"Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae."
Cuando hablamos del Reino, más allá de toda creencia y religión, mayormente nos imaginamos un Tesoro en el Cielo donde sólo los "buenos" pueden entrar.
Sin embargo no hace falta ir tan lejos para entender el concepto de división que encierra las separaciones con quien tenemos al lado que, como nosotros, conforma una única Morada Unica de Dios. Pensamientos distintos, un ego marcado, y confrontaciones inútiles para salir airoso de las situaciones y enorgullecer la personalidad en pos de banderas de victoria.
Pero si continuamos observando aún más cerca, encontramos una división todavía más marcada que, si no es atendida a tiempo, puede generar el mayor caos: la separación en nosotros mismos.
El cuerpo por un lado, la mente juiciosa e impulsiva por el otro, y el alma, a la espera del silencio para comunicarse desde su esencia divina de Sabiduría.
La necesaria educación y formación del yo, nos devastó a tal punto que la unidad que tuvimos de pequeños, se comenzó a desfragmentar al primer fracaso de lo que esperábamos.
Fuimos perdiendo la inocente manera de mirar la vida, y a pesar de las caídas que fuimos teniendo , nos levantamos y fuimos por la misma senda para probar el mismo acontecimiento desolador.
Acatamos ordenes o formamos rebeliones inútiles, y de esa manera plasmamos el interior en el afuera que nos reflejó el movimiento interno con tantas sacudidas que hizo evidente la resistencia que batalló contra la paz del alma.
En muchas ocasiones, los pensamientos no se corresponden con el sentimiento, y aunque creamos que tenemos todo bajo control, la crisis de la separación interior en algún instante hace la explosión desvirtuándonos lo que somos en esencia.
Sin mucha fuerzas por continuar, caemos, desfallecemos, lloramos, y entregamos nuestro propio fraude a un Ser Superior que como está en todos lados, hace su aparición a través del alma misma para consolar su otra faceta de desconocimiento y susurrar desde el amor y la condescendencia. Y cuando la mente puede, ya sin miedos ni arremetiendo, plasmarse con el alma , aparece la Unión del Reino en el interior para ser vivido como el milagro de la vida misma que nos enseña a educarnos desde el amor y no las imposiciones.
Y así, la Unión en cada uno de nosotros lleva a la Unión de TODOS para iluminar las almas que están en su propia búsqueda de unidad como seres humanos.
En el silencio las partes fluyen naturalmente y suavemente encastra las piezas que estaban disgregadas de menor a mayor y de un granito de arena a un Universo entero...
En el silencio las partes fluyen naturalmente y suavemente encastra las piezas que estaban disgregadas de menor a mayor y de un granito de arena a un Universo entero...
