Experimentamos que se siente vibrar con un Ser Superior que todo lo puede, estremecernos de amor y armonía con nuestro ser y con los demás, tener la mirada piadosa de Dios que puede mirar el Universo pleno sin abrir juicios y aunque pareciera que la paz colme nuestra unidad caemos en una meseta que nos indica un alto en el camino para rever.
Y sin quererlo ni desearlo miramos alrededor , entramos en nuestra intimidad del alma y lo que sentimos dista mucho de lo que hasta hace pocos momentos colmaba de felicidad todos los sentidos.
Comenzamos a transitar una vida sin Dios ni ilusiones que llene nuestra vida de flores aromáticas y, perdidos, con angustia y desazón, nos preguntamos que nos pasó, que provocó el derrumbe de lo que estaba en nuestra esencia.
Formamos parte del mundo, del tumultuoso vivir cotidiano y no podemos dejar de cuestionarnos donde está la divergencia entre lo que sentimos, vemos, actuamos y dejamos ser. Observamos a quien está al lado y se nos abre el interrogante de como haremos para vivir como ellos, de donde encontraremos la satisfacción en este plano que carece de la espiritualidad que existe pero que no puede ser plasmada.
Y ahí nos damos cuenta que somos uno más y que la diferencia radica en los vaivenes de la mente que seguirán un modo de vida acorde a las necesidades o desconocimientos.
Aferrados a creencias, siendo interlocutores, en un campo, en la gran ciudad, en el templo todos siguen el rebaño que es guiado por lo que a su mismo líder le enseñaron. Perdemos la capacidad de pensar y nos transformamos en el personaje del ventrílocuo donde hablan por nosotros y nos indican el rol a cumplir.
Estamos tan convencidos que somos lo que nos dijeron que toda luz diferente nos aterroriza al punto de descartar una nueva vida que nos colme de la paz y amor que en el interior anhelamos tan fervientemente .
Sin embargo, podemos estar en la transición de no creer lo que antes pensábamos, de cuestionar nuestros propias creencias pero que no implican escuchar las voces de quien solo tiene que hacer su propio camino y dejar de sentirse que es la voz de Dios para los demás.
Con crisis, con tristezas, con desencantos o desilusiones, la espiritualidad es propia y nada más que nuestro corazón puede indicar por donde seguir el camino que llevará a la paz buscada a través de los medios obsoletos que indican una sumatoria de pensamientos forzados y no de corazones aunados.
Podemos dejar de creer en un Ser Superior si es lo que deseamos, podemos sentirnos lejos de esa vibración que nos dio tanto pero que se evaporó al compás de las emociones, pero no podemos negarnos a nosotros mismos en la condición humana y espiritual que tenemos desde el nacimiento.
Y aunque no entendamos lo que nos sucede , no busquemos respuestas afuera porque si no son desde lo más recóndito desaparecerán tan fugazmente como aparecieron porque carecen de la consistencia de lo plasmado del Cielo a la Tierra por ser armado desde el ego de los hombres.
Dejemos de reclamarle a un Dios de afuera, a una institución o persona , busquemos encontranos nuevamente con nosotros mismos y con la mayor piedad preguntémonos que nos causa la tristeza y desolación que emerge desde lo que tenía todo el brillo propio.
Tengámonos paciencia, miremos como lloramos , amemos lo que nos duele, acariciemos los pensamientos que no paran de ir para todos lados, comprendamos nuestra naturaleza humana..
..si no existe un "Dios" que nos cubra con su amor , cubrámonos nosotros mismos de ese amor que ya conocemos y que nos elevó a lo más trascendental de nuestras vidas..
..quizás., cuando podamos amarnos como merecemos, haga su intervención "ese Dios" que jugó a las escondidas a la espera de que terminemos nuestros aprendizaje y podamos , con todo el brillo que nos recubre, volver a Casa..
