Flagelaciones

Observemos nuestras vidas y hagamos una analogía con nuestro recorrido para sentir en carne propio los latigazos que recibió Jesús en su trayecto de amor.

Estamos empecinados en querer ver el andar que hizo hasta su crucifixión como espectadores, como observadores de una historia que no nos pertenece. Nos remontamos al personaje y sus palabras, nos enorgullecemos si portamos una cruz porque estamos enaltecidos, y nos estremecemos ante las injusticias.



Discutimos, nos enfrentamos y hasta nos sentimos mal si hacemos algo indebido y sin embargo no podemos darnos cuenta que estamos haciendo más el  rol de fariseos y sacerdotes que el de Jesús.




Tomamos un látigo virtual y culpamos al otro de todas nuestras penas y no alcanzamos a ver que estamos CONDENANDO EL AMOR. Derramamos toda nuestra ira sobre el cuerpo suave del otro y pegamos duramente como si el hacerlo nos redimiera de nuestras miserias no resueltas.




Mayor amor por dar, mayor exposición , más desgarrante el dolor sobre el cuerpo sensible.

Como flor que se abre al viento y despliega sus pétalos al sol y es amarrada fuertemente por algo ajeno que hiere su integridad.




Y así es como nos preguntamos qué pasa con el mundo, por qué hay desdicha hasta en el más creyente y fiel servidor de Dios. No alcanzamos a ver que negarse a uno mismo es también negarse a Dios , a la vida y a todo lo que tiene para ofrecer.




Negar las pasiones, las emociones, los dolores es desconocerse al punto de actuar desde esa ignorancia con sus terribles consecuencias al otro y a uno mismo.




No podemos parar la enorme pelota de recibir y dar lo mismo hasta en el mismo grado de crueldad , el reconocido ojo por ojo y diente por diente que decimos no ejercer y que, sin embargo, nos encuentra carcomiendo el alma. 




Y a Jesús lo culparon, lo denigraron y mataron por la propia incapacidad del ser humano que no se detuvo ni un momento para mirarse y darse cuenta lo que estaba haciendo.Pero tenía más valor la posición, el callar ante las injusticias por miedo, el destruir al otro por una falsa convicción que lo único que se logró fue matar al mayor emisario que Dios nos envió en Su Nombre y en Su Amor para así  transformarnos,a lo largo de la historia ,  en  los siguientes protagonistas encargados de continuar la triste historia hasta nuestros días.




Sigamos buscando culpables que va a llegar el momento que nos encontremos que no tenemos a quien acusar  y veremos sólo nuestro ser reflejado en el espejo mientras nos vamos dando cuenta  que lo que hicimos fueron espejismos que nos mostró al otro pero que en profundidad nos presentó una realidad ilusoria para que podamos definitivamente vernos a nosotros mismos.