"Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan."

Cada subida y bajada con sus caídas, dolores, resignificaciones y trascendencias, nos portó de infinidades de aptitudes que, acorde a las respuestas dadas en experiencias del presente, nos marcará  lo que  quedó matizado de la sabiduría que tanto costó forjarnos.

Ya no nos asustan las emociones ni las sensaciones, las respetamos pero no las confundimos al creer que somos la reacción sino que comprendemos que dentro de toda expresión, yace una esencia intacta que guía el camino de la paz y la propia redención.

Podemos ser juzgados, devastados de tanto ataque de poder y egoísmo, pero nada ni nadie puede hacer desfallecer la luz del alma que en la calma y el silencio tiene todas las respuestas del afuera.

La mente está unida al espíritu, no se siente aislada y, desde su humanidad,  aprende a aceptarse como es,  sabiendo que  puede colaborar fervorosamente para la tranquilidad que trasciende las esferas físicas terrenales. 

Como guardiana divina cobija al alma, la resguarda de los daños y esquiva sin alimentar la ilusión de la realidad que quiere evidenciarse sin atisbos de reflejos que indiquen que algo puede cambiar y que los sueños  pueden ser plasmados sin necesidad de tener que dejar la vida.

Los vaivenes, las ambigüedades, los extremos de la dualidad ya no se sienten tan tiranos ,porque con cada caída nos fuimos fortaleciendo y las pequeñas muertes empiezan a ser una unidad con el Todo que nos rodea. 

Nada es tan  fantásticamente grandioso ni terriblemente malo, el equilibrio entre el ser y hacer, van encontrando su espacio y el mañana no es cuestionado porque no llegó,  ni el pasado  porque ya pasó.

Es un eterno ahora donde las decisiones, las quietudes, forman parte del cotidiano vivir que fluye con la vida misma sin abrir juicios de donde estamos insertos.

No hay expectativas, el deseo se fue con el arraigo y somos libres, podemos estar tristes, melancólicos por lo que no fue, pero no estamos atados a los demás y el único lazo que nos une a nosotros somos nosotros mismos, nuestro reflejo de nuestra propia esencia que nos hace únicos ante el universo de Dios.

No hay motivos para desbordar de alegría pero tampoco motivos para seguir cayendo, la balanza se equilibra en un silencio ante la pregunta de quien no puede vernos aún con el alma y nos mira sólo con los ojos humanos sin reconocernos.

"Mas Jesús ni aún con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. "

La sabiduría del Rey de los Milagros, Su conexión con Dios y con El mismo...esa fortaleza y templanza lo hizo VERDADERAMENTE LIBRE...