El camino de Jesús

Jesús conocía su Misión y el amor lo llevó a confiar, entregarse, observar y sentir que, como sea y a pesar de las apariencias, todo estaba en su lugar.



Con tanta capacidad de amar y de ayudar al prójimo, no podía concebir que su historia tuviese un rumbo impredecible para su razonamiento.

Y aún cuando cada acontecimiento se embebía de matices oscuros, siguió  confiando a la espera de esa luz que pudiese seguir guiando su camino.

Pero nada pasaba, nadie lo venia a salvar, ni podía impedir lo que estaba sucediendo, ni siquiera sus discípulos.

La espera del milagro porque la conciencia masiva pudiera enfocarse para la paz, fue tan larga como ilusoria, pero su inquebrantable  fe y esperanza no le permitía dejar de ver con Sus Ojos.

Pero lo apresaron, lo tomaron prisionero de la burla, la desdicha ajena y la inconsciencia.
Y lo que parecía que nunca sucedería llegó inexorablemente, y el fluir del amor que venía sintiendo, se transformó en el fluir del dolor .

Ya no quedaba mucha capacidad para la comprensión, sólo se veía la furia injustificada de las personas que ni siquiera lo conocían y lo condenaban sólo por vivir y ser libre. Pero El tenía que ser el instrumento de Dios, el alma piadosa que generaría el cambio hacia una nueva conciencia, la apertura de todos aquellos que deseasen escuchar . Aquellos espíritus valientes y sedientos de la verdad que no se conformasen con lo estipulado por las masas tenían la oportunidad de una nueva mirada que los hiciera verdaderamente libres.

La aceptación, aún de las peores circunstancias, fue la lucha permanente que vivió para no desfallecer desde el alma. El cuerpo ya estaba pereciendo, pero su espíritu necesitó seguir sintiéndose liviano del yugo de las traiciones, negaciones y crueldades.

Por qué llegar al extremo, por qué la muerte, por qué la aniquilación como ser humano? Cuál había sido su culpa, sólo ser diferente?

Algo justificaba la muerte y su calvario, el dolor emocional hecho sangre. Cuál fue el regocijo de los que lo miraban sin piedad?

Jesús nos refleja permanentemente e ir viendo sus caídas, sus estaciones, es darnos cuenta que existe el mismo efecto en todos, cambiando solamente las circunstancias. Y así como tenemos un denominador común que es el amor, también tenemos el dolor, pero preferimos no unirnos ni siquiera en ese dolor y seguimos peleando por quién fue Jesús y que vino a hacer.

Cómo hubiésemos podido reflejarnos en El si no moría? Qué triunfo hubiese sido una fuerza poderosa que pudiera salvarlo si las personas de igual modo no  hubieran cambiado?
Jesús vino a dejarnos el legado de las similitudes en esencia, pero individualidades en el transitar. Lo que vino, luego de su muerte, es la interpretación que cada uno de nosotros haremos del significado de su venida, y si la muerte física es la derrota sufrida por El, habrá que vivenciar el propio sendero para saber si es así tan categórico.

Damos indicios, ayudamos, miramos sutilmente pero nadie puede hacer el camino por nosotros, y es por eso que la Unica Verdad está en el interior de cada ser humano que puede sentir y vibrar en concordancia con Su Dios. Querer unificar verdades es la eterna lucha de divisiones de los seres humanos o las generaciones de grupos sectarios que pugnan por el poder.

De igual modo, no venimos a cambiar el mundo sino a amarlo,  y a ser el fiel reflejo de aquellos que lucharon por el amor de Dios en la Tierra, aún cuando el desgarrante dolor emocional por el desconocimiento nos lleve a mostrar nuestras peores sombras.