Dentro de la compleja trama de la vida, fuimos saltando cada
obstáculo con mucha entereza, desbordados de tanto esfuerzo y sabiendo que cada
actuación no necesariamente significaría el fin del proceso, pero lo que
imprevistamente apareció sin esperarlo y como develando una nueva
dificultad, es lo que forma parte de nuestra naturaleza humana y
que, sin embargo, escapa a nuestra intervención: el inconsciente.
Si partimos por entender someramente que dentro de nuestra
estructura psicológica existen diferentes estadíos y estratos del ser,
diferenciados desde la toma consciente de decisiones y lo que no está en
nuestras posibilidades controlar , es indudable que, como sea,
requerimos hacer vuelta atrás para observar que quedó en el camino que no
permite la manifestación plena del Ser Interior.
Tal vez sea necesario tener que remontarnos nuevamente a
nuestro pasado para advertir desde el consciente, cuáles fueron los episodios
que vivimos fluyendo naturalmente y cuáles dejaron cierta sensación amarga de
estancamiento con resabios involuntarios que no encontraron la luz para
ser sanados.
Los mecanismos que podemos utilizar que están a nuestro
alcance no siempre terminan por decantar los eventos que indudablemente marcó
algo significativo para el interior pero que quedó paralizado en ese instante,
y el parámetro con el cuál nos encontramos en el presente, nos advierte de una
resistencia desconocida que necesita revisión cuando alcanzamos a sentir
las manifestaciones y somatizaciones a través del cuerpo o la mente
generando síntomas alertadores.
Aquí nos encontramos en el punto donde no sólo tuvimos que
conciliar cuerpo , mente y espíritu sino que también tenemos que integrar
nuestra psiquis con su complejo funcionamiento psicológico. Si no oponemos
barreras , el dejar fluir en el ahora lo que tenemos dentro nos aliviará
al expresarnos a través de las emociones, pero aquellos
sentimientos que no sabemos bien donde se alojaron pero que se comunican
con señales diversas, requerirán de atención y un especial énfasis para
traerlos a la realidad objetiva, sanarlos y dejarlos ir definitivamente.
Quizás sería propicio partir por comprender que venimos
cargando con una programación desde muy pequeños que nos indica y distingue lo
bueno de lo malo, lo lindo y lo feo, lo útil e inútil y los sin sentidos con
los méritos forzados.
Aprender a vivir de una manera diferente y a
sobrevivir dentro del mundo en cuál estamos insertos, nos exige tanto de
nosotros mismos desde el adentro como del afuera, que muchas veces
actuamos sin pensar y otras pensamos sin sentir.
El conjunto de emociones que supimos manifestar apenas
llegamos a la vida, con el tiempo nos fue formando para poder vernos reflejados
en los maestros de la vida que nos fueron dando lecciones de moralidad y el
buen vivir. Acorde a lo que captamos habremos hecho el camino posterior y lo
que no podemos remover al presente quizás tenga relación con que aún no pudimos
desandar el camino que nos armó de juicios y distinciones.
Las muertes simbólicas nos fue marcando el fin de los
sucesos conscientes y algunos inconscientes, pero la purificación plena de
tantos años de programación quizás necesite más tiempo para su desarraigo
total.
Puede ser que sintamos que otra barrera más con el cansancio
acumulado, se transforme en el agobio que ya no queremos tener, pero si podemos
tomar como trascendente que pudimos captar que existe un inconsciente que nos
marca las resistencias estaremos un paso adelante tan sólo con el
reconocimiento de la funcionalidad humana.
Ante lo que vemos y ante lo que no vemos dejar fluir , para
los que no creen permitir que la vida haga su proceso natural de decantación y
para los que creemos, recostarnos en el amor de Dios y en Su Sabiduría
esperando que haga la última actuación en nuestro nombre.
