Tiranías de las creencias


Si miramos y podemos observar detenidamente sin ninguna emoción que influya en la percepción podemos advertir el innecesario daño que vamos expresando con nuestras actitudes y pensamientos.

Caratulamos de esta manera el bien y el mal, la bondad con la mayor tiranía y nos preguntamos si nacemos de esa determinada manera, buscando explicaciones de por qué algunas personas actuamos de esa forma u otra. 

Crecer y madurar nos implicó tener que tomar algunas creencias que nos llegó desde temprana edad o que adquirimos por ser lo que mejor se adecuaba a nuestra visión de vida.
Ser diferentes con distintos entornos y contextos sociales, culturales y afectivos nos implicó estar insertos en el mismo medio con pensamientos e ideales que difieren y que , si no llegamos a comprender, nos separa cada vez más a uno con otros.

Lo que para una persona puede ser la mayor crueldad para la otra puede resultar ser lo mejor que pudo hacer y lo que le permitió hacer su  creencia arraigada desde hace mucho tiempo.

No dañamos por satisfacción sino por desconocimiento, ni vamos atropellándonos porque gocemos con el dolor ajeno sino porque creemos que es lo más conveniente para defendernos de lo que puede hacernos sufrir y por instinto de supervivencia nuestras reacciones van a ser el protegernos por miedo a lo que suceda.

Si la realidad se nos presenta de esta manera y no tenemos manera de revertirlo tendríamos que ver que podemos hacer para que no nos perjudique al punto de desgarrarnos interiormente por la actitudes inapropiadas de los demás.

Si logramos concordar en los principios básicos del buen vivir tendríamos que advertir qué actitud tomamos ante lo que nos involucra más personalmente.
Hay algo que podamos hacer? Comprender, sólo comprender y de esa forma estaremos elevándonos del suceso doloroso.

Manteniendo calma con nuestras emociones , entendiendo cuál es el motivo que provoca la reacción de cada una de ellas podemos utilizar la mente que al principio nos alejó de lo sutilmente sensible para que, acompañando a la emoción pueda vislumbrar una manera diferente de interpretar los acontecimientos.

Las personas actuamos acorde a nuestras creencias y no hay maldad en eso, sólo el  desconocimiento por ambas partes que generan la discordancia y fricción.

Nada por negar sino por comprender, analizar y dejar fluir. Entregar, amar, mirar piadosamente lo que nos daña para resignificarlo y por qué no cambiar la visión cerrada que tenemos del mismo. Contemplar con Sus Ojos, para luego elevarlo y trascenderlo...amarlo como lo más preciado y dejarlo ir....quizás el día de mañana vuelva con esa nueva conciencia que vamos adquiriendo con la esencia de nuestra alma y podamos darle el abrazo más grande que permitirá dejar atrás lo que una vez nos desmoronó para dar paso a una nueva forma de amar: El amor de Dios en todas las esferas y en todo lo que nos rodea...