Haber recorrido un largo camino lleno de obstáculos, de aprendizajes y revisiones de la misma vida, nos sitúa en el punto inflexivo del cansancio y la imposibilidad de continuar con las mismas fuerzas que tuvimos al principio.
Pero, aunque todavía no podamos traer el Cielo a la Tierra, depositemos nuestras cargas y fatiga sobre quien nos llamó para superar y trascender todas las limitaciones humanas.
Confiemos en que, aunque no veamos el final del camino que nos de la comprensión de por qué vinimos y encarnamos en este mundo físico, la calma previa a la sabiduría dará el tiempo justo para el procesamiento de las nuevas miradas adquiridas en cada caída y amor sublime que vivenciamos en el escenario de la vida.
Quizás sintamos no tener mucho más para dar, ni fuerzas para continuar en la búsqueda de nuestra propia verdad interior, pero intentemos tomar como referente a Jesús que sí continuó, con sus dolores, desconciertos y paz, el último itinerario de su Vía Crucis hasta la Resurrección.
No busquemos ser como El, comprendamos su martirio y amor al mundo, entrega y pasión para poder reconocernos en sus actitudes como una semilla más del Universo de Dios.
Aceptemos la angustia, lloremos, dejemos de tener la autoexigencia que ejerce presión en nuestro ser exhausto de tanto trayecto con subidas y bajadas.
Reposemos en el amor de Jesús y entregémosle nuestra devoción para ser cobijado en Su Amor que trae la Paz de saber que todo ocupa el lugar al cuál pertenece aunque nuestros ojos vean el mundo al revés.
Entreguemos lo que no está en nuestras manos y apoyemos la cabeza sobre su regazo para ser consolados del agobio que tira para abajo el cuerpo, la mente y el alma que, con su gran esfuerzo logró ser escuchada por la razón.
Recibamos las quejas del cuerpo y la mente que hicieron su parte para acoplarse al alma, entendamos su naturaleza y dejémosla descansar hasta que incorpore la nueva luz de Universo.
Hagamos el parate necesario para comenzar nuevamente el último trayecto que nos traerá las respuestas que vinimos buscando durante tanto tiempo.
Y sequémonos las lágrimas que se escurren en el rostro , no vaya a ser que se nos nuble la vista y no alcancemos a ver al amado que pudo dar el salto y se puso al lado nuestro para hacer juntos la ascensión definitiva a Dios, al Hogar de donde todos provenimos y al cuál TODOS regresaremos algún día...
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