Cuando vamos transitando la vida adquiriendo conocimientos e incorporando lo que nos enseñan para asimilarlo, nos encontramos que, en algún momento , nuestro ser ya no puede tomar como real, autoritario y excluyente lo que se presenta fortuitamente y en ese encuentro de lo externo con lo interno es donde se genera el movimiento solicitado por nuestra esencia para hacer un alto y observar .
Cuando somos niños existe una condición necesaria donde la información que nos llega tiene que incorporarse a nuestra identidad para formarnos como personas moralmente estables y apropiadas a un sociedad , sin embargo , una vez recorrido el camino básico es fundamental terminar de realizar el resto del tramo con nuestra propia percepción de la realidad que armamos sin restricciones en cuanto a los ideales apropiados.
Si dentro de nuestras inquietudes, ansias y agitación se va forjando un sendero espiritual que tomó en su principio una formación religiosa o creencia determinada cabría preguntarse como se condice ahora, ante la unidad que sabemos que somos y su auténtica sabiduría interior, con los referentes divinos que tanta conmoción nos generó al contemplar y vivenciar sus vidas.
Poder reubicar y resignificar la celebridad llamado maestro, gurú, avatar dentro de nuestra creencias es poder amplificar el campo de lo finito y la forma que nos condicionó a una visión quizás cierta pero incompleta de la esencia de esas personas que han dado tanto para nuestro aprendizaje y crecimiento interior.
Si partimos por entender que la naturaleza de esos grandes maestros fue tan humana como la nuestra es indudable que podríamos comenzar por dejar de darle el dote de divinidad como algo personal y exclusivo al cuál nosotros no podremos llegar nunca. No olvidemos que lo que la historia nos cuenta es la transcripción e interpretación de hechos narrados en los cuáles pudo haber cierta objetividad o subjetividad al momento de plasmarlo y que, en definitiva puede llevar que la esencia se pierde a medida que va siendo cada vez más manipulado.
Cuando la emisión sufre por el camino descargas quizás muy emocionales que son tomadas desde ciertos ángulos correspondiente a distintos grupos formados que hacen de la divinidad su propia interpretación , el optar por esa creencia no marca más que una mayor representación de nuestro interior que se refleja en esa certidumbre pero que no hace arbitraria su lectura y análisis.
Sin embargo, elevarnos por sobre el mundo de la forma nos da la posibilidad de poder ver todo y a su vez no ver nada pero no como actitud escéptica sino como la nueva visión de nuestro interior que no necesita de intermediarios para hacer conexión directa con la fuente.
Aún así, si seguimos viendo que la vida es una escuela de aprendizajes entenderíamos por que existen tantas religiones sumamente hermosas y profundas que nos dan lo que al momento necesitamos. Quizás por eso no cabría descalificar alguna sólo porque no coincide con nuestra visión porque cada una tiene su propia sabiduría adecuada a quien desea incorporarla a su vida para enriquecerse. No obstante si no mantenemos la cordura y equilibrio de lo que vemos y sentimos es probable que nos agarre un "surmenage" místico que nos decoloque y nos sintamos indignos de parecernos a la deidad o nos armemos un rol con superpoderes donde manejamos como dioses humanos todos los aspectos inherentes a esa creencia para el bien propio egocéntrico.
Todos estamos aprendiendo, todos cursamos niveles en la escuela de vida que nos marcará una forma diferente de ver la realidad en la cuál estamos insertos y dejar que cada uno siga su propio ritmo y tiempos es la sabiduría que no la enseña nadie sino que viene dentro nuestro como tesoro de Dios.
El amor es el denominador comun entre todos, algunos en forma consciente, otro inconsciente pero lo que nos une inexorablemente desde la aceptación y la incondicionalidad.
El mito de los grandes maestros es real y no porque nuestras ideas mundanas interviniesen sino porque podemos experimentarlo con una conexión directa con ellos si dejamos de lado lo que nos limita y aleja a unos de otros. Porque paradójicamente esa quimera tomó cuerpo cuando pudimos verlo y sentirlo con su condición humana y su lucha de búsqueda de su propia realidad interior.
Esos referentes hermosos tienen un nombre en el mundo de la forma pero ninguno en la morada de Dios, están para que los veamos porque se expresaron desde lo físico pero si no trascendemos el rótulo que el mismo hombre le asignó es probable que sigamos cuestionando y discutiendo en que lugar deberían estar.
Dejemos que la manifestación llegue a nuestro corazón y que pueda resignificarse de adentro para afuera dejando todo prejuicio e imposiciones de lado y sintiendo que brillan por lo que ES y no por lo que hicieron.
Dijo Dios YO SOY EL QUE SOY , interpretemos esas palabras con la amplitud mental primero para posteriormente dejar fluir ese amor en nuestro corazones que no juzgan ni dictaminan la forma en que cada uno se acerca a su propia redención.
