemente seguros y firmes para ser reconocido por lo que sentimos y somos en esencia y no por lo que poseemos.

Y claro, si no tengo mi propiedad y mis cosas , cómo podría ser yo , cómo sobreviría y con quién me identificaría?

Tenemos que identificarnos con algo o alguien? somos capaces de dejar todo y saber qué sucede después? Tenemos la grandeza de espíritu para no preocuparnos como los lirios del campo que sólo crecen y el resto lo tienen sin saber cómo?

Si nuestra decisión es no dejar ni perder nada ,entonces es probable que volvamos  a sentir hastío y cansancio porque dependemos del afuera que nos subordina y con esa impronta no nos quedaría otra que rogar que aquello que queremos se cumpla..

De lo contrario no hay experiencia ni palabras que puedan transmitir qué se siente estar despojado de todo y sin embargo tenerlo todo....

Es un camino individual y, por consiguiente, sólo uno mismo puede tomar la determinación de querer saber que se encuentra del otro lado....

Un parte nuestra ya se encuentra ahí, la otra sólo puede llegar si le damos la mano, de ser necesario, para que no tema , pero confiados en que lo que veremos es una parte de Dios, Su Amor y Misericordia...

Sin embargo....
"Me cansé de pelear, estoy muy cansado, no quiero continuar más, será así aunque no quiera y no me guste...."

No creo que alguien, en algún momento de su vida, haya dejado de decir alguna de  estas palabras. Ya sea porque es correcto o no, pareciera que no tenemos nunca todo lo deseamos y tenemos que negociar con Dios y la vida para ver qué resignamos y qué no estamos dispuestos a ceder.

Algunas veces  es cuestión de decidirnos a elegir lo que deseamos para que ese objeto de deseo sea lo más inalcanzable, difícil,  complicado y nos deshoje hasta dejarnos sin nada.

 Nos preguntamos frecuentemente si optamos mal, si habrá algo misterioso por lo cuál  lo más enmarañado nos toca a nosotros y sin embargo, cuando nos hastiamos de las dificultades y queremos deshacernos, nos damos cuenta que  no encontramos un igual y eso nos genera más bronca.

Encima eso!!! Aparte de tortuoso , único?
Miremos bien , no perdamos de vista la objetividad. Quizás estemos idealizando y en verdad no sea tan grandioso pero de igual modo.......... no queremos resignarnos!!!!
No, no quiere aquel, quiero éste!!!!

Como sea, idealización,  lo que queremos , equivoquemos la mirada o como más guste, NO ESTA, no puede ser , no se da y seguimos viéndolo como cada vez se aleja más..

Opciones....o seguimos insistiendo y dejamos la vida si dependemos de ello porque si nunca sucede quedamos pendiendo de un hilo...

o...con piedad hacia nosotros  mismos  nos damos  cuenta que no tiene sentido seguir intentando lo que no está en nuestras manos y menos aún si con ello perdemos alegría por el camino.

Si la resignación es una manera de entender que es importante que podamos  salir adelante es favorable pero si lo resumimos en una obediencia obligada creyendo que la vida o Dios confabula en contra nuestro, es probable que nos lleguemos a sentir  no merecedores y dignos y que por eso se nos negó.

Si partimos de la base que Dios nos regaló el  libre albedrío es importante no involucrarlo en una acción despiadada donde no desea que seamos felices.

Todos tenemos dentro una divinidad que, acorde como podamos enfrentar los obstáculos y predisposición que tengamos de ver nuestro interior , podrá vislumbrar más o menos rayos de su grandiosidad. Nadie puede ni debe forzar a nadie a que aprenda lo que no puede aún y si no respetamos esa condición individual en cada uno, nos empezamos a pisotear mal.

Quizás la resignación sea el punto de partida de un respeto y aceptación del otro que está haciendo a su modo y como puede su camino y no una resignación cargada de resentimientos.

No hay nada que tengamos que obedecer más que a nuestra naturaleza dada por Dios que nos mostrará el camino a seguir.

Comenzando con sanar lo que nos daña y continuando con el conocimiento de que no hay reglas a cumplir fuera de las impuestas por la propia mente , entenderíamos que no hay nada que no se desee que no se pueda tener porque el interior es sabio y por lo tanto , recorre el camino que le fue signado por Dios.

