A lo largo de nuestras vidas, conscientes, y en su mayoría insconscientemente, vamos viviendo cada estación de la vida de Jesús como propia. A más de 2000 años y con un contexto social y cultural diferente recreamos con distintos roles lo que vino a decirnos.
Algunas veces somos parte de su vivencia, en otras estamos del otro lado siendo los escribas y sacerdotes que no podían ver y ante el desconocimiento actuaron con sus mayores miserias humanas.
Condenaron al mensajero y no el mensaje, le dieron todas las atribuciones de ser sólo una persona la que vino a decir esas palabras que tanto movilizaron para amarlo u odiarlo.
No poder ver más allá nos centra en lo inmediato, en poner la mirada en quién habla y que habla, y si nos permitimos escuchar, aunque no más sea una pocas palabras y advertimos que nos conmueve, inmediatamente hacemos recaer en el emisor la única responsabilidad que nos indivualiza a tal punto que lo categórico nos consume cada día más.
Si Jesús sintió decir y proclamar lo que valientemente dijo.... cómo podemos entender que haya llegado a su crucifixión con el lamento del abandono?
Si sus palabras no sólo venían de El , cómo quedó tan solo , condenado y asesinado? Dónde podemos ver la intervención de Dios?
En la seguridad que Jesús mismo puedo adquirir, en su inquebrantable postura de saber lo que hacía y decía aún en las peores circunstancias. Sabemos que con nuestra naturaleza humana no vamos a poder elevarnos permanentemente del dolor, de las injusticias, pero sí podemos hacer, crear y recrear el templo de Dios en uno mismo, con todas las virtudes que consagran su existencia , con el valor de saber que lo que llegue de afuera no va a quebrar ni alterar el interior que tanto costó forjarnos.
Porque ahí no hubo ayuda necesaria para armarlo, tuvimos que componer cada una de sus piezas con nuestro sudor, dolor, sufrimiento y fortalecernos en nuestro propio interior es aceptar la devaluación de lo externo y la esencia de lo interno.
Y la Redención de Jesús no fue la salvación de su propia muerte física, sino la templanza que adquirió aún cuando por momentos no entendió pero que no le impidió seguir su camino signado por Dios y su propia sustancia interior.
Dejar morir cada aspecto limitado de nuestro ser para dar paso a la sabiduría de Dios. Desprendernos hasta de lo más amado para recibir lo mismo pero aún más purificado, elevar el desconocimiento para fortalecernos y no debilitarnos.
No somos débiles ni indignos , nos hicieron creer que no podemos con nosotros solos y que necesitamos depositar nuestras fuerzas en el eterno Dios de afuera que nos salvará.
Buscamos y hubiésemos preferido que el cielo se pusiera negro y bajase un Dios Omnipotente que rescatase de la cruz a Jesús y le permitiera seguir su vida terrenal porque necesitamos seguir teniendo respuestas en este plano, queremos darle una explicación a todo, pero viendo con nuestros sentidos humanos y debilitando nuestro aspecto espiritual que nos habla permanentemente y nos cuesta mucho escuchar.
La venida de Jesús fue el referente que Dios nos dio y sigue dando a muchos años de su aparición humana. Y si podemos definitivamente soltar nuestros apegos y creencias que distan mucho del sutil mensaje que vino a darnos es probable de dejemos de sentirnos que nuestro paso por la vida es sólo es circunstancial.
Sigamos condenando al mensajero que lo único que lograremos es crucificar la persona porque la palabra , aunque nos pese, seguirá viva por generaciones por El y en El.....
