Uno de los interrogantes que siempre tuve en mi interior, con muchas dudas algunas veces, otras con certezas pero nunca con firmeza en mi SER es lo relacionado a la muerte de Jesús,
Una y otra vez pensé y analicé por qué su muerte física y si bien la religión da muchas explicaciones al respecto ninguna satisfizo mis ansias de saber desde mi propia sabiduría interior dada por Dios.
Lo que vivió y vio Jesús en su trayecto fueron series de normas, reglas y lugares acotados de creencias religiosas y, en contraposición a esas creencias, su venida se transformó en el cambio que los sacerdotes , romanos y fariseos no deseaban por considerar que ese renovación vendría desde el poder de los hombres y no de Dios. Pensar sólo por un momento que perderían su grandeza de supremacía si permitían que un señor llamado el Mesías venga a descompaginar lo que creyeron que estaba en su lugar correcto, los llevó a defender como sea lo que ya estaba armado y estipulado .
Lo desconocido genera temor, y la resistencia a lo nuevo es lo que puso a Jesús entre los revolucionarios más grandes de la historia de la humanidad. Pero desde su visión, su simpleza de corazón que no limitaba el amor ni lo reducía a ciertas creencias estrictas tuvo que dejar su vida al no poder revertir lo que sucedía y hacer su propia elección que lo llevó inexorablemente a la cruz.
Estar insertos en una sociedad y cultura que impone sus cánones obliga a una aceptación si queremos seguir relacionados armónicamente con los demás ,y no aceptar la hipocresía y las palabras bellas sin contenidos conlleva a un aluvión de resistencias inamovibles que sentencian sólo por ser diferentes.
Y el libre albedrío es lo que nos posicionará en una postura u otra sabiendo las ventajas y desventajas humanas para una vida tranquila y armónica.
Ir con las masas acatando las voces de unos pocos que dicen tener la verdad absoluta de la existencia del hombre y su relación con Dios asegura una transitar sin sobresaltos ni sorpresas evidentes pero no sumarse a lo que el alma misma suplica no ingresar implica el tener el conocimiento de que es muy probable que corramos el riesgo de perder la vida con nuestro sentimiento intenso y profundo que no quiere lazos ni ataduras a su naturaleza libre.
Jesús murió por ser diferente, y por su fidelidad a su Dios Interno aún cuando sabía que no iba a ser escuchado por quienes no querían ver lo diferente. Tuvo la libertad de elegir la aceptación del hombre o la aceptación de Dios y la nobleza a su esencia del alma divina fue condenada por los hombres hasta llevarlo a la muerte.
Hoy, a más de 2000 años de ese acontecimiento , estamos con diferencias culturales, religiosas y sociales pero con la misma situación de dualidad ficticio que hace que tengamos que elegir entre las reglas de los hombres y la delicada voz del alma que susurra palabras de Dios.
Y podemos optar por sumarnos a las masas y congregaciones aunque no estemos convencidos de las creencias o podemos ser fieles a nosotros mismos y perder la vida como lo hizo Jesús.
Y esa emblemática manera de morir fue la entrega que hizo Jesús para que veamos, para que comprendamos que no acatar puede ser sinónimo de exclusión , soledad y muerte simbólica que nos recuerda Sus Pasos. Sin embargo, la diferencia, la enorme maravilla de ese mensajero tan valiente que puso su vida para que podemos verlo, fue la conciencia que nos dejó como legado para que comprendamos que su muerte no encierra dolor sino la redención de saber que no hay paz externa que pueda lograrse que nos traiga la belleza del amor interno cuando Dios nos susurra delicadamente al oído y nos dice: NO TEMÁS, ESTOY CONTIGO..