Judas, Pedro y Jesús: analogías con nuestras vidas

Cuando tenemos inquietudes y estamos en búsqueda de comprender la historia, nos remontamos más de 2000 años en la historia, observamos analíticamente la vida de Jesús y como quien sólo puede leer los sucesos, seguimos siendo espectadores de episodios aislados que únicamente nos pertenecen como opción a creencias.



Buscamos poner los grandes personajes como Judas y Pedro en una situación totalmente expuesta para nuestras críticas y olvidamos hacer analogías con nuestras propias vidas. Nos ponemos la bandera de creyentes , dirigimos a los "descarriados" y lo que menos hacemos es vernos a nosotros mismos en los accionares cotidianos. Nos enorgullecemos de tener tanto poder de Dios y perdonamos en Su Nombre.




Hacemos bandos entre los "Judas" y "el Mesías" , descalificamos la traición, condenamos el miedo, atribuimos locura a lo que no nos gusta y seguimos el ejemplo de Jesús como si El hubiera enjuiciado a Pedro o a sus mismos jueces.




Una historia que analizamos y que no nos detenemos a mirar el presente con nosotros dentro de él. Creemos que porque somos enviados de Dios estamos libres de lo que hagamos porque contamos con el aval de El o el perdón inmediato por nuestra Misión de evangelizar.




Judas traicionó a Jesús, lo amó y sin embargo lo entregó, pero nosotros estamos lejos de hacerlo!! A Jesús no, en todo caso al de al lado ..pero por un Bien Mayor !!




La tentación del poder, de tomar en nuestras manos la justicia del hombre para poner todas nuestras incapacidades y lo que creemos que tiene que ir en ese lugar.

Judas amó Sus Palabras pero no las entendió y esa ignorancia lo llevó a actuar creyendo que El haría su participación a nivel humano.




Pedro admiró, siguió y fue tras la redención, pero las emociones lo entorpecieron de tal manera que lo negó.El miedo lo paralizó y sólo pudo ver como lo enjuiciaron, lo condenaron y lo mataron. Fue inconscientemente quien consintió lo sucedido porque su terror no le permitió ver ya que sus capacidades se anularon  y lo llevaron a comportarse como uno más con su silencio.




Si queremos hacer una analogía con nuestras vidas, sólo llegamos a captar la historia como ejemplo de deberes que no somos capaces de sustentar y seguimos sin darnos cuenta cuántas veces somos Judas o Pedro.




Jesús murió, lo condenaron y lo expusieron con la muerte más  cruel física y emocional, pero Su Alma quedó entre nosotros  y desde lo Alto observa el juego de competencia que hacemos para entender qué quiso decirnos con Sus Palabras. La lucha de poder que los fariseos y sacerdotes hicieron en su época hoy la hacemos nosotros creyendo que somos los fieles discípulos seguidores de Su Vida.




Nadie condenó a quienes mataron a Jesús porque consintieron, hablaron o actuaron, pero no pudieron evitar encontrarse con ellos mismos y la fuerza poderosa capaz de no entablar conflictos sino observar sigilosamente a la espera de hacer su participación. No vino un Dios de afuera que los lleve a lo más denso, ni los apresaron ni le llegaron maldiciones, sólo se encontraron con la Esencia del Alma de Dios en su interior y de ahí, por más escape que  desearon fue imposible que  puedan evadirse .




Nosotros con nosotros mismos, frente a frente y entre  nosotros un Dios  que espera la culminación del desconocimiento de no saber ni quienes somos.

Reconocimiento, amor, entrega Dios...