Es probable que, en algún momento, queramos  comprobarlo y no está incorrecto, como humanos que somos  nos basamos en lo que vemos y nos urge experimentar pero, si reflexionamos en qué quiso decirnos Jesús con eso de la añadidura , tal vez algún día no tengamos más el deseo de experimentar porque vamos a poder juntarnos sin que nos falte nada y sin tener la necesidad de resignarnos...

"La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre, que me ha enviado."

Cuando comenzamos la escuela de la vida podemos, si es necesario,  faltar, sólo ser oyentes o postergarlo pero, si no continuamos con la tarea de aprendizaje nos vamos a quedar en la mitad del camino porque lo hecho hasta acá, aunque no se vea o no lo queramos ver , está en algún lugar  de nosotros.

Equilibrio, templanza, imparcialidad, reconocimiento, libertad, amor incondicional, sabiduría, paz, forman parte de algunos de los objetivos.

Si ayer morimos una vez más, hoy tenemos que retomar porque El nos espera.

Muchas veces creemos que ya estamos en Su Paz y no nos damos cuenta que en realidad estamos a medias , con una parte nuestra, porque la otra está perdida tratando de encontrar aún el camino.

Esa faceta que trae tristeza, tensión, dudas es la que aún no pudo fundirse con el alma en plenitud y si no está iluminada nos supera y olvidamos quienes somos en realidad.

Entrando en tema hoy nos vamos a referir al disfraz que nos ponemos para andar por la vida para que no nos reconozcan.

Estamos acostumbrados , por falta de mecanismos propios eficaces , de ocultar nuestra verdadera identidad por temor a que nos dañen, no nos acepten o nos juzguen.

En realidad ya de niños tenemos que armarnos de algún camuflaje para poder sobrevivir al medio porque las reglas impuestas nos indican el modelo  a seguir y los cánones de belleza física y mental que debemos perseguir para llegar a la meta.

Así es como nos fuimos perdiendo de grandes, al no haber liberado a tiempo esas estructuras.

Lógicamente que el disfraz que nos pongamos tendrá que ver con lo que nos impusimos como propio que responda a ese ideal ya sea nuestro o ajeno. Una vez que nos ponemos esa vestidura no queremos sacarla bajo ningún punto de vista porque estamos cómodos, nos gusta, nos hace sentir bien, está viejita, gastada pero la amamos. Es algo así como estar de “entre casa” , distendidos, donde nadie nos ve.

Como la vida requiere de muchas facetas nuestras al interactuar con el mundo, nos sacamos ese disfraz y nos ponemos el de trabajador, competente, capaz, llevamos el arma que nos defienda , acompañe, vamos al rodeo  y al terminar el día llegamos a casa , nos desinflamos, y volvemos a nuestro querido disfraz de comodidad.

Otras veces nos ponemos la vestimenta correspondiente a ser buen novio, nos vestimos con lo mejor, nos ponemos perfume , nos peluqueamos bien , llevamos el escudo  y a la aventura del amor. No olvidamos repasar como tenemos que ser para agradar e intentamos que nada escape a nosotros, que no perdamos el control de ninguna situación porque nos desestabiliza mal.

Es de entender que cuando llegamos a nuestra ropita viejita ya estamos exhaustos y ponernos las chancletas nos reconforta como si hubiéramos ganado un gran premio.

Ahora, es necesario cambiar de disfraz todo el tiempo?

- Y claro, cómo no, vivimos en una “jungla” y si no nos vestimos adecuadamente nos pasan por encima.

- Qué pasaría si sólo me pongo la ropa que me va a caracterizar como buen trabajador, buen novio, buen estudiante pero dentro conservo la misma esencia?

 -Pero eso significaría mostrarme como soy y quedo vulnerable.

- Si? Si tengo que ponerme el disfraz del mejor empleado, el buen esposo, el fiel servidor no va a importar, si con ello , no queda mi esencia perdida en el camino. Si sacarme un traje y ponerme otro me tensa es porque no estoy siendo yo en realidad y las fluctuaciones de tener que esmerarme para que nada se salga de control me debilitan y corro el riesgo de querer estar de entre casa siempre y ya no salir más .

