"Te digo, Pedro: no cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces."

Dentro de la compleja trama de la vida, fuimos saltando cada obstáculo con mucha entereza, desbordados de tanto esfuerzo y sabiendo que cada actuación no necesariamente significaría el fin del proceso, pero lo que imprevistamente apareció sin esperarlo y como develando una nueva  dificultad, es lo que  forma parte de nuestra naturaleza humana y que, sin embargo,  escapa a nuestra intervención: el inconsciente.

Si partimos por entender someramente que dentro de nuestra estructura psicológica existen diferentes estadíos y estratos  del ser, diferenciados desde la toma consciente de decisiones y lo que no está en nuestras posibilidades controlar ,  es indudable que, como sea,  requerimos hacer vuelta atrás para observar que quedó en el camino que no permite la manifestación plena del Ser Interior.

Tal vez sea necesario tener que remontarnos nuevamente a nuestro pasado para advertir desde el consciente, cuáles fueron los episodios que vivimos fluyendo naturalmente y cuáles dejaron cierta sensación amarga de estancamiento con resabios involuntarios  que no encontraron la luz para ser sanados.

Los mecanismos que podemos utilizar que están a nuestro alcance no siempre terminan por decantar los eventos que indudablemente marcó algo significativo para el interior pero que quedó paralizado en ese instante, y el parámetro con el cuál nos encontramos en el presente, nos advierte de una resistencia desconocida  que necesita revisión cuando alcanzamos a sentir las manifestaciones y somatizaciones a  través del cuerpo o la mente generando síntomas alertadores.

Aquí nos encontramos en el punto donde no sólo tuvimos que conciliar cuerpo , mente y espíritu sino que también tenemos que integrar nuestra psiquis con su complejo funcionamiento psicológico. Si no oponemos barreras , el dejar fluir en el ahora lo que tenemos dentro  nos aliviará al expresarnos a través de las emociones,  pero aquellos  sentimientos que no sabemos bien donde se alojaron pero que se comunican  con señales diversas, requerirán de atención y un especial énfasis para traerlos a la realidad objetiva, sanarlos  y dejarlos ir definitivamente.


Quizás sería propicio partir por comprender que venimos cargando con una programación desde muy pequeños que nos indica y distingue lo bueno de lo malo, lo lindo y lo feo, lo útil e inútil y los sin sentidos con los méritos forzados.

Aprender a vivir de una manera diferente y  a sobrevivir  dentro del mundo en cuál estamos insertos, nos exige tanto de nosotros mismos  desde el adentro como del afuera, que  muchas veces actuamos sin pensar y otras pensamos sin sentir.

El conjunto de emociones que supimos manifestar apenas llegamos a la vida, con el tiempo nos fue formando para poder vernos reflejados en los maestros de la vida que nos fueron dando lecciones de moralidad y el buen vivir. Acorde a lo que captamos habremos hecho el camino posterior y lo que no podemos remover al presente quizás tenga relación con que aún no pudimos desandar el camino que nos armó de juicios y distinciones. 

Las muertes simbólicas nos fue marcando el fin de los sucesos conscientes y algunos inconscientes, pero la purificación plena de tantos años de programación quizás necesite más tiempo para su desarraigo total.

Puede ser que sintamos que otra barrera más con el cansancio acumulado, se transforme en el agobio que ya no queremos tener, pero si podemos tomar como trascendente que pudimos captar que existe un inconsciente que nos marca las resistencias  estaremos un paso adelante tan sólo con el reconocimiento de la funcionalidad humana. 

Ante lo que vemos y ante lo que no vemos dejar fluir , para los que no creen permitir que la vida haga su proceso natural de decantación y para los que creemos, recostarnos en el amor de Dios y en Su Sabiduría esperando que haga la última actuación en nuestro nombre.