Acorde a nuestra crianza, formación, experiencias y vivencias , el soltar la vida tendrá un significado u otro pero, de igual modo, será un denominador común asociado a dejar de tener lo que hasta el momento nos pertenece en el mundo de la forma.
Si tomamos y nos hacemos poseedores de lo que creemos que es de nuestro derecho es probable que, aunque no queramos , vivamos la fricción de desgarro y miedo que significa la posibilidad de perderlo.
Es así como vamos por la vida tensos, atentos a que nada se escape y ante la mínima sospecha de amenaza , armemos el ego con todos sus poderes para defender lo que es nuestro.
Si vamos un poco más allá y no enmarcamos en un contexto más espiritual y nos preguntamos que quiso decir Jesús con "Quien quiera salvar su propia vida la perderá, pero quien la pierde por mí la salvará"
nos encontremos con una encrucijada ambigua que nos desconcierta.
Sin embargo, si intentamos entender en términos etéreos lo que implica dejar la vida , nos encontraremos más con una ayuda a nuestro bienestar que con una tiranía.
El perder nos hace más sabios porque aprenderemos a vivir con menos de lo que teníamos y estaremos más distendidos evitando la tensión que deviene del no soltar y defender lo propio.
No obstante, sin discriminar ni sentenciar lo placentero comprenderemos que podemos ser felices sin nada porque asociaremos ese estado con el total desprendimiento y libertad de no temer dejar algo por el camino.
Y si vamos a la vida misma y enfrentamos el amor por ella con el perderla veremos que no hay antagonismo sino concordancia quizás paradójica de poseer todo sin necesidad de tener atado el deseo.
Entonces, nos preguntamos dentro de la entramada compleja de los términos, a que tenemos que renunciar al dejar la vida para percatarnos que a lo que se desistir es a la forma que lo único que nos trae son las limitaciones que nosotros mismos le imponemos al encuadrarlo de una manera determinada.
Quizás aún no sepamos con que nos encontraremos cuando definitivamente soltemos pero sí podemos saber qué tenemos cuando no soltamos y corremos el riesgo de la pérdida.
Con la sabiduría del alma, aunque aún no comprendamos en profundidad , podremos tal vez no tener nada pero sí seremos libres de la condición de formas que nos atan al imponer desde nuestro ego cómo deben ser los acontecimientos y que formas deben tener.
No se trata de entregar a una fuerza desconocida lo que nos pertenece desde el nacimiento, sino darle la posibilidad a la faceta sabia de la esencia del alma que tomará el rumbo adecuado para permanecer en la paz y el amor que necesitamos para volver a Casa.