Somos los actores de la escuela de la vida que con cada disfraz podemos hacer algo diferente, enriquecernos, sin por ello creer que somos eso que representamos.

Soy profesional, carpintero, modista, empresario? Claro que sí, pero no me condiciona para ser lo que verdaderamente soy , porque no me encuentra teniendo que estar alerta todo el tiempo por si algo se escapa de mi control. Mi intelecto puede dedicarse al trabajo, a la labor que tengo que realizar pero no quedo aprisionada en mi rol y no condiciona mi libertad en lo que me pertenece por esencia de Dios.

No me turbo, no me tenso, no escapo y no me juzgo y si en algún momento requerí de ese difraz para acompañar la vida , puedo intentar ver si algún otro me entra porque no me voy a perder en la forma del afuera mientras mi vida interior esté con El por siempre...

"No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban."



Aprendemos a formarnos ideales, maneras de mirar la vida con ciertas acotaciones de algo en particular y vamos tras la búsqueda de esa idea que de sólo pensarlo nos hace cosquillitas.
Estamos tan convencidos de ella que sólo tenemos ojos para su grandeza, no queremos que nos quiten ni un segundo el deleite de mirarla y hasta no encontrarla no paramos.

Ahora, hay otras ideas que forman parte de nosotros porque es lo que nos enseñaron, lo que vimos, lo que creímos que teníamos que ser.

Y está tan arraigada a nosotros que, pase lo que pase, seguimos unidos a ella y hasta no desfallecer totalmente no podemos dejar que caiga.

Es de esta manera que sufrimos y somos infelices porque, al depender de esa forma de ver la vida, no podemos ver y menos aún sentir, la libertad.

- Pero cómo? Si a mi me enseñaron a tener convicciones!!! Si no tenía ideales me transformaba en un vago, bohemio , irresponsable.

Y claro, es lo primero que nos hacen ver nuestros padres para adquirir las herramientas fundamentales para fortalecernos , para no ir por la vida sin rumbo fijo, para poder centrarnos pero,  una vez adquirido, hace falta la vuelta necesaria para darnos cuenta si es auténtica nuestra visión.

- Cómo puedo saber si estoy persiguiendo una idea auténtica o equivocada?
No existen ideas acertadas o no porque  forman parte de lo ficticio, de lo armado por la mente pero sí existo yo que soy real y mi cuerpo, mente y espíritu son los que me van a dar la premisa de por donde va el camino de mis pensamientos.

Si actúan en conjunto armoniosamente, nunca de ellas "se queja" de algo, ni el cuerpo me llama la atención, ni la mente me dirige la vida , ni soy un espíritu volando que el raciocinio no sabe para donde ir. Ellos actúan interrelacionándose y arman una fuerte trinidad , Unidad y  Paz. La Sabiduríaque Dios nos da, no es saber si vamos hacia un lado u otro, sino aprender a escucharnos a nosotros mismos y todo lo que cada parte nuestra quiere decirnos.

- Y claro, yo lo escucho y después qué hago? Estoy en una situación donde el cuerpo grita, mi mente está aturdida y mi espíritu ni lo siento, insisto en esa idea o porque es lo que conozco o porque la fijación hace que no pueda salir de ella ...qué hago?

Observarse en un excelente punto de partida. Muchas veces no nos damos cuenta que ese es el comienzo de un cambio importante porque lo que pasa casi siempre es que nos negamos a vernos , a saber que quiere decirnos nuestra naturaleza divina y seguimos acotados en la ceguera que no nos permite salir. Preferimos dejar la vida a cambiar y le tenemos pánico a nuestro aspecto delicado, susceptible que habla con toda la Sabiduría de El.

No queremos salir de donde estamos y nos ponemos excusas permanentemente o simplemente desviamos la mirada. Si observamos nuestra vida nos damos cuenta fácilmente que nos enseñaron a ser responsables y correr tras las los conceptos pero lo que menos hacemos es hacernos cargo de lo que , en esencia nos corresponde. Y otra vez el afuera, el sistema de creencias que nos solidifica, que nos contiene tanto que creemos ver nuestro interior cuando en realidad somos presos de nuestro exterior y falsa realidad interna.

