Aprendimos a soltar, a desapegarnos de las situaciones y personas, a alejarnos de lo que no pudimos cambiar y, sin embargo , no podemos evitar sentir la sensación de inquietud y ansiedad que nos mueve hasta lo más profundo.
Los cambios que se están realizando están relacionados a aprender a convivir con lo que casi nunca pudimos: la incertidumbre.
Si a lo largo de nuestras vidas nos enseñaron a que debemos poseer para ser alguien, que necesitamos amarrar para asegurarnos un porvenir es entendible que, cuando dejamos el apego que tanto nos hizo llorar, suframos una especie de abstinencia al no ver y tener controlado el futuro que nos empeñamos en armar y proyectar.
Con nuestra naturaleza humana confundimos conceptos, igualamos necesidades físicas con los deseos de posesión afectivos, y pretendemos adquirir personas o instituciones que nos mantengan en la calma de que no perdimos nada por el camino.
Ante el no saber lo que va a suceder , nuestra mente entra a generar más movimiento, las emociones suben y bajan y, ante lo desconocido comienzan a tejer una trama de ideas que se imponen arrastrando con ellas los estados de ánimos. No poder dejar ser y , ante la necesidad de ver con la seguridad que nos enseñaron a tener , o tomamos dioses que nos asegurarán el porvenir o construimos un mapa mental de qué haremos sin esa concreción de sueños que tanto deseamos.
Nos preguntamos cómo haremos para vivir con nosotros mismos de esa manera y nos despedimos infinidad de veces de la situación o persona amada como si el abismo nos hubiera separado y cada uno volviese a un planeta diferente.
Lloramos, necesitamos ocupar ese espacio del vacío y la mente hace tantas conjeturas para llenarlo que no discrimina si viene de la fuente del optimismo o del pesimismo y queda desbordada sin que haya pasado nada.
Perder el control no es sinónimo de no saber por donde va nuestras vidas porque el que comienza a dirigir es el alma que no encuentra obstáculos para su manifestación.
En realidad no es una pérdida asociada a no saber que camino tomaremos con su consecuente posible equivocación, sino un dejar de atrapar eventos o personas que no podemos ni debemos capturar porque pertenecen al mundo libre de Dios donde todo tiene su lugar correcto y adecuado.
No es como deseábamos? lloremos, ..no nos gusta? protestemos si queremos ..nos resistimos a soltar? sigamos amarrados y veamos qué sucede ...
Aceptemos nuestra naturaleza humana, las emociones que responden a lo que ven y le hacemos creer con nuestra mente, pero estemos un paso adelante sabiendo como actúan y a que responden y extendamos la posibilidad de ocupar ese espacio con lo que somos en esencia: amor puro de la fuente de Dios.
Tengamos piedad de nosotros mismos que actuamos como nos enseñaron y a su vez como le enseñaron a nuestros referentes, y captemos como funcionamos sin caratularnos de buenos o malos sino de seres encarnados en busca de su propia trascendencia y su propio brillo interior.
Armemos nuestras vidas de paciencia, aunque la ansiedad nos reclame en cuerpo y mente, entreguemos la incertidumbre a la incertidumbre que el ser humano no puede captar si no aprende a mirar con los ojos del alma.
Confiemos en la capacidad de vivir sin nada de lo que creíamos , escuchemos las palabras de Jesús cuando habló de los lirios del campo y preguntémonos si El sabría desde su naturaleza hacia donde iba cuando predicó con las palabras del alma y su realidad terrenal lo llevaba a su propia muerte...
Entreguemos, del otro lado y paradójicamente aquí mismo , alguien nos espera para sostenernos..no temamos..SIEMPRE ESTUVO AHÍ!!



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