- Pero cambiar me traería mucha infelicidad, me generaría mucho sufrimiento...

Creemos que el cambio nos traerá más pena y agobio y no nos percatamos que estamos sin saberlo  en búsqueda de libertad, de aquello que nos descomprimirá en algún momento de nuestras vidas. El sufrimiento no va desaparecer mágicamente pero al no estar ligado a la idea va a ser proporcional a la liberación y la calma posterior.

Le tenemos terror a ser libres!!

- Pero qué hago si soy libre? De dónde me tomo para seguir ? 

Nada, porque ya no somos nosotros los hacedores de la vida sino El que nos va llevando por donde es Su Voluntad.

- Pero yo  no creo en Dios....

No creas, de igual forma fluís.....la libertad  es Dios y no hace falta que armes tu mente en una creencia determinada.

Sin rótulos, sin títulos, sin marcos que nos contengan ...

-          Pero es tu idea!!

Qué idea???       

"Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta."

Equilibrar nuestros aspectos requiere de mucha constancia y paciencia, de soltar lo más amado para que vaya perdiendo el dolor de la separación y pueda encontrar el don de la comprensión para revertir las sensaciones que nos tironean permanentemente.



Si observamos la vida misma y el estar insertos en ella con toda nuestra faceta humana colmada de emociones y sensaciones, entenderíamos por que estamos fluctuando en muchas ocasiones, y por qué lo que parece estar inmerso en la mayor quietud de estabilidad, en realidad y en lo profundo, no lo está tanto.




Decir que en lo cotidiano no tenemos que elegir, es como pretender sobrevivir sin comida y agua,  y ahí creo que está la sutileza de la que habló Jesús cuando se refirió a los lirios del campo que sin preocuparse lo tienen todo.




Optar por una esencia manifiesta pura y transparente, es poder dejar de lado las actitudes de la razón que se centran  en el beneficio del ego o que se arma para no ser dañado. 




Decisiones basadas netamente en la mente analítica, fría y medidora,  requiere de todo el esfuerzo para mantenerse en el tiempo al requerir estar  expectante de lo que pueda desestabilizarla y no permitiéndose flaquear para no dejar ningún flanco libre a lo que nosotros creemos que forma parte de nuestros enemigos.




Opciones.... ni buenas ni malas,  sino  maneras de elegir cómo vivir el presente midiendo hasta dónde estamos dispuestos dar y dando lugar a que las relaciones se tornen aún más complicadas al tener que coincidir no sólo en lo básico del vivir,  sino  también en la concordancia necesaria que implica el dar hasta un cierto límite por no estar dispuesto a ceder todo.




No queremos entregar y menos aún perder,  y se establecen acuerdos de cómo vivir las relaciones en todos los aspectos, llegando a consensos algunas veces e  intentando armar lo mejor que podamos el trato con el otro con las únicas  herramientas que estamos dispuestos a utilizar.


Pero...por otro lado estamos los que sentimos que ya no tenemos nada por entregar, o que generamos repetitivas entregas porque cuando creímos que soltamos,  nos sorprendemos nuevamente con que tenemos amarrado ese episodio o persona que moviliza nuestro ánimo a las sensaciones de tristeza y nostalgia por lo que no fue o dejó de ser.




Somos todos aquellos que sentimos que decisiones basadas en la mente racional dejaron de ser efectivas, porque conocemos el trayecto de enfermar el cuerpo al experimentar las consecuencias físicas y psíquicas de estar alejados del corazón y el alma. 




Estas últimas son las que yo llamo la elección de no elegir y que no tienen que ver con un aspecto interno incapaz de acción , sino con un reclamo de esa otra parte que necesita que la miren y dejen de hacer por ella. El alma  vibra en el Ser y sólo cuando la acción la mira antes de actuar, es cuando puede seguir manteniendo y manifestando el  mismo nivel vibratorio.  
Aún duele? dejemoslo correr, 




aún no pasó? miremoslo como va,




aún está el deseo ? elevemoslo lo más alto posible y recordemos que lo finito en relación al apego requiere de su paso para decantar lo que verdaderamente brillará por siempre..




Estar emocionalmente arriba o abajo hace mención a un estado momentáneo ,el ser forma parte de lo que no se puede juzgar y como tal no encuentra su lugar estando de una manera u otra, porque sólo existe como esencia del alma , sólo existe como Dios...

“Oyeron que les dije: Me voy y vengo [otra vez] a ustedes. Si me amaran, se regocijarían de que sigo mi camino al Padre, porque el Padre es mayor que yo.”

Quizás por nuestra naturaleza humana, el quedarse quieto sea indicio de no ser, de no generar acción útil y no tirarse de lleno a los movimientos de los cuáles estamos acostumbrados.



Dejar que el ser permanezca y  se manifieste sin ambigüedades , es encontrar esa calma que, de alguna forma u otra, reclamamos fervientemente cuando las emociones límites y  sufrimientos nos balancea para todos lados.




Pareciera que nuestra búsqueda se centra en ese estado inalterable e inalcanzable pero que, sin embargo, cuando logramos alcanzarlo,  paradójicamente nos hace sentir como estar vacío, sin nada para hacer, sin un sentido que dirija el día a día  y, nuevamente, nos surge  el replanteo de volver a preguntarnos ..y ahora? dónde estamos situados?




Así como necesitamos reiteradamente ir y venir para aprender de situaciones, acontecimientos o personas , así creo que  necesitamos ir a las polaridades del Hacer y Ser, para experimentar esos extremos y  alcanzar , posteriormente el equilibrio justo sin discriminar uno de otro.




No es sino experimentando donde llegaremos a darnos cuenta que todo, absolutamente todo es valioso y necesario para la vida porque al tener su contraparte esos extremos se funden formando una única esencia sin calificativos de buenos o malos. 




Discriminar si debemos hacer o dejar de hacer, si tomar la iniciativa o esperar en una línea contínua sin revisiones , es seguir sectorizando bandos que nos pone en un lugar u otro y, por lo tanto, harán que la balanza se incline más hacia un extremo en particular dejando al otro inutilizado . Que para cada ocasión requeriramos de manifestar algunas maneras  determinadas   no dictamina que seamos categóricamente eso que hicimos o dejamos de hacer . 




Lo existente en el mundo requiere de una atención donde podemos advertir que, si está presente en la vida es porque hay una contraparte que la sostiene. Es algo así como el principio de acción , reacción  en donde si se  actúa sobre una parte ,  la reacción será la misma en fuerza pero en sentido contrario. 




Tal vez no tengamos que irnos muy lejos para entender cómo funcionamos en  el mundo al comprender que todo aquello que vemos como leyes físicas también se nos puede presentar en nuestro pequeño mundo de unidad de cuerpo , mente y alma.




Así como la ciencia  requiere  de principios comprobables y medibles es probable que las leyes espirituales no podamos comprobarlas en conjunto por las diferentes aperturas del ser humano a la conciencia pero que sí se trate de intentar hacer una  propia lectura que el Universo y Dios tiene para que descubramos. 




Cada vivencia es una proximidad a una verdad , no como única para todos sino como exclusiva para cada uno de nosotros porque mora en la sabiduría que tenemos en la esencia del alma. Si no partimos por dejar de  querer convencer que nuestra certeza tiene que ser para todos igual perdemos la perspectiva de amplitud con la que Dios nos mira.




Si algún día pudiésemos dejar que el ser pueda manifestarse plenamente sin interferencia del ego es probable que podamos unirnos en una confirmación que hará que miremos para el mismo lado pero, hasta que eso suceda, seguiremos haciendo el recorrido individual encontrando similitudes  en algunas ocasiones y heterogeneidad en otras sin quitarle el mérito de  válido al sendero que cada cuál recorre.




Encontrar en nuestro trayecto hacia la Dios afinidades y semejanzas con otras personas para poder vernos reflejados es un regalo hermoso que nos puede dar la vida,   pero hasta que nuestro interior no esté equilibrado, uniendo la ilusión de los extremos y reconociéndonos  en el otro, es probable que sigamos relacionándonos con desaveniencias y lucha de poderes.




Honrar la vida es a mi entender dejar que cada experiencia nos nutra de lo que quiere enseñarnos hasta que podamos definitivamente dejar SER sin sentir que perdimos algo grandioso en el camino y recuperando nuestra unidad con Dios y el Universo .